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Canto a la convivencia
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Obra:
Chicas bonitas, alegres maizales.
Autora: Maite Agirre.
Intérpretes: Arantxa Gurmendi, Jon Gaubeka.
Escenografía: Inés M. de Iturrate.
Vestuario: Amaia Zabala.
Iluminación: David García.
Coreografía: Karlos Nguema.
Música: Freenetik.
Audiovisuales: Josu Rekalde.
Dirección: Maite Agirre.
Producción: Agerre Teatroa.
Duración: 85 min.
Lugar: Centro Cultural Villa de Errenteria.
Fechas: 1 y 2 de octubre.
Hora:
20:00
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Agerre
Teatroa estrena una pieza de teatro-concierto
Jon Gaubeka y Arantza Gurmendi protagonizan la obra
Chicas bonitas, alegres maizales es una mezcla de culturas
Borja
Relaño
Todo
cambia, todo se transforma. Y en estos tiempos más rápidamente
que nunca. Esa es la idea que le pasó por la cabeza a Maite
Agirre el día en que se topó con que el solar donde
se levantaba hasta entonces el donostiarra mercado de La Bretxa
era un hueco, una herida, en la que hurgaba y hurgaba una excavadora.
Ese lugar emblemático, testigo de innumerables historias,
iba a inspirar una más, la que cuenta la amistad entre una
mujer vasca de mediana edad, vendedora de verduras, y un joven africano,
músico y también vendedor. La editorial Hiru publicó
esta historia bajo el título de La baladilla de San Sebastián.
Fruta madura, fruta fresca
Pero como decíamos al principio, todo cambia, y con el transcurso
de los años, la obra también lo ha hecho. Agirre confiesa
que, una vez escritas, le gusta que las obras vayan madurando hasta
que llegue el momento de escenificarlas. Una espera que, en este
caso, estaba forzada por la falta de intérpretes adecuados
que permitieran realizar el montaje en las condiciones que el propio
texto exigía. Ahora es cuando empezamos a tener intérpretes
que pueden hacer creíble el papel de un inmigrante africano
e, incluso, actuar en euskera, sostiene la autora y directora.
Y así, entre coyunturas favorables y alguna que otra señal,
se ha ido forjando este montaje que parte de aquella historia que
con la perspectiva del tiempo ha variado en una nueva versión,
renovada, más adecuada para la escena. De ahí el cambio
de título a Chicas bonitas, alegres maizales.
Con ella, Agerre Teatroa vuelve a ocuparse de la inmigración,
aunque en esta ocasión se centra en el choque-encuentro de
culturas, de colores, de sonidos y de lenguas que confluyen en estos
tiempos de cambios veloces. Asimismo, es el encuentro entre dos
generaciones que se miran y se retan con humor. Es el sabor de la
fruta madura, alegre y sensual, con el de la fresca, joven de sabor
agrio y picante que el actor que lo interpreta, Jon Gaubeka, define
como el cambio, la fuerza, los aires nuevos que llegan de
otros países y la idea de supervivencia, de tirar hacia adelante
y del presente. Su compañera, la actriz Arantxa Gurmendi
habla de Ixi como una mujer fuerte, un bloque estable, que
defiende lo suyo aunque acepta lo de fuera.
Un mercado que se cae
Entre
los dos, a fuerza de la convivencia en un mismo espacio, se van
tejiendo unos lazos de amistad y de complicidad, mediante la transmisión
de historias, de costumbres, de los respectivos pueblos, las respectivas
familias y, también, los diferentes puntos de vista. Al tiempo,
la autora y directora subraya el hecho de que Chicas bonitas, alegres
maizales esté ubicada en un mercado que está para
derribarse. Es un reflejo de esta sociedad en la que todos
somos vendedores, capaces de comerciar hasta con nuestro propio
aliento. Hay una cosa que une a estos dos personajes de una manera
feroz: ambos venden. Se venden incluso el uno al otro. Y lo hacen
en un lugar que, probablemente, mañana no será el
suyo, por lo que cada cual se aferra a lo único fijo que
tienen, su música, su memoria, sus sensaciones. Son como
náufragos de una patera que se agarran a una caja para ver
si pueden flotar hasta llegar a alguna playa. Ambos comparten
su incertidumbre y la hacen extensiva al público, porque
Agirre ha querido romper con la cuarta pared y convierte a los espectadores
en clientes del mercado.
Audiovisuales y música
En la elaboración de Chicas bonitas, alegres maizales Agerre
se ha rodeado de colaboradores, como Josu Rekalde para las proyecciones
audiovisuales, Inés M. de Iturrate en la creación
de la escenografía compuesta por cajas de fruta, la iluminación
de David García, el vestuario de Pilar Jauregi y una banda
de música en directo, Freenetik.
Teatro-Concierto.
Chicas bonitas, alegres maizales es también un encuentro
chispeante y musical, ya que cada uno de sus protagonistas hace
referencia a sus propios cantos, a sus baladas. Para ello, Agerre
contará con la presencia sobre el escenario de la banda
funk-rock Freenetik, que lidera Karlos Nguema. Uno de
los mayores esfuerzos de la obra consiste en orquestar el multicolorismo
de voces y músicas. asegura Agirre, quien
últimamente acostumbra a llevar música en directo
en sus espectáculos como en Puta vieja alcahueta Celestina,
en la que colabora con el coro Aldaba. Hoy no puedo imaginarme
Chicas bonitas... sin la música en directo. Ya cuando
la escribí había apuntes de esa presencia, y es
que una de las primeras imágenes de un emigrante que
me vienen siempre es un músico. Será que conozco
muchos, o que son los que se hacen notar. |
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