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El teatro andaluz se viste de clásico
Quizás
sea una simplificación muy propia del cronista, pero de la
edición de este 2005 de Palma del Río se puede sacar
una sensación que, al menos estadísticamente, se sostiene
argumentalmente: el teatro andaluz se entiende muy bien con los
clásicos. Vean, dos obras de Valle Inclán, otra inspirada
en García Lorca, una Medea, un Shakespeare, un Stevenson,
Samuel Beckett, Lewis Carroll y Mozart. Esta es parte de la realidad,
porque en la mayoría de las ocasiones hay una relectura,
pero es un síntoma, frente a estas aproximaciones a los soportes
de los clásicos, las creaciones puras, las que salen desde
la idea hasta el montaje de los propios creadores andaluces con
sus inspiraciones conscientes o subconscientes.
Lorca y Valle
La Cuadra de Sevilla vuelve a Lorca, lo hace con una versión
de Yerma que Salvador Távora la subvierte convirtiéndola
en una madre que pare nada menos que la Libertad. Yerma-Mater es
un trabajo que recurre a las líneas más significativas
de la trayectoria de esta compañía, con todos sus
elementos, sus registros geométricos, sus aliteraciones,
sus condensaciones de escenas en cantes, con el baile como expresión
genuina, pero que no encontramos en la representación vista,
esa rotundidad de imágenes y de emociones que le caracteriza,
aunque mantiene siempre la calidad musical y vocal.
Territorio de Nuevos Tiempos presentó un trabajo de dirección
de Alfonso Zurro que parte de un espacio escénico deslumbrante
en su primera visión pero que se va perdiendo en un juego
excesivo de estilos que acaban confundiendo. Retablo de la avaricia,
la lujuria y la muerte se desdibuja en unas interpretaciones confusas
en su uso del estilo y lo que debería ser un trabajo expresionista
se va perdiendo hasta convertirse en una farsa.
Justo el punto que encuentra Juan Dolores Caballero con Histrión
Teatro para que otro Valle menos arraigado, el de Farsa y licencia
de la Reina castiza se convierta en un espléndido trabajo
de dirección y de interpretación. Es brillante en
su puesta en escena y deja la suerte en el equipo actoral que cumple
perfectamente siguiendo la mano sabia de la dirección.
Creación total
Ángel
Calvente y Emilio Goyanes presentaron sus últimos trabajos
de creación. El espejo negro de Calvente vuelve por sus fueros,
con Los perros flauta, un espectáculo de calle en donde los
personajes son esos seres que encontramos en muchas esquinas que
con sus flautas y sus perros nos recuerdan que en este mundo no
es todo tan bonito como parece. Un trabajo realmente divertido y
participativo, muy dinámico y con un endiablado ritmo.
Laví e Bel presentó su Cabaret Nómada de Emilio
Goyanes, una arriesgada propuesta que tiene en la calidad interpretativa,
en su tono formal, en su propuesta estética su mayor activo.
Es algo realmente impresionante, aunque después su contenido
sea más difícil de asimilar. Pensamos que está
en un punto de gran interés, técnicamente es de una
precisión asombrosa, pero le falta algo más de acercamiento,
se pasa demasiado tiempo en un territorio casi metafísico
que lo deja suspendido en su capacidad comunicativa.
Síndrome Clown hace un repaso muy especial a la Historia,
desde su Clownquistadores, Práxedes Nieto y Víctor
Carretero se ponen el rigor histórico por nariz y se basan
en la lógica para hacernos entender que es una continua depredación
de los fuertes a los más débiles. Un trabajo en un
buen punto de madurez.
Lo mismo que las Quijotadas de Digo-Digo Teatro, en donde no aparecen
ni don Quijote, ni Sancho, sino sus cabalgaduras, en una metáfora
escénica realmente atractiva en la que los dos actores, José
María Peña y Juan Montilla hacen una magnífica
creación, en una dramaturgia propia que tiene mucho del más
activo Sanchis Sinisiterra, y que la dirección de José
Luis García-Pérez consigue encauzar de una manera
muy eficaz.
También vimos la Alicia de Los Ulen, una versión bailada
y cantada, colorista y aflamencada del clásico.
Deliciosa
y sensible joya escénica. Enrique Lanz hace un gran trabajo
de conjunción entre la música de Claude Debussy
y Camille Saint-Säens, y los títeres gigantes que
conforman un magnífico espectáculo que presentó
la compañía Etcétera en una coproducción
con el Gran Teatro del Liceo de Barcelona bajo el título
de Soñando el Carnaval de los animales. Realmente un
sueño, una ilusión escénica y musical,
una de esas joyas que deberían verse obligatoriamente
para que nadie, nunca más, dijese que no entiende la
música clásica. Muñecos y músicos,
jóvenes y muy incardinados en la propuesta dramatúrgica,
para conseguir uno de esos momentos soñados en el teatro,
la ilusión de la belleza en esta ocasión sonora
y visual, una magnífica armonía de sensibilidad
y equilibrio entre las partes. |
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