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A vueltas con los premios
Volvemos de Caracas, donde hemos asistido al acto de entrega a su ganador de un premio literario -bueno, más bien intelectual y político- que va a ser importante, aunque nada más sea por la cantidad de su dotación, 150.000 dólares, enhorabuena; de cuyo jurado he formado parte. ¿Y a qué viene decir esto? Viene a que me siento en una situación paradójica, que yo mismo no sé explicarme bien; se trata de que mi opinión es que los Premios son siempre injustos, y sin embargo yo he aceptado muchas veces formar parte de estos certámenes. No acaba de aclararme mi situación el que esta vez yo comunicara a mis colegas mi opinión contra los premios, en función de que lo ético y razonable es no colaborar en la injusticia que fatalmente comportan, ¿y por qué ello es así? A mis colegas les he dicho que la "sensibilidad" es un componente esencial de la escritura, y que esa instancia -la sensibilidad, digo- no es reductible a términos racionales y generalmente válidos; de manera que lo que la obra que es " buena" para una persona ("¡qué obra tan excelente!") puede ser "mala", o, al menos, no tan buena para otro lector o espectador de la obra ("¡que obra tan mediocre!", por ejemplo), y ambos tendrán razón: su razón, irreductible a términos objetivos.
La verdad es que esta idea es aplicable sobre todo a las obras de arte o de literatura, y que en el ensayo habría que matizarla en el sentido de que juzgar una obra "filosófica" es cuestionable más bien por la importancia de la ideología en estos juicios, entendiendo la ideología como un ingrediente próximo a la sensibilidad del sujeto; a, digamos, una especie de ilusión de objetividad, o, como se ha dicho mil veces, a una falsa conciencia de la realidad. La mejor obra filosófica -o, en grado menor, el mejor ensayo- sería el más próximo o que más aproximara a sus lectores a la verdad, pero sobre eso de la verdad se puede pensar de muchas maneras, y ninguna, en principio, es "mejor" que la otra (depende de lo que piense uno), a no ser que nos metamos en las angosturas de uno u otro dogmatismo, o, en el mejor de los casos, nos situemos en la vecindad de las certezas científicas, que también cambian con el tiempo.
En fin, yo estimo que conceder un "primer premio" en el campo de la cultura -con las diferencias, ya apuntadas, entre el arte y la literatura, por un lado, y la filosofía o el pensamiento, por otro- a una obra o a un autor es un acto injusto; y ello porque en este campo no hay "números 1" como los hay en las carreras deportivas o en las ligas de fútbol o en los campeonatos de ajedrez, ya que siempre son varias las figuras destacables, lo cual hace como una especie de "pléyades" (no confundir con las "generaciones"); y ello nos permite decir que es bueno y puede ser justo hacer "antologías" de obras o de autores, pero injusto, y en ese sentido "malo", dar "primeros premios" como los que se conceden, porque ciertamente se lo ganan, el corredor que llega primero a la meta en una carrera o el lanzador de jabalina que la arroja más lejos. Esto está muy claro en el arte, incluso en el de la tauromaquia, y por eso fue una tontería, además de una fanfarronada, que aquel torero que se llamó Luis Miguel Dominguín se proclamara a sí mismo, en el ruedo de una plaza, el "número 1" del arte de torear de su tiempo; de manera que eso que se suele decir de tal o cual pintor: que es o fue el mejor de su tiempo nunca es verdad, ni cuando se dice de Pablo Ruiz Picasso, porque a mí, sin ir más lejos, me dicen muchas más cosas los cuadros de Francis Bacon y, desde luego, de Edward Hooper. Cuando alguien dice, por poner otro ejemplo significativo, que Pirandello fue el mejor dramaturgo de su tiempo está diciendo sin más una tontería aunque a sus admiradores les parezca una verdad indiscutible; y ello porque hubo en "su tiempo" -por otra parte, ¿dónde empezó y dónde acabó "su tiempo"?- muchos autores excelentes, tan espléndidos de talento dramático como él.
Mi Sombra (intervine inopinadamente y me parece que con una cierta mala idea).- Oiga, oiga, maestro, ¿y dónde coloca usted a su Cervantes y a su Quijote de su alma? ¿No fue Cervantes el mejor escritor en lengua castellana de su tiempo? ¿No fue el Quijote el "número 1" de las novelas en lengua castellana de su tiempo? ¿No hubiera sido justo un premio que así lo hubiera reconocido? Ya con Picasso me ha parecido un poco fuerte que usted lo comparara con esos pintores como Bacon y Hoover. ¿Es cierto que le parece que están a la altura de Picasso?
Yo (un poco fastidiado por la interrupción).- Ejem, yo empiezo por decir que no se trata de poner a éste o aquel artista en un cumbre desde la que todos los demás artistas resulten "a menor altura"; y en cuanto Cervantes por un momento me ha parecido que me has pillado; pero esto es porque yo soy un devoto de su obra, y para un devoto no hay nada más grande que el objeto de su adoración. En cualquier caso, también te puedo responder con esta idea: la de que viene a ser cierto que no hay regla sin excepción, y que hay excepciones que confirman las reglas. ¿Qué te parece?
Mi Sombra.- No sé, no sé. Pero además no nos ha explicado por qué forma parte de jurados si piensa lo que piensa de los premios.
Yo.- Es verdad; y tengo una respuesta, aunque no sea muy brillante. Pero la dejaremos para otro día, porque a estas alturas del papel ya no puedo meterme en más laberintos.
Mi Sombra.- Usted manda, jefe.
Yo.- El próximo día volveremos a estar un rato a vueltas con los premios. ¿Te parece?
Mi Sombra.- Sí.
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