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Abril
Sombra.- Estamos en abril, jefe; y un 14 de este mes, justo en el año 1931, se proclamó la Segunda República Española, como usted sabe.
Sastre.- No solo lo sé, sombrita, sino que uno de mis primeros recuerdos es banderas tricolores decorando festivamente algunos balcones de Madrid, allí por mi barrio, y banderitas de los mismos colores, colgadas de los troles de los tranvías de la línea 17 de Madrid, bajando por la calle de Santa Engracia, y gestos de alegría ciudadana, que me hicieron pintar en mis propios papeles y con mis lápices de niño banderitas republicanas (con mis lápices rojo, amarillo y morado) cuando apenas había cumplido los cinco años.
Sombra.- (Se nota que se burla un poco) Qué interesante. ¿Y qué me quiere usted decir con eso?
Sastre.- Nada. Es un recuerdo infantil-republicano, y alegre, aunque luego supe que mi padre no debió alegrase mucho con aquel cambio, dadas sus ideas, muy conservadoras; pero ya que me reclamas una explicación te diré que lo traigo a colación a cuento de que he estado escribiendo estos días un texto que, de andar mejor de salud -en el sentido literal de "andar"-, me dispondría ahora a leer en la Universidad Autónoma de Madrid en una Jornadas Republicanas -las Quintas este año- que allí dirige mi amigo Julio Rodríguez Puértolas. Yo titularé mi intervención, que alguien leerá en mi nombre, "La república para qué" y en ella me preguntaré también por el para qué del teatro. Y ahora yo te pregunto a ti la misma cosa: ¿República para qué? ¿Teatro para qué? Porque, ¿son buenos y deseables -o sea, "buenos"- el Teatro y la República, se haga lo que se haga con ellos?
Sombra.- (Pensativa) Pienso que no, porque las repúblicas pueden hacer maldades y con el teatro se pueden hacer tonterías.
Sastre.- No sólo se pueden hacer sino que se hacen, y por eso ser republicanos y dedicarnos al arte teatral no dice nada a nuestro favor. Depende de lo que hagamos con nuestras repúblicas y en nuestros teatros.
Sombra.- ¿Y para decir eso iba a ir a Madrid?
Sastre.- Eso pero no sólo eso, maja; y quiero recordar a mis amigos matritenses algo que me dijo más de una vez mi amigo el maestro José Bergamín: que nuestro propósito bajo la dictadura no tendría que ser restaurar la Segunda República sino crear una "tercera república" sobre la base de evitar los antiguos errores e inventar y realizar las nuevas esperanzas. Para ir por nuevos caminos, si un día nos vemos en ese trance, habrá que tener en cuenta lo que se hizo y cómo se hizo, y lo que se intentó en aquellos años republicanos.
Sombra.- A lo mejor publican aquellas ponencias, allá en su pueblo.
Sastre.- (Satisfecho) ¿Encuentras el tema interesante?
Sombra.- Sí.
Sastre.- Por si no lo hicieran, te diré al menos una cosa, referente al teatro republicano (1931-1939), y es que entonces ya estaba muy claro algo que yo he dicho mil veces, y es que el teatro español es un medio extremadamente reaccionario, y que siempre ha sido muy difícil intentar hacer algo valioso en un medio como ése.
Sombra.- Sin embargo, por sus papeles veo que en la República hubo experiencias como La Barraca, de García Lorca.
Sastre.- Para el carro, sombrita; que La Barraca fue, antes que otra cosa un "tándem", como muy bien lo han revelado en su libro sobre Eduardo Ugarte los estudiosos Iñaki Azkarate y Mari Karmen Gil Fombellida (por aquí tienes la edición de ese libro: Eduardo Ugarte, Por la rutas del teatro, Editorial Saturraran, Donostia 2005); y no digo esto porque Ugarte naciera en Hondarribia, cosa que poca gente sabe entre la misma que no desconoce su existencia, sino porque es la verdad.
Sombra.- Y las Misiones Pedagógicas.
Sastre.- Y otras muchas tentativas y realidades republicanas de elevación del nivel cultural, también en el teatro. De eso también tratará mi ponencia. Pero lo más notable -y lo más significativo sobre la pobreza del teatro español después del siglo XVII y hasta nuestros días- es que el teatro durante la guerra civil se mantuvo al margen de la contienda, cuando no era que la mayor parte de sus actores y autores se "emboscaban" (como se decía), esperando en secreto la destrucción de la República por las tropas de Franco y sus colaboradores italianos y alemanes, cuyos bombardeos de Gernika y Durango se han recordado recientemente. Baste con decirte que a dos mil metros de las baterías de Franco, en Madrid, se hicieron estrenos de obras cuyos títulos son muy significativos, como ¡Cuidado con la Paca" y La boda del señor Bringas o si te casas la pringas. ¿Qué te parece?
Sombra.- (No puede evitarlo, ríe) Me hace reír.
Sastre.- Está bien, riamos, pero no deja de llamar la atención.
Sombra.- También hubo un teatro a la altura de la tragedia, ¿o no?
Sastre.- (Asiente) En Barcelona, en Valencia... También en Madrid, donde una minoría dirigida por otra minoría acertó a representar obras excelentes y a la altura de la gran batalla.
Sombra.- Se refiere a la Numancia de Cervantes, adaptada por Rafael Alberti, y a la Tragedia Optimista de Vishnievski.
Sastre.- Cierto; y de todo eso me he acordado estos días, pensando en la República.
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