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Abierta
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Escenario para la paz
Wilson
Escobar Ramírez
Cuando
seleccionaron su obra para identificar la imagen del XXVII Festival
Internacional de Teatro de Manizales, el artista plástico
Franklin Aguirre quiso bautizarla con el nombre: Miradas que
matan. El título le sentaba bien a una pieza gobernada
por tres ojos gráciles y risueños que flotan en el
horizonte mientras en el suelo espera un puñado de cristales
apuntando sus filosas extremidades hacia la festiva tríada
de ojos.
Sin embargo, durante la presentación oficial de la imagen,
el destacado artista colombiano dejó la tentación
del piropo al que también aludía el título,
y los otros parecidos que pudieran hacerse con El perro andaluz
de Buñuel, y propuso uno nuevo: La piel es el escenario.
Así, la metáfora de la violencia sucumbe ante el necesario
eufemismo de una obra simple en su abstracción y compleja
en el referente local del conflicto colombiano.
La imagen del Festival se vierte en el espejo de su condición
histórica: la de ser un encuentro escénico mediado
por el pensamiento social, político y artístico de
cada época, como se ha testimoniado desde el convulsionado
año de 1968.
Bajo la atenta mirada de los ojos que penden sobre los cristales,
el festival manizaleño ha reunido para esta edición
destacadas compañías de Argentina, España,
Eslovenia, Rusia, Estados Unidos, Ecuador, Perú, Guatemala,
Puerto Rico, Bolivia y Colombia.
La compañía norteamericana de Maureen Fleming subirá
el telón en el Centro de Convenciones Teatro Los Fundadores,
con su último espectáculo La Caída del Ángel,
un aplaudido performance inscrito en la línea experimental
de la artista sobre la danza butto; mientras la compañía
vasca Deabru Beltzak alterará la calma de la apacible capital
caldense con Les tambours de feu (Los tambores del fuego), un montaje
espectacular de luces y colores combinado con efectos visuales y
musicales con el cual recorren la ciudad anunciando la llegadas
de los duendes y la fiesta.
Durante nueve días desfilarán por las más importantes
salas, calles y parques de Manizales personajes salidos de las mismas
páginas de Don Quijote de Cervantes (Quijote de Imprebís,
España), o El Alquimista de Paulo Cohelo (Compañía
Coribantes, Puerto Rico), Milán Kundera (Desvío 2
de la Universidad Católica del Perú), Franz Kafka
(Amerika, el Desaparecido, de la compañía Oficina
Central de los Sueños, de Medellín) y otros infaltables
de la literatura y el arte escénico; a ellos se sumarán
espectáculos donde la danza contemporánea se mezcla
con el folclor, para ofrecer un espectáculo (Al andalus de
la Compañía Color Danza, España), en el que
se muestra la belleza del espíritu del flamenco y el placer
de bailarlo. Noventa minutos con el alma en movimiento y la pasión
de una cultura milenaria.
El dramaturgo José Sanchis Sinisterra, referente obligado
del teatro español contemporáneo, llegará con
su última propuesta, Flechas del ángel del olvido,
en la sugiere una reflexión sobre la memoria y la sociedad
actual, que está "interesada en fabricar amnésicos",
como lo asegura el premiado autor teatral.
Rituales de la América profunda
Como todos los años, el Festival manizaleño será
el escenario para el diálogo abierto y urgente sobre las
realidades y las ficciones de América Latina; agrupaciones
emergentes y otras de largo recorrido llegarán a la ciudad
andina para dejar testimonio de un continente pleno de creación
y de historias.
De Guatemala llegará Contrahuella. La senda de los Ancestros,
del colectivo Caja Lúdica; un montaje teatral que surge de
la memoria guatemalteca y aborda la poética de la muerte
y sus rituales, acercándose al mundo indígena de una
manera libre y con una visión mestiza.
En la misma senda de la memoria confluye el montaje coreográfico
de danza afrocolombiana 34% Visibles, en el que los movimientos
desbordantes de energía que emanan los cuerpos de las matronas
del Chocó y de la Costa Pacífica se ven reflejados
en una danza que habla de la cosmovisión del pueblo afrocolombiano,
su filosofía frente a la vida para permanecer, trascender
y no dejarse invisibilizar.
En los terrenos de la danza se mueve (cómo no) la compañía
L´Explose, sin duda uno de los grandes aciertos coreográficos
en la fusión danza-teatro. El coreógrafo Tino Fernández
llevará a Manizales su montaje El tiempo de un silencio inspirado
en la ruptura amorosa y sus estados, emociones, sensaciones y percepciones.
El despecho es reemplazado por la expresión descarnada, abierta
y franca de los intérpretes, que nos permiten ingresar a
su intimidad más íntima; a ese lugar a
dónde usualmente no dejamos entrar a nadie más que
a nuestra conciencia.
El Festival Internacional de Teatro de Manizales tendrá una
nutrida programación para público joven y servirá
de marco para la campaña de la paz, la tolerancia y el respeto,
una iniciativa que, en compañía de UNICEF, llevará
al teatro a cinco mil niños de sectores populares de la ciudad.
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