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Gotas sobre el TAC
Sin duda, uno de los principales recuerdos que quedará en la memoria de los asistentes a la octava edición del Festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid, celebrado entre el 23 y el 27 de mayo pasados, será la presencia constante de la lluvia, factor que alteró en buena parte el normal desarrollo de la cita. Se suspendieron funciones, no muchas, aunque sí alguna de importancia –entendemos que la segunda representación prevista de El bazar de la langosta de NeedCompany–, razón por la que el Jurado decidió no mojarse y declarar desiertos los premios, si bien haciendo cuatro menciones especiales a los trabajos de Marta Carrasco, Alberto Saavedra, Yukiko Nakamura y Baró d’Evel Cirk. Pero la lluvia incidió también en los espectáculos que finalmente sí se llevaron a cabo, tanto para mal como para bien. Por ejemplo, pudimos asistir a la primera representación de Una madre coraje y sus hijos en el purgatorio, la coproducción que presentaban Teatro del Silencio y Karlik, justo después de que cayera una de las mayores trombas de agua del fin de semana, y mientras los intérpretes acusaron la hazaña con más de un catarro, los espectadores nos encontramos ante una magnífica obra, comprometida, cuyas potentes imágenes quedaban subrayadas por el barro que manchaba sus caras y cuerpos. Un esperanzador alegato en contra de la guerra y de la perversión materialista que ésta genera en el individuo, un viaje en el carro de Brecht que, sabiamente conducido por Mauricio Celedón, nos lleva hasta el árbol del bien y del mal de Dante. Un espectáculo frenético que golpea duro, lo que le hizo merecedor del Premio del Público.
Compendios de técnicas
La guerra es también el trasfondo de Ï, de Baro d’Evel Cirk, donde el joven Blai Mateu acomete el tema del exilio utilizando las técnicas circenses y un humor muy medido, del que resulta un espectáculo maduro, de alto nivel físico y mayor sensibilidad, donde la sorpresa constante, la ruptura de la lógica, nos hace más cercanas las vicisitudes a las que se ve abocado un personaje que irradia ternura por los cuatro costados. Destaca su gran precisión técnica, tanto en el espacio sonoro como en las videoproyecciones, que se integran en los movimientos del personaje, al igual que lo hicieran en la propuesta de los finlandeses Ville Wallo y Kalle Hakkarainen, sólo que en este caso fue una de sus grandes taras, ya que el fallo del proyector condicionó una función que, por lo demás, se reveló como uno de los espectáculos más comentados del festival. La impresión que nos quedó, es que, desarrollando la idea de la incomunicación en que se basa, en realidad se trata de dos trabajos inconexos, en los que cada uno de los artistas demuestra sus grandes habilidades con los malabares y la magia con imágenes, respectivamente, en un sencillo pero logrado espacio escénico. Y si este espectáculo hacía honor a su título, Confusión, la turbación también ha sido un elemento presente en otros espectáculos, como dos de los de los destacados por el jurado: el otras veces comentado VolteFace de Yukiko Nakamura, y el de Alberto Saavedra, que era una instalación escultórica itinerante con la que el espectador se encontraba en diferentes lugares de la ciudad, donde se podía pasear entre una veintena de niños de mirada perdida e inquietante, provocando sensaciones desconcertantes e intensas. Un acierto.
La belleza de las flores
Pero sin duda uno de los espectáculos que permanecerán en la memoria de quienes lo vieron –y esperamos que también en las conciencias– es el Barboni de Pippo Delbono, que consigue dar con ese punto mágico que es la belleza del ser humano, sea cual sea su condición, porque como dice la canción, “del diamante no nace nada, del estiércol nacen las flores”. Resuenan Kantor, Fellini y Beckett. La escena de ‘Esperando a Godot’ que interpretan Delbono y Bobó es una preciosidad; en la parodia clownesca de la muerte descubrimos al magnífico actor que es Gustavo Giacosa; Armando nos regala con su poesía uno de los momentos más emotivos... Y todo adquiere un mayor significado cuando previamente se conoce a Delbono, la historia de su vida, que él mismo relató el día anterior en un monólogo titulado Cuentos de junio.
Marta Carrasco nos deleitó con su J’Arrive que es un trabajo configurado con sus más impresionantes hallazgos a lo largo de los últimos diez años, y todo bien armado, perfectamente encajado, convirtiéndose en un montaje apabullante que da sentido a una trayectoria y en el que la creadora se reivindica por derecho, como sólo pueden hacerlo los grandes.
Taupadak es la intensa pieza que estrenó Kukai acompañado de los audiovisuales de Logela, un paso al frente en la propuesta artística de dar nuevos aires a la danza tradicional, buscando con éxito transmitir las sensaciones, las emociones. Pisando Ovos llevó No intre 1800, una coreografía que llega al espectador por momentos presentada en un espacio que la dejaba desangelada, mientras que los que sí pudieron integrarse en el lugar de la representación fueron KoPAS, de quienes vimos una de las tres propuestas, A moon and six pence, que nos dejó totalmente fríos. Ghetto 13-26, por su parte, realizó en El último ángel una performance multidisciplinar que a pesar de contar con vídeo y danza, no deja de ser un programa de radio para oyentes en vela, en el que se tocan muchos e importantes temas.
Aunque en condiciones casi extremas de frío y lluvia gozamos de la propuesta de títeres de Les Chiffoniers, especialmente de su viva representación de Moby Dick. Disfrutamos del sorprendente juego y del helado de Maras Turquis Ice Cream, de la marchosa música de Racalmuto, lo pasamos como niños en el Luna Park de De Stilje, Want. Malamente conseguimos ver un poco de algunos otros espectáculos como Charanga de Circolando del que nos quedamos con las ganas, y no pudimos ver otros muchos que esperamos encontrar en próximas citas.
Zorionak. El TAC es una fiesta del teatro en Valladolid, y como tal, no podía faltar en esta edición la celebración del 25 aniversario de la compañía más representativa de la ciudad, Teatro Corsario. Se brindó por la ocasión en una fiesta rodeados de amigos, se pudo v isitar una magnífica exposición de fotografías y elementos de sus montajes –títeres, escenografías, carteles, vestuarios...– y se presentó su obra Pasión que desgraciadamente no pudimos ver aunque sí la deconstrucción, documentada y académica, que de la misma realizó el profesor Enrique Gavilán, en la que nos daba claves para leer en profundidad el trabajo de la compañía que dirige Fernando Urdiales. Un merecido homenaje. Zorionak! |
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