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a l´ombra de robrenyo
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Tres grandes espectáculos internacionales
En el número anterior, bajo el título “El Festival Internacional del Teatre Lliure” comentábamos dos de las cuatro propuestas que ese teatro ha presentado durante el mes de marzo. En aquel momento aún no se había representado el Macbeth del Düsseldorfer Schauspielhaus y la limitación del espacio me impidió comentar con cierto detenimiento Mnemmopark (Un mundo de tren en miniatura), creación y dirección de Stefan Kaegi, con la Compañía Rimini Protokoll. Frente al Lliure, en el Mercat de les Flors, pocos días después de la gran sorpresa y de la gran fascinación que ejerció en nosotros el Macbeth de Jürgen Gosch tuvimos la suerte de poder ver VSPRS de Alain Platel con Les Ballets C. de la B. (Contemporains de la Belgique) que nos resultó absolutamente atractivo, original y trasgresor. En suma la obra de un gran creador europeo.
Mnemopark es un espectáculo que parte de una maqueta real de ferrocarril a escala 1:87, y se pregunta “¿Qué nos parece la sociedad en esta reduplicación fabricada industrialmente?”. Kaegi, por medio de cámaras, se pasea por la maqueta de los Alpes como la propia compañía nos indica, “como hacía Andrei Tarkovski en su inolvidable Stalker, un viaje que pretende alcanzar las últimas zonas interiores de una tierra misteriosa”. Cuatro señores de ochenta años ruedan un film ante el público. Un film que pretende ser un documental de ciencia-ficción sobre las ayudas que necesita la agricultura suiza, que por lo visto atraviesa una gran crisis, y un hindú que invierte en petróleo. La hija de un granjero afirma desesperada que las vacas emiten más CO2 que los coches. De esta manera, la simulación del paisaje que comporta la maqueta se convierte en un plató de cine. Las praderas, las casas, los graneros, los bosques, son verdaderas falsificaciones. Pero el director quiere que se corrija la realidad, que se la engrandezca, que se la embellezca. En todo caso, habla de una Suiza a modelo reducido y nos viene a demostrar que los suizos viven en una imagen falsa de su país, porque entre otras cosas, sin las enormes subvenciones que se destinan a la agricultura, esta gran fuente de ingresos ya no existiría en Suiza. Además, el director juega con un elemento irónico, ya que parece ser que las altas montañas suizas son utilizadas por los directores de Bollywood. Vemos citas de películas de ese enorme centro de producción cinematográfica y llega un momento en que no sabemos en qué mundo estamos y entendemos que todas las imágenes que teníamos de Suiza, incluso la más terrible, la de Max Frisch, eran como un juego de espejismos.
Gosch es uno de los directores más críticos y provocadores de Alemania. Se atrevió a presentar en la ciudad hiper-burguesa por excelencia que es Düsseldorf —en mi época de estudiante la llamaban “el París de Alemania”— uno de los espectáculos más brutales, desagradables, incómodos y exasperantes que jamás hemos visto. Pero a la vez, es una de las propuestas más originales y una de las lecturas de Shakespeare más inteligentes que conocemos. Este espectáculo fue considerado el más importante de la temporada 2005-2006 por la prestigiosa revista Theaterheute. Nosotros diríamos que es uno de los mejores espectáculos alemanes de la década. Con sólo siete actores, que actúan gran parte del tiempo completamente desnudos, consigue lo que los grandes espectáculos no logran. El Frankfurter Allgemeine Zeitung escribió: “Tal vez hasta ahora este drama de Shakespeare no se había presentado tan claro y tan físico, tan repugnante y tan fascinante en su dureza, pero virtuoso y cómico, también en su brusquedad”. La verdad es que tuvimos la impresión que seguía el texto muy de cerca, y que lo llevaba hasta las últimas consecuencias. Como el propio director ha afirmado “un asesinato es un asesinato, y eso comporta sangre, orines y violencia”. Y también gran cantidad de escatología en las escenas de las brujas.
En pocos días, pues, hemos visto tres espectáculos de grandes creadores europeos de generaciones diferentes: Kaegi (1972), Platel (1959) y Gosch (1943). Platel nos presenta un espectáculo transversal que juega con todos los lenguajes (danza, canto, música, circo, mimo). Parte de las Vísperas de la Virgen de Claudio Monteverdi y las ilustra con los trabajos psiquiátricos filmados de Arthur Van Gehuchten. Los músicos actúan, algunos actores cantan, la fusión y la contaminación entre lenguajes es total. Platel convierte los movimientos aparentemente inútiles y gratuitos de los enfermos psiquiátricos en una reflexión de la pérdida de sentido de la condición humana en el mundo actual y consigue un clima profundamente religioso y, a la vez, absolutamente revelador de aquellas zonas del misterio en que está inmersa el alma humana. Sus diálogos bailados, sus imágenes extrañas, a veces imposibles, nos muestran una narrativa caótica, descoyuntada, que resulta sumamente atractiva, con momentos de una belleza insospechada. ¿Dónde está el teatro? ¿Dónde está la danza? Pina Bausch queda muy lejos. Ahora da la impresión que todos los lenguajes, gracias a Platel, pueden fundirse y crear una nueva realidad escénica que no sabremos dónde podrá llevarnos.
La dirección actual del Mercat de les Flors nos resulta absolutamente modélica. Es muy difícil programar durante toda una temporada un teatro de aforo tan enorme con sólo espectáculos de danza. Francesc Casadesús lo está consiguiendo, y en el Mercat, su casa actual, esta temporada hemos visto espectáculos memorables, como son el de Carolyn Carlson y el de Alain Platel.
Nuestro homenaje a Francesc Casadesús, en su apuesta y riesgo por intentar mostrarnos lo que tal vez sea la verdadera modernidad.
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