|
|
abal
gunea
|
ona
Abierta
|
Nunca se han representado obras nuestras en el exterior
Herr Klement, la última obra teatral de los escritores argentinos Patricia Suárez y Leonel Giacometto, fue la ganadora en la categoría de castellano de la VI edición de los Premios Serantes de Textos Teatrales, que organiza el Ayuntamiento de Santurtzi. El estilo y la temática de la obra se inscriben dentro de una poética propia que recala sobre el pasado histórico para sorprender por su vigencia, en una sociedad como la argentina que no ha suturado todavía la gran herida abierta de los años de plomo.
Si algo le faltaba a la fructífera y premiada labor de los dramaturgos argentinos Patricia Suárez y Leonel Giacometto, es este último galardón obtenido en el ‘VI Premio de Textos Dramáticos Serantes’ convocado por el Ayuntamiento de Santurtzi, con su última obra 'Herr Klement'.
Los dramaturgos rosarinos vienen acumulando en los últimos años una serie de premios y reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional por su intensa y original escritura dramática, que ya cuenta con el respaldo de diferentes directores argentinos que han llevado a escena varias de sus obras.(ver recuadro)
La importancia de este premio, más allá de lo económico, implica la concreción de uno de los sueños más deseados de todo dramaturgo: la publicación y la puesta en escena de su trabajo: “El premio representa para nosotros no sólo la gratificación porque el texto haya gustado, sino la ilusión de que algún grupo español quiera representarla. Nunca se han representado obras nuestras en el exterior, y esto sería una gran alegría.”
El ejercicio de la escritura dramática tiene para cada autor una estrategia definida, en este caso lo interesante de la experiencia del equipo Suárez-Giacometto es el abordaje de un texto a partir de dos miradas, que más allá de sus particularidades confluyen en un resultado final.
Los autores atribuyen este procedimiento a un condimento eminentemente subjetivo: “tenemos muchas afinidades, hay una química muy parecida y seguramente es el producto de una gran amistad, prácticamente nos leemos la mente; uno tira un tema o una idea, el otro la discute, entre los dos perfilamos un argumento, y después uno comienza y el otro sigue y así hasta encontrar un estilo heterogéneo.”
Según Giacometto han intentado en alguna oportunidad escribir simultáneamente pero ese intento no prosperó: “hay algo del orden de la oralidad que nos invade cuando estamos juntos, hablamos mucho (casi sin filtro), discutimos, investigamos, inventamos, armamos un plan de trabajo dramatúrgico y luego, cada uno en su computadora, escribe.”
Al final de los 90, en Argentina se produce, casi como reflejo de las crisis institucionales, un retorno a un teatro más politizado o cercano al revisionismo histórico. Obras como Santa Eulalia o La Trilogía peronista, escrita por estos autores parecen confirmar esta mirada.
Patricia Suárez atribuye este fenómeno a la falta de rigor moral y de seguridades personales que recrudecieron en esos años : “Esta es una época de muy poca ética y menos política aun, entonces uno se siente desvalido, e intenta construir una serie de valores, de mandamientos, por decir así, sobre los cuales debe regirse. El teatro político siempre es una ilusión óptica, un deseo, una utopía.”
Giacometto por su parte reivindica la tradición política del teatro argentino: ”Hay algo de la tradición del teatro argentino de la cual uno no puede desprenderse (ni quiere). El teatro argentino está casi por completo, en toda su historia, surcado por la política y la realidad cotidiana en relación a los hechos políticos y politiqueros. Siempre la postura al comenzar a pergeñar las obras con algún tipo de referencia histórica, fue y es la de no intentar ningún tipo de "panfleto". Es decir, como pasa en toda dramaturgia, dejar que los personajes ‘hablen’ ya sean judíos, nazis, peronistas, represores, etc”.
Otra de las características de esta joven generación de nuevos dramaturgos, es recalar sobre una historia de la cual no han sido testigos y que pareciera ser una asignatura pendiente, como ocurre con los autores premiados y el tema del peronismo.
