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Por Colombia y Perú
Maite Agirre/Mielanjel Harana
Del encuentro de Buga, Colombia, nos traemos diferentes experiencias. La mejicana Rosa Marta Sánchez nos arrolló con narraciones épicas sobre Pancho Villa y otras revoluciones y por su marcada ironía y chispa ingeniosa. Los argentinos eran tendentes hacia una literatura exquisita que mezclaba los aromas del tango y las narraciones urbanas. De Francia nos llegaban los olores de los bajos fondos parisinos, o de Italia leyendas y envolventes cantos de mujeres lobas del sur del País. En medio de todos ellos Celestina era una invitada especial junto con narraciones y leyendas de nuestros mares y montes.
Del Festival de Buga algunos fuimos invitados a Buenaventura para encontrarnos con los narradores de literatura oral del Pacífico. Todo este litoral es de cultura negra. Sientes África por todos los poros de tu cuerpo. Te cuesta creer que estés en Colombia. En este segundo festival pudimos compartir la experiencia con viejos y muy experimentados narradores y narradoras. Así Ninfa Aurora Rodríguez, una señora a la que se ayudaba a llegar al escenario y que una vez iniciaba su narración se transformaba derrochando vitalidad y energía. Así mismo con los llamados decimer@s, los cuales versifican su narración, incluso creando historias en el momento. Destacaban viejos narradores como Pachín o Machado.
De herencia española, la influencia de Quevedo en sus narraciones, por ejemplo, es evidente todavía en algunos casos. El colombiano Jota Villaza narraba peripecias de realismo mágico enternecedor. La corriente de narración cómico-erótica de los antioquianos, muy criticada por ciertos sectores cultos, alborotaba a la audiencia. El público los aplaudía a rabiar y ellos sabían cómo conquistarlos. También se mezcla lo cómico y lo amargo en narraciones de tal sordidez, que ni siquiera aplaudes por la impresión producida. Son descripciones crudas de realidades de tal miseria y denigración humana, que asistes con estupor ante las constantes carcajadas y aplausos de los espectadores. Las narraciones se realizaban cada día tanto en el Auditorio Municipal, inaugurado en este Festival, donde también se presentó La Celestina, y se descentralizaba a diferentes puntos de la ciudad, como eran los Colegios, la cárcel (donde no se permitió la entrada a los medios), barrios periféricos… dándole a estas jornadas una experiencia humana completa, ya que en muchos festivales tienes la impresión de vivir dentro de una burbuja fuera de la realidad social del País.
Ni tan solos
En Lima participamos en el Festival internacional de unipersonales: ‘Ni tan solos’, en este encuentro de gran nivel se aclara definitivamente la diferencia entre lo que sería una narración, un monólogo, un soliloquio y un unipersonal.
El unipersonal debe contar una historia con conflicto dramático y en ella participar diferentes personajes, los cuales serán interpretados por un único actor o actriz.
Las propuestas fueron muy diferentes entre sí, pero había algo en común: unos hermosos textos. La peruana Ofelia Lazo, una gran dama de la interpretación, muy amada por el público de Lima, presentó un trabajo de corte clásico, de una gran eficacia sea por la historia, como por el encanto que supo darle a la interpretación. De Chile Gabriela Recabarren presentó un texto, traducido del portugués por ella misma, de la brasileña Elisa Lucinda, poético y bello, de gran sensualidad, como sensual fue y de manera arrolladora la cubana Monse Duany con una historia sobre la vida de su compatriota, La Lupe, famosa cantante que llegó a adquirir una fama notable y que terminó su carrera de manera mísera y trágica.
Carlos Vignola de Argentina presentó una dura historia de amor en tiempos de la conquista española, cuyo final amargo producía una sensación contradictoria. Cuando llegas a un país que ha sido conquistado, despojado y aniquilado por los españoles y que a pesar de todo te acoge con los brazos abiertos, te mueve a una profunda reflexión sobre la condición humana. Carlos Rodríguez de Uruguay presentó una obra inspirada en la vida y obra del pintor Raúl Javier Cabrera de Montevideo y que se condimenta de exquisitas citas sacadas de las tertulias que el pintor compartía con lo más selecto del ambiente intelectual de entonces. Quizás algo largo, pero tierno y con una interpretación minuciosa, dramática pero sin alardes.
Al igual que en Colombia las obras se descentralizaron por diferentes instituciones de la ciudad, así como por otras ciudades de Perú. Presentamos nuestra versión de La Celestina con la colaboración del músico Mielanjel Harana en el Auditorio del Centro Cultural de España de Lima, sede del festival, y además en el Teatro del Centro Español de Lima y en la ENSAD, Centro de arte dramático y danza de la capital, donde se presentó con la colaboración extraordinaria del guitarrista clásico argentino Javier Bruhn. Días antes se realizó también un taller con los alumnos.
Los comentarios de la crítica sobre todos y cada uno de los trabajos presentados se debatieron públicamente y podrán leerse en la web del Festival www.nitansolos.com. El éxito del Festival fue unánime por el gran nivel de la muestra seleccionada entre casi un centenar de propuestas.
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