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Artez 123. julio 2007
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    Desmesura femenina

     

     

    Virgina Imaz

    En el IV Festival Internacional estuvimos invitadas a “trabajar” más de 80 payasas de 13 países diferentes. Todo un honor, un lujo y un placer. Todavía tengo la mirada llena de mujeres espectaculares: tiernas, locas, inocentes, provocadoras, absurdas, rotundas, vulnerables… Andorra fue de nuevo el reino de la desmesura en femenino. Estábamos las demasiado bajitas, las demasiado altas, las muy flacas y las muy gordas, las que tienen demasiadas tetas y las que tienen demasiado pocas… Una vez más las payasas fundamos el territorio simbólico y afectivo de las demasiado. Yo no cabía dentro del cuerpo. Me sentía desmedida, con la euforia de quien regresa a casa después de una prolongada ausencia. Todas aquellas payasas son mis hermanas de nariz. Me reconozco tanto en sus logros como en los naufragios de sus búsquedas artísticas. Sus creaciones me dan filiación y pertenencia. Tengo agujetas en el alma de tanta risa desatada. Hemos reído salvajemente y hemos hecho reír como si jamás hubiéramos sido domesticadas, como si no conociéramos los límites que nos impuso al nacer nuestra condición de mujeres.

    Territorio de reflexión

    Este Festival no es sólo la ocasión de ver creaciones de mujeres que son invisibles en otros foros, también constituye una ocasión privilegiada para el encuentro y la reflexión. Es cierto que sin la exhibición de los espectáculos el Festival no tendría sentido, pero la formación, el encuentro y el intercambio son imprescindibles. El subtítulo del Festival es Forum de la Comicidad y ciertamente este aspecto es, entre sus señas de identidad, uno de los aspectos más interesantes.
    Hablando con la directora artística del Festival, Pepa Plana, payasa catalana de larga trayectoria y reconocido prestigio, ella ponía el acento en la importancia de que las payasas reflexionemos sobre nuestro oficio. A los y las artistas en general nos cuesta pensar sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos. Esta carencia de discurso propio es más evidente todavía en la creación femenina. Pepa Plana planteaba que ella no quería abanderar nada, pero que era consciente de que sus conquistas personales en la profesión y la creación de este Festival habían abierto espacios para otras mujeres payasas, de la misma manera que antes de nosotras ha habido muchas otras mujeres luchando por hacerlo. Que el Festival y ella misma parecen estar siempre bajo la sospecha del “Feminismo”, con la mala prensa que esto tiene y lo anticuado que queda, sobre todo porque como todo el mundo sabe, hace ya rato que esto de la discriminación está superado. Ya estamos igual, si las mujeres en el terreno artístico no destacamos más es por falta de talento. Sin embargo, estudios como los que realiza el colectivo Projecte Vaca, que también participaron en el Festival, en una mesa redonda sobre mujeres creadoras, revelan y aquí las cifras cantan, hasta que punto la igualdad de oportunidades es todavía una utopía.
    Cuando Tortel Poltrona, entusiasta, después de una función de Pepa, se le acercó y le dijo: “ Tienes que montar un Festival de Payasas ”ella empezó a darle vueltas y a imaginarse cómo quería que fuera el Festival al que le gustaría que le invitaran. Que por ser mujer y payasa pudieras, para variar, estar incluida. Después de tantear las posibilidades en Cataluña, el proyecto cuajó finalmente en Andorra. Y es que Pepa Plana se negó desde el principio a organizar un encuentro “clandestino”, sin recursos económicos, donde una vez más las payasas, total mujeres, no cobraran por su trabajo. No se trataba de visibilizarnos a cualquier precio. La idea era dignificar el oficio y a las mujeres que lo ejercíamos. Hay motivos para el optimismo: en estas cuatro ediciones han pasado más de 350 payasas de todo el mundo por el Festival.
    En la actualidad Pepa Plana confiesa sólo el desgarro que le produce tener que elegir entre tantas solicitudes y tan interesantes, pero le extraña la rabia que le dirigen algunas de las personas no seleccionadas: hombres que se sienten “discriminados” porque les encantaría meter la nariz en el Festival y mujeres que no entienden por qué no son seleccionadas si son mujeres y payasas. Pepa Plana considera que las payasas tenemos que aprender también a dirigir nuestra rabia a otros Festivales y preguntarnos y preguntarles: ¿por qué yo no puedo estar ahí? Los otros Festivales de Payasos también son nuestros. Es nuestro derecho.

