|
|
ntzerkia |
te tro |
“No se puede bajar el listón de calidad del teatro público”
Nuria Espert ha estado de gira representando junto a José Luis Gómez y Lluís Homar, Play Strindberg, de Frederich Dürrenmatt. La función es excelente. Cuando pasó por el Teatro Arriaga de Bilbao la entrevistamos. Era una mañana errática de una primavera agitada. La cita solamente tenía un ruego: no hacer fotografías. Así se cumplió. La actriz rezuma serenidad interior, equilibrio y guapura. Trasmite seguridad y firmeza a base de ternura. La conversación fue fluida. Se fueron acabando cintas, se echó la hora de comer.
En estos momentos de tu vida profesional, ¿qué estado de satisfacción o de inquietud te produce representar diariamente una obra como Play Strindberg, a mi entender tan bien dirigida y acompañada de dos grandes actores?
Pues, una sensación de plenitud, de felicidad y de excitación de la buena. El deseo de que llegue la hora de la función es algo que no es corriente en las carreras muy, muy largas. Este proyecto nació del deseo antiguo de José Luis Gómez y mío de trabajar juntos, pero que nunca había sido posible. Cuando estaba haciendo La Celestina, José Luis me mandó este texto que me sorprendió, me inquietó, venía de una obra que yo adoro como es Danza Macabra de August Strindberg. Me pareció que es hija de esta obra, como lo fue ¿Quién teme a Virginia Wolf?; me pareció desconcertante. La versión de Dürrenmatt es absolutamente fabulosa pero muy difícil saber a priori el estilo que iba a tener la representación. Eso, en vez de desanimarme, me excitaba. No sabía cómo debía hacerse. Hablamos mucho con José Luis. Nos animamos mutuamente y fuimos a buscar a Lluís Homar para completar el trío y se llamó a Georges Lavaudant, que había estado durante catorce años al frente del Odeón de París. Yo había visto un montaje dirigido por él, pero José Luis muchos más. Sus fechas eran tremendas y complicadas, lo esperamos hasta que pudo y la verdad fue una elección muy inspirada. Desde el tercer o cuarto ensayo supimos que había dado quizás con la única manera que este texto podría ser hecho hoy.
Hay una destilación de la situación planteada por Strindberg en la obra primigenia, con cosas que oscurecían la violencia. Y Dürrenmatt escribió este texto que tiene cosas de Beckett, de Valle Inclán, había pasado por todo y le permitió darle ese toque de humor dentro de la oscuridad que hace que verdaderamente se haya convertido en una joyita. Esta obra representada como si se representase Danza Macabra, no sería posible hoy, pero con ese toque humorístico muy contenido, puede permitirse el reírse de nosotros, con frases tan contundentes como que todo matrimonio feliz es una catástrofe. Bueno, es cierto que la convivencia y las dificultades de la vida en pareja son reales, y aquí permite que uno se reconozca en esos personajes como en los espejos del callejón del gato. Es un espectáculo muy difícil de clasificar. Es un esperpento pero no valleinclanesco, europeo, suizo, no sé como decirte. Distorsionados esos personajes son, no obstante, verdaderos y creíbles. Y están a nuestro alrededor.
En el mismo Arriaga, hace acaso un año o poco más te vi como Celestina de la mano de Lapage. ¿Eliges las propuestas de más riesgo o simplemente te eligen?
Ese le elegí yo y anduve detrás de Robert Lepage para que me dirigiese. El eligió La Celestina, pero yo le elegí a él. Cuando le expliqué las ganas que tenía de trabajar con él y contratarle para mi compañía, entonces me dijo que eso era imposible, que tenía él que contarme a mí con Ex Machina, que es su compañía, que era su manera de trabajar y lo comprendí; era su manera de trabajar. Y cuando empezamos lo confirmé, yo podría haberle dado la infraestructura que necesita para trabajar. Y fue él el que eligió La Celestina, después de pasarnos varios títulos. Yo acepté inmediatamente porque lo que yo quería era ponerme en sus manos, verle trabajar. Y dije entonces, y lo mantengo hoy, que fue como si me tocase la lotería. Fue muy complicado llegar hasta el estreno. Muy caro de producción. Vino toda su gente, sus técnicos. Un plato muy fuerte y complicado. Tengo un orgullo profundo de que todo aquello llegara a buen término. La hicimos cien veces acabando la gira en el Piccolo. Una compañía magnífica, un ambiente solidario entre todos. Todos hemos salidos de La Celestina marcados por la mano de Lepage.
