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Revista de las Artes Escénicas
Artez 100. Agosto 2005
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    La número cien

    Octavio Arbeláez

     

    Asistimos, con asombro, al milagro de una publicación periódica que llega a su número cien, y si al número mágico se suma el que es una revista dedicada a la cultura, y a su vez especializada en Artes Escénicas, ya podrían pensarse en nuevas formas de la fe.
    Son las revistas uno de los últimos reductos de la prensa en los que puede generarse al mismo tiempo pensamiento y periodismo integral. Antonio Gramsci lo definía como un periodismo que no sólo trata de satisfacer las necesidades de su público, sino que se esfuerza por crear y desarrollar esas necesidades y estimular, en un cierto sentido, a sus lectores, y aumentar su número progresivamente. Para ello, debe existir como punto de partida un núcleo cultural con un discurso común, vinculados a la pasión por la creación. Sobre esa agrupación una revista puede apoyarse para construir un edificio cultural completo que, en el caso de Artez, pueda afrontar toda suerte de situaciones y mantenerse coherentemente en su andadura.
    Vivimos en el territorio del vértigo, en que lo científico y lo tecnológico, se ha convertido en un referente fundamental, hasta el punto de asistir a más innovaciones tecnológicas que en toda la historia precedente. Por ello, la apropiación de los nuevos medios y su vinculación a esos espacios para la imaginación, la creación, el placer estético, la reflexión, la crítica y la memoria, siempre han tenido como protagonista al ser humano.
    Las revistas, aparte de posibilitar la transmisión y circulación de ideas estéticas, de ser vehículos de promoción y consolidación de grupos culturales, de exploración, innovación y trasgresión, han concretizado la acción de quienes creen en la movilidad de estos, un logro-desarrollo compartido.
    En la actualidad, a las revistas culturales, no sólo se les pide ser espacios de libre expresión, también se les reclama ser punto de encuentro que brinde una permanente lectura-reflexión-crítica, frente a una sociedad pragmática, hedonista y utilitaria, cuyos valores de vida sólo son: competir, producir, consumir, acumular.
    La Artes Escénicas además de ser expresión humana, cumplen "funciones" dentro de nuestra cultura. La función ideológica, la pedagógica, la poética y la social, implican una permanente reconceptualización de las formas de ver y conocer la vida. De aquí que las revistas comprometidas con su tiempo deban procurar ser un instrumento de crítica, ser el vehículo coyuntural entre el intelectual y sus lectores, ser un medio de comunicación de conciencia, ser un cuestionador de determinismos y un propositor de identidad.
    Así, las revistas abren caminos y tienden puentes para la verdad, son sitios que concilian la amplitud de criterios, la apertura a distintas corrientes ideológicas, como medios de conocimiento, análisis y degustación literaria de y para la sociedad.
    "El crítico -dice Tayne- debe desconfiar de los nombres célebres, de las grandes palabras, del entusiasmo; no debe tomar las aspiraciones y las exigencias de nuestra sensibilidad como pruebas y certidumbres, debe descomponer las leyes de la óptica moral, debe estar muy prevenido contra las ilusiones de la palabra, contra los dogmas de la opinión, contra los delirios de la admiración, contra los compromisos del partido; debe investigar y marcar los puntos débiles en una época, en una nación, en un hombre, en sí mismo."
    El esfuerzo de una revista independiente, por sobrevivir en este momento y en el pasado, es en verdad titánico, el gran reto, de no dejarse disolver en la dura escalada de mantener la periodicidad, es una proeza de recurrencia permanente.
    Durar, o tal vez vivir, con la vida propia y autónoma que adquiere la letra impresa. Yo diría que alcanzar este destino es la aspiración más grande de todas las revistas que existen en el mundo, tanto las que se hacen para las peluquerías, como las que se hacen para los intelectuales engominados o contraculturales: durar más que un periódico, lograr que la gente no las bote a la basura al día siguiente. Decir cosas importantes o más divertidas o más emocionantes que los otros medios que atiborran las estanterías de los kioscos con sus ofertas de gafas y chanclas para el verano, es un reto cotidiano.
    Por eso, mientras tarareo bajito un antiguo bolero cubano que habla de la numero cien, pienso en este medio que generosamente ha querido incluir estas disgresiones desde la otra orilla que han querido dar cuenta de algunos trazos limitados del quehacer escénico de este continente de siete colores, y agradezco que exista, que la tozudez de un equipo que cierra filas alrededor de un proyecto tan vital como este permita su continuidad en el tiempo y en el espacio rebasando cualquier escollo y que circule por América Latina incorporando visiones de la vida inteligente de nuestros artistas y creadores.
    Desde este rincón de la revista, estos grafos levantan su copa y dicen salud, por la número cien!!

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