    Formación en acción

    En esta edición, la formación en clown corrió a mi cargo y también por cuenta de dos payasas y pedagogas extraordinarias: Grada Peskens y Laura Herts. También tuvimos ocasión de disfrutar de una clase magistral de Gardi Hutter, que tuvo la generosidad de compartir con todas nosotras los itinerarios de su proceso creativo. Gardi se formó en la Academia Superior de Arte Dramático en Suiza. Su problema, según se lo hizo saber el director de esta escuela era que ella tenía “cierto talento cómico” y que era demasiado bajita. “Eres demasiado pequeña. No vas a tener nunca papeles protagonistas”. Ella verificó que ciertamente no había demasiados papeles protagonistas para mujeres en obras cómicas y en la Escuela fue haciendo papeles masculinos sólo para ir aprendiendo. Para una actriz joven el teatro era muy aburrido. Las mujeres protagonistas siempre estaban enfermas, enloquecían o morían. No había papeles de mujeres jóvenes con los que ella pudiera identificarse. Además una actriz participa poco en el proceso creativo. Alguien escribe para ti, alguien te dirige, alguien te viste. Se considera que eres mejor actriz cuanto más maleable eres, pero ella necesitó desde un principio tener una voz más activa en la creación. Una voz propia.
    En Italia se enamoró de un payaso y entró como sustituta de un chico en un grupo de tres payasos. La dinámica no era fácil. Las relaciones allí también estaban llenas de tópicos. Ella tuvo que ir más allá de su condición de mujer. Encontrar su propia manera de hacer las cosas. Trabajando con Mario González del Teatro del Sol, en la comedia Los Caballeros de Aristófanes, una comedia en la que sólo había personajes masculinos, Mario decidió introducir una esclava, con lo que su personaje acababa siendo el más arrastrado, como mujer era doblemente esclava, esclava del amo y esclava de su marido esclavo. Jugaba que estaba embarazada y salía muy rechoncha y al mismo tiempo muy ágil. Al hacerlo sintió que tocaba algo profundo. Notó su yo auténtico, cómo aparecía su genuina manera de ser: su payasa. Y aquello se convirtió en una pasión.
    En la Comedia los personajes se abordan de una manera cómica. Lo cómico está en el extremo opuesto del poder. Y le costó hallar una mujer poderosa con la que identificarse y buscar en lo cómico. Hasta que dio con Juana de Arco. Investigó la comicidad de la hipótesis de que las voces de los Santos se hubieran equivocado y hubieran elegido a la payasa, que era demasiado gorda como para entrar en la armadura, como aquella destinada a la heroicidad. La historia fue concretándose y lleva 26 años representando su Juana d´Arpo. De este espectáculo ha realizado más de 1.000 funciones en 22 países.

    El clown desde la mujer

    Cree que la payasa es una prolongación tuya en lo profundo de tu ser. Está muy dentro de ti y al mismo tiempo te obliga a coger distancia de ti misma. Vive la tragedia y se ríe de ella. Es un viaje hacía la ligereza. No hacia la banalidad o la frivolidad, sino hacia la saludable estrategia de no tomarse las cosas tan en serio. La mayor certeza que tiene sobre su payasa es que la siente. Notas si está ahí o no está. Desde sus comienzos ha realizado seis creaciones como payasa. Intenta sentir qué es lo que quiere contar y la mayor dificultad que se ha encontrado siempre es la falta de referentes femeninos.
    Su consejo fue que tuviéramos fe en nosotras mismas. Si tu sientes que dentro de ti hay una buena idea, arriésgate aunque nadie te apoye. Quizás nadie ha ido todavía donde tú quieres ir. Es cierto que puedes fracasar, pero si nadie ha ido todavía y consigues contarlo, tu historia será única. Las payasas tenemos que ir más allá de las fronteras y de los límites si queremos hallar una voz propia.
    Grada Peskens, una de las pedagogas de la formación clown que se impartió en el Festival, comentó que su andadura en clown se remonta a 12 años atrás y que le costó llamarse a sí misma payasa. Su iniciación había sido en el ballet clásico, en la Academia de Danza de Holanda donde estuvo seis años. Luego pasó a la Escuela de teatro cabaret en Amsterdan donde se interesó sobre todo por la música y la danza. El clown Jango Eduards fue allí para dar un curso. Después trabajó con él en uno de sus espectáculos de clown y hubo un momento que Jango le invitó a dar un curso con él en Italia. Empezó llevando los calentamientos y mirando lo que él hacía. Poco a poco encontró su propio estilo pedagógico. En la actualidad trabaja en un trío que combinan el clown con la música clásica y que se llama The Sillyphonic Orchestra.
    El curso que impartió en Andorra y al que yo tuve la fortuna de poder acudir en calidad de alumna era su primera experiencia de sólo para mujeres. Estaba encantada. Decía que era lo mejor. Algo muy especial. Una fiesta. Que cuando le propusieron dar un curso sólo para mujeres se dijo: ¿Y sobre qué voy a trabajar? ¿Qué voy a proponer si no puedo reírme del tema entre sexos? Pero que se ha dado cuenta de que hay temas. Tanto seas hombre como mujer el objetivo es el mismo: reírse de sí. La meta personal: yo soy la más estúpida. Del curso sólo para mujeres rescata la reflexión de que es estupendo ser mujer clown porque eres hermosa sin necesitar ser la supermodelo. Que nos veía a todas hermosísimas en nuestras diferencias y peculiaridades. El humor se convierte en una suerte de liberación para las mujeres: abandonamos la servidumbre de tener que ser hermosas para buscar ese algo más que constituye el anhelo de cada cuál.
    Grada afirma que en sus cursos normalmente no utiliza la nariz roja. Considera que la máscara es algo a ponerse, o no, muy al final del proceso. Le gusta pensar que cuando enseña se lleva a la gente de viaje a la búsqueda de sí misma. Ser más libres tiene que ver con este buscar dentro. Aunque aparentemente suene paradójico: para llevar la nariz roja es importante no llevarla. Aprender antes que nada que la máscara no debe servir nunca para esconderse detrás, sino para ser más libre. En la actualidad ella sólo se pone la nariz cuando interpreta un rol de Augusto tradicional. Considera que el trabajo pedagógico precisa de coraje y de confianza, para que puedas mostrar tanto la vulnerabilidad como la fortaleza y hacer emerger todas las payasas que llevamos dentro. Basa toda su búsqueda en las emociones de “verdad”, en la honestidad emocional.