Marcados, quiere decir...
La satisfacción. Creo que en todos los currículos de la gente que trabajamos allí está marcado con letras de oro el haber estado en las manos de Lepage, que por cierto son las manos más dulces y cariñosas que he conocido. Adora a los actores, los ama, los potencia, los ayuda.
¿Es igual de intenso el compromiso como actriz que como directora de ópera?
No. En ópera soy elegida. Y entre todas las propuestas elijo una. Soy elegida para hacer un proyecto que ya está en marcha, con los cantantes ya elegidos. Nunca he podido elegir. Es una locura, se contratan con cinco o siete años de antelación. Antes de hacer cualquier cosa me piden qué quiero hacer, pero yo digo que me da igual. En teatro sí lo tengo claro, sé con qué directores quiero trabajar...
Siempre directores, ¿no hay obras, ni papeles que desees hacer?
No, la verdad. Nunca me ha pasado esas cosas de tener un gran deseo de hacer Lady Macbeth, pero claro, si Lepage me dice vamos a hacer Macbeth, me tiro de cabeza, o si me propone Largo viaje del día hacia la noche. Me vuelvo loca.
¿Sigues volviéndote loca?
Absolutamente. Este trabajo que estamos haciendo me volvió loca. Ponerme en manos de Lavaudant, trabajar con José Luis que yo creo es un actor extraordinario, me fascina, estoy convencida de que es uno de los mejores actores europeos. Una de las cosas que me motivaron fue ver trabajar de cerca a José Luis. Es buen director, pero es un actor absolutamente extraordinario. Y entre nosotros dos Lluís Homar, otro actor fascinante que está en un momento de crecimiento extraordinario. Es un actor de cine muy solicitado. Yo he seguido su carrera desde hace veinte años, y lo he visto crecer, desarrollarse y me parece un gran actor. Un trío estupendo humanamente: tres locos del teatro, muy críticos con nosotros mismos, ambiciosos.
¿Qué te aporta la dirección de ópera?
Cuando he terminado de hacerla y anda bien, satisfacción. Porque es muy duro, sobre todo las grandes óperas, que son las que me piden a mí, con muchos cantantes, coros en escenario. Como subir una montaña y llegar arriba. Me produce tensión, tardo mucho en prepararlo, soy lenta y después tengo que terminarla en cinco semanas. Mucha tensión. Y muchas horas, y sin tener a todos juntos casi nunca. Y no me produce la satisfacción que me produce hacer una buena actuación. Lo que ocurre es que Armando me empujó mucho y como me salió la cosa bien, lo hice durante nueve años, hasta quedar estragada. Tenía razón en algo, que me decía. Yo le dije una vez que mi objetivo es ser una mujer de teatro, no una gran actriz y una gran directora, sino una gran mujer de teatro. Entonces, cuando me llegaron las propuestas, él me animó mucho, y como tantas otras veces, tenía razón. Yo no quiero muchos honores, sino esa satisfacción íntima. Recuerdo lo que decía
Laurence Olivier cuando le hicieron Sir y Lord, ¿cómo es posible que me hagan honores después de tantos años de trabajo con algo que muchos imbéciles lo tienen de nacimiento?
¿Volverás a la dirección de teatro?
¿Quién sabe? Sí, seguramente sí.
¿Has dirigido teatro en España?
He dirigido Medea en Barcelona, con Irene Papas en el 92, en el Grec con un precioso decorado de Frigerio y ella estaba sublime.
De los muchos y grandísimos directores que te han dirigido, ¿de cuáles te han servido sus metodologías para tu labor de directora?
De ninguno. Afortunada y desgraciadamente de ninguno. No tengo influencias. Cada uno debe apañárselas. Me gustaría tener influencias de Víctor García. La respuesta es no y no lo digo por soberbia, sino que no he sabido acumular. Cuando me enfrento a un texto o a la música, me sugieren cosas y se van desarrollando poco a poco. Y he trabajado con todos los buenos directores españoles; del extranjero, unos cuantos de los primeros y mejores. Y de todos he aprendido mucho, pero como actriz. Yo cuando tengo un director en el que confío, me pongo supercreativa, porque sé que esa persona me va a frenar, me va a guiar, me va a sacar lo mejor. Me siento dueña de todos mis recursos y los utilizo como me conviene y escucho y obedezco porque los contrato para que me ayuden.
