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Maña creativa
La presencia de programadores llegados de Andalucía, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Catalunya, Euskadi o Madrid que han sido invitados por la organización de la Muestra Aragonesa de Teatro y Danza con el objetivo de “abrir a las compañías las posibilidades de actuar fuera del circuito de Aragón”, según destacó la coordinadora Marián Gimeno, fue, junto a los espectáculos exhibidos, uno de los aspectos novedosos de esta edición que volvió a convertirse en el punto de encuentro de los programadores de Huesca, Teruel y Zaragoza. Esta cita que se desarrolló en diferentes escenarios de la localidad turolense de Alcañiz y la zaragozana de Caspe donde se pusieron en escena más de una veintena de espectáculos que han sido estrenados después de celebrarse la anterior edición de la muestra, se caracterizó por la desigual calidad y aceptación de los trabajos, aunque con una mayor presencia de propuestas brillantes y atractivas.
En pie de guerra
Dos producciones que tienen la guerra como trasfondo pero con total divergencia de estilo y técnica aportaron la agradable sorpresa en la jornada inicial.
Un descarnado drama sobre los crímenes de guerra de los que es acusada la protagonista de Días sin nada, es el motivo central del durísimo alegato que presentó Tranvía Teatro a partir de un texto sin concesiones de Rafael Campos, y que tuvo sus momentos más brillantes en la certera e inspirada interpretación que ofreció Cristina Yáñez.
En la puesta en escena de En pie de guerra, por su parte, Los McClown presentaron una broma en clave de clown, en la que sustituyeron las narices rojas por unas de clarificados color ‘caqui’, en torno a un tema tan serio como lo son los conflictos bélicos imperialistas. En un gran trabajo actoral de Laura Gómez-Lacueva y Alfonso Palomares que consiguen mantener el interés en todo momento, el cuarteto de intérpretes desgranó un selecto surtido de sketches de humor ácido que lograron evitar que la sonrisa se congelase ante la intensidad del cierzo que se hizo notar en el auditorio Pui Pinos.
El humor también fue el elemento central de propuestas como Viudas de Nasú, de la compañía homónima, que recurren a un divertidísimo compendio de sketches en los que toman como punto de partida el recuerdo-homenaje que tres viudas dedican a sus difuntos maridos, que se entrecruza con un sinfín de historias paralelas. Aunque resulta un trabajo efectista, la interconexión entre la historia origina y las que se cruzan con ella resulta imposible.
Una historia más coherente es la que acercaron Teatro Che y Moche con la original y decabellada propuesta Los músicos del Titánic, con pasajes en los que el absurdo y la comicidad de las situaciones planteadas lleva a momentos delirantes.
Personajes con brillo
Teatro del Temple fue una de las compañías más activas de la Muestra con la puesta en escena de dos propuestas de características totalmente dispares. En la primera de ellas Ricardo Joven, se encarna en el líder del dúo de actores que interviene en la puesta en escena de Fin de partida, uno de los textos representativos del Teatro del absurdo de Samuel Beckett. Aunque el equilibrio entre los personajes no es lo habitual en las obras de Beckett, la brillante encarnación de Joven en el tiránico Hamm llega casi a eclipsar a José L. Esteban. Éste, sin embargo, se sacó al día siguiente la espina en el recital No, no siempre fui tan feo, convertido en un gran rapsoda que desgranó un acertado repertorio de poemas contemporáneos en castellano que parecen hechos a su medida, y para lo que contó con la compañía del inspirado músico José J. García.
El teatro se dio la mano con la escultura en La puerta del infierno, Rodin que presentó Luna de Arena y en la que resultaba extraño ver a Jaime Ocaña interpretando un trabajo diferente de sus habituales monólogos humorísticos, aunque los cuatro protagonistas hicieron fluir un texto dramático de José Luis Esteban, que deja abierta las interrogantes sobre los motivos que llevan a unos personajes a intentar salir de su encierro en el museo y de las ansias de Paula por acceder al mismo y conocer, manteniendo la incertidumbre, de qué se esconde tras esa puerta.
Afortunado regreso
La presente edición de la muestra aragonesa incluyó la presencia de dos intensos e interesantes monólogos. El primero de ellos llegó de la mano de Alfonso Palomares, en una producción de Lagarto lagarto que con Yo, Segismundo, presentó una revisión del personaje de ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca en una adaptación libre y contemporánea pero algo difusa que realiza el propio Palomares, quien volvió a ofrecer una demostración de las cualidades que atesora para la interpretación.
Pedro Rebollo, por su parte, demostró estar en plena forma con el implacable monólogo de Bernard-Marie Koltès La noche justo antes de los bosques que, por fortuna para deleite de los aficionados que no pudieron presenciarla con anterioridad, el actor ha decidido recuperar. En un escenario desnudo y sin ningún elemento que ayude al trabajo del actor, Rebollo bordó con precisión la interpretación de un emigrante obligado a la marginalidad.
La conclusión de la Muestra contó con la puesta en escena de Travesía una plástica coproducción de Embocadura, Teatro Arbolé y el Centro Dramático de Aragón que aúna la danza, el teatro, la música y las artes plásticas y audiovisuales con la precisión y buen hacer de la bailarina Silvia Auré y del actor Mariano Anós y a quienes acompaña una ecléctica orquesta integrada por una decena de buenos músicos. El multidisciplinar equipo se sincroniza en cada una de las facetas del espectáculo para presentar un cuidado e intimista espectáculo con momentos que van de la intensidad y la fuerza a la suavidad y la dulzura.
Los espectáculos de danza contaron con los trabajos de ABC Danza, que en Trayectos ofreció cinco piezas de estilo, estructura y composición diferentes, que van de las más contemporáneas creaciones de diferentes creadores a la cultural urbana del hip hop, mientras que la Compañía Elia Lozano ofreció un preciso recorrido pedagógico con su trabajo En busca de la danza perdida, una propuesta que recoge algunos de los momentos más significativos de esta disciplina a lo largo de la Historia y que además de resultar amena y agradable para el espectador es una pieza indispensable para acercar este arte a los más jóvenes.
Aragón Arte
Alcañiz y Caspe también fueron el marco para la presentación de propuestas dirigidas al público infantil y familiar como la ‘revista teatral’ Ranas y princesas de Títeres de la Tía Elena, en la que el trabajo de manipulación se combina con la música en directo o la certera adaptación que Teatro Arbolé realiza del tradicional cuento El intrépido soldadito de plomo, utilizando marionetas de todo tipo y estilo.
Uno de los aspectos que merece destacarse de la presente edición fue la acertada selección de trabajos dirigidos a escolares adolescentes que disfrutaron con el humorístico Cambaleo chespiriano de Tranvía Teatro, que acercó de forma amena pasajes de las obras de Shakespeare, y Por el mal camino de Producciones Viridiana que mediante un grupo de cómicos ambulantes presentó un certero recorrido a través de los clásicos españoles.
La Muestra Aragonesa fue además el marco para la presentación de la revista de difusión anual ‘Aragón Arte’, una publicación editada por el departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón que recoge los eventos culturales de ese territorio y que se acompaña de un DVD en el que se incluye información de espectáculos y datos de compañías de teatro, danza y de formaciones musicales aragonesas. Tanto la publicación como el DVD “serán actualizados y reeditados cada año”, según señaló en la presentación su coordinador José Luis Melendo.
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