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l´ombra de robrenyo
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La 29 edición del Grec Festival
Después
de los fastos y todos los excesos del Fòrum de les Cultures
2004, en donde esta entidad acabó fagocitando el Festival
Grec, había una gran expectación para saber qué
pasaba este año. La programación se ha redimensionado
y aunque la opinión general suele tender a afirmar que en
esta edición del Grec se ha optado por una solución
de puro trámite, pensamos que este evento ha acabado teniendo
una coherencia y una entidad muy considerables.
Es bueno, muy bueno, haber reducido el número de espectáculos.
Al ser la oferta mucho menor que en otros años los ha hecho
más accesibles. Este año, si uno tenía aguante
ha podido ver todos los espectáculos de teatro y danza. Incluso
se podía asistir a algún concierto.
La elección de las propuestas ha sido sensata, equilibrada
y acertada. Hemos podido ver dos espectáculos de una extraordinaria
calidad que daban información sobre dos de los más
grandes creadores europeos de este momento: Krystian Lupa y Christoph
Marthaler. Dos directores de los que si no andamos equivocados sólo
habíamos visto en Barcelona un trabajo de cada uno de ellos.
Lupa presentó un espectáculo adulto, de una densidad
admirable, con un ensemble el del Stary de Cracovia
compacto, sin vedetismos de ningún tipo, con unos actores
para los que el hecho de actuar es un acto absoluto de amor a su
profesión, a la grandeza que su profesión puede alcanzar
cuando personas como ellos la sirven. Actores que no tenían
inconveniente ninguno en estar en un escenario nueve horas y media.
Dos días daban la obra seguida y otros dos mitad y mitad.
¿Cuántos actores de nuestras latitudes estarían
dispuestos a estar tantas horas encerrados en un teatro? Els germans
Karamazov de Fyodor Dostojevski, sabiamente adaptado por Lupa, nos
enfrentaba a lo que es la última esencia del teatro: la expresión
de un pensamiento filosófico en segundo grado. En ningún
momento la adaptación era una reducción (como dicen
los italianos) de la novela, muy al contrario: mantenía en
todo momento el alto nivel intelectual del original dostojevskiano.
Marthaler nos presentaba una operación intelectual antitética.
Partiendo de diez piezas de teatro popular, aquí las llamaríamos
sainetes, de Raffaele Viviani, Marthaler conseguía crear
la imagen por excelencia de la mediterraneidad, a través
de ese universo que es la ciudad de Nápoles. Nápoles
vista desde la óptica de un gran napolitano, Viviani, seguidor
de Pasquale Altaviglia y contemporáneo de Eduardo de Filippo,
pero también vista desde la imagen que los alemanes han creado
de Italia desde Goethe, imagen falsa, claro está, pero que
ha creado escuela, como es sabido. Los actores eran los de la Volksbühne
am Rosa-Luxemburg-Platz, teatro mítico del periodo de entreguerras.
Ahora ha vuelto a recuperar la grandeza de aquellos años.
Los grandes comediantes poseían una preparación y
una gran ductilidad. Cantaban, bailaban, tocaban varios instrumentos,
eran actores casi totales. También su trabajo era un acto
de amor a la profesión.
Luego pudimos ver como se preparan los actores, estos sí
totales, de la Escuela de Ópera de Pekín. Con este
trabajo se continuaba el espíritu de diálogo con los
teatros de más allá de los mares que el Fòrum
abrió. Escasa presencia pero determinante, como también
lo fue el trabajo Eraritjaritjaka del originalísimo creador
Heiner Goebbels. Un prodigio de posibilidades técnicas de
todo tipo puestas al servicio de una narrativa escénica muy
renovadora. El juego con los espacios al que nos enfrentó
Goebbels nos resultó fascinante.
Entre los espectáculos catalanes cabe destacar Amor, Fe,
Esperança de Ödön von Horváth en una arriesgada
y muy lograda «lectura» de Carlota Subirós, sin
duda alguna el mejor de sus trabajos. Se agradeció que Xicu
Masó en el espectáculo de la inauguración nos
diera un Shakespeare, Al vostre gust, en su totalidad, pero pensamos
que no se debe reducir nunca el magnífico espacio del Grec
al espacio de un teatro italiano habitual y de estrechas dimensiones.
Celebració (Festen) presentado por la Cia. Teatre Romea nos
pareció un espectáculo sucursalista, al repetir un
trabajo que ha tenido éxito en Europa. Con todo se agradeció
reencontrar el nivel de adultez que el film original de Thomas Vinterberg
tiene y que la adaptación teatral mantiene con bastante fuerza.
Importante, al menos para nosotros, La controversia de Valladolid,
de Jean- Claude Carrière en donde se recupera la figura de
Bartolomé de las Casas. Carles Alfaro ha hecho un trabajo
vibrante y ha contado con actores de nivel.
Y aun la agradable sorpresa de La pell un flames de Guillem Clua,
excesivamente recortada, reducida en su gran riesgo narrativo y
con final inaceptablemente cambiado por Carme Portaceli. No quisiéramos
olvidar, asimismo, Animales nocturnos, de Juan Mayorga, interesante
de planteamiento pero también con un final dudoso por parte
de su directora que llevaba a que el texto perdiera su posible aliento
trágico.
Y aun habrá más propuestas, pero pensamos que el Grec
2005, con lo que llevamos visto, ha sido una muy interesante y acabada
aportación a nuestro verano barcelonés.
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