Es una manera de pensar que todo pudo haber sido distinto a como fue contado por la historia oficial, tratando de introducir elementos “no oficiales”, pero sí humanos y emocionales, en personajes épicos como el caso de Eva Perón, deseando comerse una mandarina en Santa Eulalia por ejemplo.
En el caso puntual de la obra ganadora, Herr Klement, retorna otro de los temas preferidos de la escritora Patricia Suárez, como es la cuestión de los jerarcas nazis que con la caída de Adolfo Hitler se dispersan por el mundo y recalaron en gran parte en Argentina.
Antecedentes de esta obra pueden rastrearse en Valhala (Premio Argentores 2000), El sueño de Cecilia (2003) y Rudolf (2002), donde se perfila ya la figura del criminal de guerra Adolf Eichmann, secuestrado en 1960 en la localidad bonaerense de San Fernando y cuya persecución y posterior captura a cargo de los servicios secretos israelíes motivan el argumento principal de la obra ganadora.
Esta estrategia discursiva de “humanizar” a los genocidas o torturadores encuentra en la historia del teatro argentino a uno de sus precursores, el psicoanalista, actor y dramaturgo Eduardo Pavlovsky, autor de El señor Galíndez, una de las primeras obras que derrumbaba el estereotipo de estos seres que, al ser demonizados, perdían su apariencia humana y simplificaban la complejidad de sus actos.
“Herr Klement -argumenta Suárez- no está ‘humanizado’, sino que es humano. Los jerarcas nazis eran seres humanos, eso es lo terrible del asunto, que eran seres humanos igual a todos nosotros pero con una mente y un proceder que hace que los consideremos como monstruos.”
Para Giacometto, esto plantea una de las cuestiones más fuertes de la literatura: “Tener la certeza que esta gente era y son seres humanos; que la maldad es indetectable desde afuera; que pueden ser los mejores vecinos y, sin embargo... En el momento previo a la escritura de “Herr Klement”, la idea no fue, de ninguna manera, humanizarlo sino, por el contrario, dar un registro de la ambigüedad del ser humano, más allá de las patologías o, visto desde otro punto de vista, fuera del psicoanálisis y la psiquiatría, más allá de la maldad como entidad.”
Estos dos escritores cultivan con igual pasión la dramaturgia, la novela y el cuento y llevan publicadas una gran cantidad de notas periodísticas en diversos medios gráficos, revistas especializadas y sitios web, de allí la importancia de conocer su opinión acerca de los distintos géneros por los que transitan, y el diferente grado de compromiso que tienen con cada uno de ellos:
“Yo amo la narrativa -confiesa Patricia– a pesar de que la dificultad que propone la escritura narrativa es mucho mayor que la que propone la escritura teatral, o así lo siento yo, por lo menos. En el teatro, uno puede escribir ‘en falso’, es decir, se puede esbozar una escena y pulirla infinitas veces y luego corregirla cuando llega el momento también con el director y los actores; pero un cuento no. Un cuento debe ser planeado y escrito en su mayor parte dentro de la cabeza, en la soledad más absoluta, allí uno escribe en firme y las posibilidades de corrección una vez terminado son muy pocas. Otros pueden opinar, casi sin autoridad, sobre cómo debería ser el cuento pero uno debe dejarse llevar por su propio instinto. En el teatro, se concilian los elementos a corregir con el director. Además, en el cuento o en la novela, el grado de exposición es mayor: uno está ahí y es siempre un proceso “cuerpo-a-cuerpo”. Está el escritor y el lector: fin del proceso. En cambio en el teatro está el escritor, el director, los actores, los técnicos, el músico, el escenógrafo, el público; el teatro es un proceso grupal y siempre vivo .“
Por su parte Giacometto no puede distinguir en cual de todas estas disciplinas se siente con mayor dominio de su herramienta : “puedo hablar de gustos, preferencias, la narrativa es más concreta, más solitaria, más cerrada. Un cuento, después de pergeñarlo y escribirlo, ya está; más allá de la o las correcciones. El texto dramático tiene la particular característica de no ser por entero hasta que está en manos del director y los actores. Todo cambia, es muy difícil llegar a una versión final sin hacer correcciones posteriores. Por un lado, según los casos, eso es muy seductor, pero, es muy tedioso para el que escribe. En Rosario, por no decir Argentina, hay una especie de, digamos, solapada desvalorización hacia el autor de obras, de textos. Siempre la opinión del director es más importante. Y a veces, tiene razón, y otras... Pero, ese, es otro tema”.
