|
|
abal
gunea
|
ona
Abierta
|
Cuerpos que dicen
En Pé de Pedra se ha constatado una de las tendencias actuales en el mundo de la danza: los cuerpos dicen, los cuerpos hablan, y no solamente con sus lenguajes compositivos visuales, espaciales, sino en el territorio de la oralidad, donde habitan las palabras. Palabras de inspiración poética, voces para dar testimonios personales, para acercar sensaciones de las creadoras.
En varias ocasiones esta cuestión queda manifiesta y clara, como es el ejemplo de la canaria Mónica Valenciano, que presentó Impregnaciones en la Sta. Nieves y Guitarra, en un espacio precioso, en lo que fue un cementerio, un lugar perfectamente iluminado, para comenzar con una suerte de ceremonia espacial, un ritual de movimientos a modo de mantra físico, para acabar hablando, es decir, comunicándose con la palabra, la dicha, y la escrita, pero también leída. Palabra activada y compartida, paradójico, “¿Cómo se baila un portazo? Bailemos un portazo”. Evocaciones que proponían una participación mental, como si cada espectador debiera completar su coreografía en su cabeza.
La voz reflexiva aparece grabada en el caso de Andrés Corchero y su Despacito, pero sus movimientos, su disfraz, solamente nos informan de una desesperación, quizás de un proceso creativo silencioso, donde no haya expresividad ni lenguaje corporal, casi ni desplazamiento, ni movimiento más allá que un leve latir basal de un ente, una máscara que se mueve sin más objetivos.
Sin embargo, los cuerpos se convierten en instrumentos de alta comunicación en el precioso y preciso trabajo de la portuguesa Ana Martins, Subterráneos do corpo, con una puesta en escena muy elaborada, realmente impresionante y en el que el juego de luz, el ritmo de exposición de dos cuerpos desnudos que crean toda suerte de formas, de misterios, de insinuaciones y ambigüedades que van tejiendo en el espectador una necesidad de entendimiento, unas ansias de descubrimiento, con un espacio sonoro en el que son ruidos, acaso sonidos de extracción fabril lo que van acompañando una liturgia anatómica, una suerte de geografía de los cuerpos que aportan en sus transformaciones información para una poética artística de la desnudez.
Posiblemente sea uno de los trabajos más profundos realizados en el campo del teatro o la danza de movimientos, de expresión corporal utilizada como elemento creativo sin fin. Dos danzantes moldean su cuerpo con lentitud oriental, pero con comunicación sugestiva, casi franciscana, como si en cada cuerpo existiera un alma, un hálito que lo trasportara hacia lugares plenos de gracia y talento, en un territorio escénico iluminado, tenuemente, pero capaz de crear volúmenes, sombras, invisibilidades y apariciones. Sin lugar a dudas: un magnífico espectáculo.
Dos trabajos austriacos antagónicos en forma y fondo. El presentado por Akemi Takeya y su ZZ es un juego interiorizado de lenguaje frío, con un gran aparataje de iluminación, un discurso tecnológico, físico, milimetrado, pero sin apenas impulso comunicativo. Uno se siente ante una ceremonia personal de la ejecutante como alguien que observa de manera impúdica. Precisión descriptiva en la iluminación, demora en las acciones, y una viaje por el interior de la bailarina que se nos quedó en su ámbito, sin llegarnos.
La otra opción, Tanzverein Erdberg y su Schmeichel: Abbau und Fluss III, era justo lo contrario, una gran chanza, una parodia constante, un espectáculo de humor centroeuropeo, una quedada, un flipe, un despropósito, una gamberrada sin matices. En plena campa, una ceremonia llena de guiños que quitaba hierro al ceremonial de la danza, lanzado hacia fuera para llegar a todos.
Uno de los clásicos de En Pé Pedra es su muestra “Puro e duro”, cinco propuestas unipersonales ejecutadas en una plaza, con la piedra como tapiz, en un espacio abierto, una iluminación plana y exuberante, para que se vea y los espectadores por los cuatro flancos.
Uxía P. Vaello con sus dos personalidades, la que es y la que quisiera ser, utilizando el texto para acercarse, para contarnos sus peripecias, y al final el cuerpo, la danza, para atestiguar su cambio, su paso hacia lo ideal.
Estela Lloves es puro texto, un texto repleto de connotaciones neuróticas sobre el propio espectáculo, sobre su idea de la felicidad y del tiempo. Y al final leves movimientos, expresión limitada.
Anuska Alonso es todo lo contrario, sin palabras, danza, movimientos, evoluciones, capacidad para desarrollar una coreografía de principio a fin.
Lo presentado por Diego Anido se asemeja más al teatro de objetos o a una actuación de clown. Desde el fondo de la plaza llega con un tablón que lo oculta, y con ese trozo de madera desarrolla una serie de acciones y gags, con buen tono, logrando la atención.
Terminó este apartado Laura Marrero, pura explosión física, pura comunicación, jovial, muy expresiva, con ganas de alterar la complacencia. Quizás el trabajo más claro y directo.
La compañía francesa DACM presentó I apologize, una inquietante pieza de la que ya habíamos hablado cuando se presentó en el Festival NEO, que desató de nuevo la controversia entre los espectadores por la dureza estética.
|