    Otra pedagogía

    Laura Herts, por su parte, quería ser actriz, pero era muy tímida. Su especialidad, el mimo, le vino naturalmente de joven. Tenía facilidad. En su primera visita a Europa, mientras que viajaba, hacía algunos de sus números pantomímicos en la calle. Jugaba cosas muy serias y dramáticas. Cuando llegó la risa algo se abrió en su interior. Algunos artistas callejeros, hombres, le animaron a continuar, precisamente porque era una mujer, porque apenas había y le hablaron del clown.
    Su payasa fue llegando poco a poco. Fue quitando maquillaje del mimo y desarrollando una peluquería más excéntrica y un vestuario más divertido. Así ha sido su búsqueda y así sigue siéndolo, porque considera que esta andadura es de por vida. De forma paralela a su incursión en el ámbito del clown, comenzaron a pedirle muy pronto que enseñara lo que sabía. Ella había hecho Le Coq. Todo el trabajo de máscara neutra. Y sentía que la máscara neutra y el clown estaban muy relacionados, pero se preguntaba: si para mí es difícil aún comprender esto ¿cómo voy a hacer para explicarlo? Se atrevió a intentarlo y a base de hacer talleres y de compartir, pudo comprender mejor lo que trataba de explicar y sobre todo aprendió a “ver” el potencial que se ocultaba en cada persona y a sentir lo que era “justo” y lo que no.
    El curso sólo para mujeres de Andorra, no era su primera experiencia de este tipo y cree que estos espacios segregados no sólo constituyen una fiesta de empoderamiento para las mujeres, sino que además y quizás por esto mismo, siguen siendo necesarios. Seguro que las mujeres estamos más liberadas que años atrás, menos molestas a la ahora de ponernos a jugar, pero su experiencia como pedagoga y creadora le dice que todavía a menudo a las mujeres nos cuesta realizar un juego completamente libre por causa del condicionamiento que hemos recibido.
    No sólo hay tabúes sexuales, también servidumbres de tipo afectivo. La sensación de que a veces salimos a jugar para complacer a alguien. Si en un grupo mixto hay un hombre que molesta a una mujer, este hombre molesta a todo el mundo y esta distorsión afecta a todas y cada una de las personas participantes. Por eso está bien que de vez en cuando no haya hombres en la búsqueda creativa de las mujeres. Nos podemos mostrar más solidarias y tiernas. Hay otras claves de juego. Hay mucho entre mujeres de compartir en lugar de competir.
    Ella pone el acento de su pedagogía en la presencia escénica y en el juego corporal. También le interesa entrenar el aliento, el placer y la meditación para encontrar la unidad con una misma. Trabaja mucho individualmente e intenta en los cursos conceder una atención individualizada a cada persona. Cree que las búsquedas creativas de las mujeres tienen elementos singulares, genuinos, que son los propios de cada sensibilidad artística, pertenezca esta a un hombre o a una mujer, pero también se aprecian elementos femeninos comunes que tienen que ver con el desafío que constituye ser mujer ahora y siempre. Por ejemplo la necesidad de ser aceptadas socialmente por nuestra belleza es una presión de la que hemos de reírnos o de nuestros “fracasos” en nuestras relaciones con los hombres. El mayor consejo que nos ofrece a las mujeres payasas es el de permanecer abiertas en nosotras y para nosotras mismas. Y por supuesto, nuestra asignatura pendiente: el placer.

     

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