¿Alguna vez has tenido conflictos con el director y has hecho una actuación a contra-dirección?
Sí, una vez y no te la voy a decir, pero si esta revista llega a nuestros directores de teatro, uno se dará por aludido. Era un proyecto ambicioso, yo pedí ese director que estaba pasando por un momento difícil personalmente, y noté que se equivocaba, que estaba confundido. Estuve a punto de abandonar, pero le hacía un daño terrible a quien estaba apostando mucho dinero, y bueno, al final lo hice sin demasiado entusiasmo.
Por cierto, ¿nunca has dado clases, ni talleres, ni has pensado en crear algo parecido a una escuela?
Nunca me ha llamado. He dado alguna master class, en Tokio. Pero no me gusta, no creo que sirva para estas cosas.
¿No te parece que la escena española está huérfana de maestros que transmitan sus conocimientos de manera sistematizada?
¿Cuándo ha habido grandes maestros en España? La gente se formaba viendo a su mayores, un aprendizaje de día a día y con cientos de representaciones. Pepe Estruch era un gran maestro y estuvo dando clases en la Escuela. No recuerdo a ninguno más. De teoría posiblemente haya más maestros, pero de interpretación, no. Mira, Gómez ha dado clases en La Abadía y me decía que estaba decepcionado, que de pronto había entregado siete u ocho años de su vida, sin poder estar en los escenarios que es lo que más le gusta, porque creía que debía traspasar lo que había aprendido en Alemania. Y que ahora, me decía, empezaba a pensar que no había valido la pena. Concretamente hablaba de un actor que había estado con él seis años y fue a verlo en un función y no le entendía lo que decía y que casi le da un infarto.
Tú misma tienes una manera muy peculiar de decir en escena, ¿de dónde te sale?
De mi técnica, de mis tantos años en los escenarios, viendo a buenos y malos actores, y si voy a un teatro y veo a alguien con mala dicción, inmediatamente me cuido mucho más de la mía. Nadie es completamente autodidacta. Los maestros están en los escenarios. Y yo he visto a grandes actores en los escenarios. Y si he visto a alguien que estaba sobreactuado, me he preocupado de no sobreactuar y si he visto a alguien al que no le entendía los finales de frase, he estado preocupada toda mi vida, ya, por los finales de frases.
La falta de dicción en los escenarios, en las series de televisión y hasta en la calle, es como una pandemia
Vivimos un momento maravilloso en muchas cosas, pero existe una especie de degradación, empezando por la misma vida política, y de ahí, todo se contamina de una manera un poco vulgar, y la manera de hablar, la dicción está en declive por muchas razones.
No cabe duda de que tú, junto a Armando Moreno y vuestra compañía, desde finales de los sesenta fuisteis uno de los faros del teatro español. ¿Sería posible hoy en día dar un salto cualitativo comparable desde una iniciativa privada?
Espero que sí. Es el deseo de que ocurra eso. Pongamos por ejemplo que el Teatre Lliure, el de Gracia, era el deseo de que suceda eso. Animalario tiene el deseo. Adolfo Marsillach tuvo el deseo de que ocurriera eso. El Teatre Romea con Bieito, tiene ese deseo.
En una entrevista de hace unos pocos años señalabas el mal momento del teatro en España. ¿Sigues con la misma impresión o crees que se ha remontado algo?
Quizás sea mi propia satisfacción personal, el buen momento que estoy viviendo haciendo una obra de estas características, pero me parece que ahora está mucho más interesante. Ahora no lo veo así de mal, creo que los teatros nacionales han dado un salto cualitativo y eso arrastra a los demás teatros. Yo creo que hay cosas muy interesantes en las carteleras, o al menos en Madrid, que es donde yo vivo. Hay muchas cosas buenas, El método Grönholm. Flotats está logrando éxitos, con montajes algo más comerciales pero de gran calidad.
¿Se fue injusto con Flotats al echarlo del Teatre Nacional de Catalunya?