|
Antecedentes
Patricia Suárez, escritora y dramaturga nacida en Rosario (Santa Fe) Argentina en 1969, escribió la trilogía teatral Las polacas (nominadas a 2 premios ACE, y al Premio Trinidad Guevara), compuesta por Historias tártaras, Casamentera (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001) y La Varsovia (Premio Instituto Nacional de Teatro 2001), estrenadas en 2002 en Buenos Aires. En 2004 fueron estrenadas Valhala, nominada a 4 premios ACE, El sueño de Cecilia y Deliciosas criaturas perfumadas. En el 2005 se estrenaron Rudolf, Las 20 y 25, El tapadito (2do. Premio de Obras Inéditas del Instituto Nacional de Teatro 2004, nominada a Premio ACE Mejor Obra Argentina 2005) y Il Principessa Mafalda en coautoría con Leonel Giacometto, dentro del marco de Teatro x la Identidad 2005. En 2006 se estrenarán Surch, obra escrita en colaboración con María Rosa Pfeiffer sobre el genocidio armenio y que combina en su propuesta actores y títeres, y El Mal, obra sobre la captura del nazi Adolf Eichmann, dirigida por Carlos Ianni en el Teatro Celcit.
Leonel Giacometto, escritor y periodista nacido en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1976, escribe y dirige su primera obra de teatro en 1998: Carne humana; en 2001, su obra Dolor de pubis , obtiene una mención en el concurso organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, siendo publicada en el 2004 por el Instituto Nacional del Teatro en la recopilación Siete autores: la nueva generación.
Junto a Patricia Suárez, ha escrito: Santa Eulalia (estrenada en 2002 en el Teatro Cervantes de la ciudad de Buenos Aires, y reestrenada en Rosario, en 2004, por el grupo Fe de Ratas; Puerta de hierro (seleccionada para el Certamen de Teatro Leído 2003 ,organizado por Argentores y representada en la ciudad de Buenos Aires en octubre de ese año ); Besaré tus pies (estrenada en Buenos Aires , en el Centro Cultural Konex); Plató (III Premio en el VII Certamen de Textos Teatrales, de Torreperogil, España); Ojalá me olvide de usted para siempre (I Premio del Concurso Abril de Obras de Teatro Breve, en Granada, España), publicando en el 2005 Trilogía peronista (Ediciones Teatro Vivo).
En 2003, en Rosario, con su obra Rafael y alrededores, participó de la performance teatral Lo mismo que el café, dirigida por Rody Bertol (estrenada también en la ciudad de Rafaela con la dirección de Marcelo Allasino; y en la provincia de Neuquén con dirección de Jorge Onofri).
Ese mismo año gana el I Premio del concurso de relatos ‘Cruzando culturas’, que organiza el Ayuntamiento de Mérida (España) y en el 2004, obtiene el “II Premio de Literatura Luis de Tejeda”, en la ciudad de Córdoba, con la colección de relatos Pequeñas dispersiones.
Como periodista, colabora en el suplemento de Cultura de los diario "El Litoral" (Santa Fe) y "La Capital" (Rosario), y en las revistas "El Vecino", "Vox" y "El Picadero", participando actualmente en el Consejo editor de la Revista de Artes Escénicas "El Espacio Vacío" que se edita en la ciudad de Rosario (Argentina). }
|
|