Fue una salvajada la que se hizo. Para que se avergüence el responsable de Cultura de aquel momento.
Pero fue presionado por parte de la profesión de Barcelona
Se apuntaron al carro de la lapidación. Fue muy injusto. Su contrato terminaba al cabo de tres o cuatro meses y lo echaron de una manera salvaje y sin ningún tipo de respeto.
Tuviste al principio de la democracia un tiempo de responsabilidad pública en la gestión colegiada del Centro Dramático. ¿Qué crees más urgente hacer desde lo público en estos momentos?
Yo creo que desde lo público se tiene que hacer teatro bueno. Y lo que lo arreglaría sería añadir, guste o no guste. Tenga éxito o no tenga éxito. El listón de calidad con el dinero público no se puede bajar. La mejor calidad, con los medios que el teatro privado no tiene. En este momento en el Centro Dramático se está haciendo Un enemigo del pueblo y en el Teatro Español, Homebody / Kabul (En casa / En Kabul) de Toni Kushner, y en el María Guerrero el Marat-Sade. Por eso me siento optimista. El listón bien alto. Y si no sale, no sale, pero no bajar el listón de la calidad nunca.
¿Crees que una buena Ley de Teatro ayudaría a sentar las bases durante un tiempo para aclarar el aparente caos reinante?
¿Tú crees que una Ley de Teatro ayudaría a algo? No lo sé, posiblemente sí, pero bueno, a lo mejor es buena solución. Hace años y años que oigo hablar, y la Asociación de Directores de Escena ha presentado un proyecto, pero sinceramente no la he leído.
Mirando el currículo de las figuras del teatro catalán del siglo XX, la inmensa mayoría se inició en el teatro aficionado. ¿Sigue siendo el lugar de despertar vocaciones o existen otros caminos para llegar a la escena?
Ha ido diluyéndose esa cantera. Yo ya no siento esa cosa que había. Creo que las compañías independientes se nutrieron mucho del teatro de aficionados y se quedó desarbolado. No sé qué nivel tienen ahora los teatros aficionados.
¿Sigues pensando que Las Criadas de Jean Genet con dirección de Víctor García ha sido el punto de inflexión de tu carrera como actriz?
Sí, más que nunca.
¿Qué sucedió para que ese hombre os volviera la cabeza al revés a tres actrices de vuestra entidad?
Pues que apareció un mundo nuevo y diferente. En aquel momento habían pocos directores extranjeros que vinieran a España a trabajar, y pocos como Víctor, que era único e irrepetible. Y nos pidió que fuéramos unas actrices diferentes a las actrices que éramos hasta entonces y afortunadamente el reparto estaba elegido estupendamente. Mayrata O’Wisiedo hizo otro tipo de trabajo, pero Julieta Serrano y yo estábamos deseando que alguien nos sacudiera y nos pidiera lo imposible. Víctor pedía lo imposible y nosotras intentábamos dárselo.
Has hecho varias veces Medea. ¿Cómo se aportan nuevas cosas a un personaje a lo largo de los años?
Sin pensarlo. No es que pienses, ‘ahora que me ha sucedido esto en mi vida’, lo voy a incorporar. No, tú has vivido, te han pasado cosas y esas cosas intervienen, como interviene que es un director nuevo, y yo siempre las he hecho a lo largo de los años con diferentes directores. Tú tienes otra cara, otro cuerpo, la persona que te ve te ayuda, te aporta más cosas. Para poner un pequeño ejemplo, de la ultima con Capoyanis. Michel creía que ella seguían locamente enamorada de él. Y puede ser. No hay nada que impida eso. Mi anterior versión era una mujer que más que morirse por él, lo que no puede soportar es la traición, la deslealtad, que después de todo lo que ha hecho, este tipo la deja caer. Hay una gran diferencia. La primera vez que la hice eran los celos y la ira, y después las cosas fueron variando, yo entendía más cosas de las mujeres y de las relaciones entre los seres humanos. En la última él me tocaba y directamente me desmayaba.
¿A qué crees se debe que sin ser un actriz mediática, ni televisiva, te conozca casi todo el mundo como actriz de teatro?
Supongo a que son muchos años que me han visto en periódicos, en entrevistas por televisión, pero sí es cierto, gente que nunca ha ido al teatro me reconoce, se acerca y me demuestra mucho cariño.
|