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“El período de búsqueda es constante y me apasiona”
Virginia Imaz
Estrella Ortiz cuenta cuentos desde 1984. Durante años ha compaginado su trabajo de actriz –fue cofundadora de la compañía de teatro Fuegos Fatuos- y cuentista. En 2002 publicó su libro ‘Contar con los cuentos’, un ensayo sobre el arte y el oficio de contar historias y periódicamente colabora en revistas especializadas a propósito de los cuentos y de cómo hacer animación para leerlos. Pertenece al Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara y es una de las creadoras del Maratón de Cuentos que se celebra desde 1992. En mayo ha publicado ‘El libro de los arrullos’. Mi primer abrazo de palabras, una antología sobre rimas y juegos de falda para bebés.
Los días 6 y 7 de septiembre dará un curso sobre narración oral, organizado por la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha dentro de su programa de formación bibliotecaria. El curso se celebrará en la Biblioteca Pública de Cuenca.
¿Qué es contar para ti?
Contar cuentos es un oficio y una forma de vivir. Me siento muy afortunada por tener tan unidos mi afición y mi trabajo. Desde muy pequeña me apasiona leer y reflexionar sobre el sentido de las cosas, así que últimamente he llegado a la conclusión de que en realidad soy una lectora de la vida que cuenta sus lecturas. O lo que es lo mismo: de oficio, vivir, y vivir para contarlo.
¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente? ¿Cómo fue que comenzaste?
Empecé en 1984 gracias a una invitación directa de Blanca Calvo, la bibliotecaria de Guadalajara. Por entonces estaba comprometida de lleno en la compañía profesional de teatro Fuegos Fatuos y los cuentos me supusieron una aventura –tenía noticias de Caperucita Roja y poco más- de conocer y disfrutar que continúa hasta la fecha. Creo que el motor principal fue poder contar cuentos a mi hijo, que entonces era un bebé, y con la disculpa, también a mí misma.
¿Una narradora nace o se hace?
Las dos cosas. Es posible que haya una inclinación personal a compartir, a comunicarse, a soltar lo que llevas dentro. Pero es una actitud humana universal. Luego está la práctica, el trabajo, la experiencia para sacar conclusiones y poder avanzar.
¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
Mi formación fue absolutamente autodidacta, pues por aquel entonces no tuve oportunidad de ver a nadie narrar profesionalmente y libros, sólo había un par de ellos que hablasen del tema. Así que por mucho que los exprimí, tuve que enfrentarme al hecho de que a contar cuentos se aprende contándolos. Y no hay más. Por eso me gusta ser extremadamente respetuosa con las personas que participan de mis cursos. Yo les cuento mi camino, pero dejo bien claro que cada persona ha de encontrar el suyo. Lo cual no es obstáculo para que se puedan adelantar muchos trechos en un oficio gracias a la experiencia de los que ya lo hicieron. Narrar historias es un oficio muy viejo.
¿Para quién prefieres contar?
Me encanta contar en bibliotecas, pues por mi amor a los libros lo considero un contexto y decoración ideal, para niños y niñas de 5 a 10 años, una edad con la que de manera natural me siento conectada. Y luego, por supuesto, para adultos.
¿Qué tipo de historias prefieres contar?
No tengo temas de preferencia. Lo que sí he observado en mi trabajo es una evolución hacia la poesía. Siempre me han gustado las historias cortas, la síntesis narrativa, así que en algún momento había de encontrarme con el poema, que es la palabra medida, rítmica y concisa por excelencia.
Mi criterio es contar lo que me gusta en cada momento, lo que me sorprende de lo que vivo. Y a fuerza de años he observado unas constantes. Soy una idealista y aunque sin moraleja, lo que da sentido a mi trabajo es transmitir historias que nos hagan avanzar hacia un mundo mejor.
¿Cuál es la " cocina " de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla?
Me apasiona vivir el periodo de búsqueda, que es constante. Luego, a la hora de ensayar soy muy desordenada. Por eso me gusta trabajar con otros profesionales, para disciplinarme.
¿Cuales son para ti las condiciones ideales para contar?
Un espacio acogedor, sin ruidos. Un número de asistentes que no rebase la idea de “intimidad”. Una luz cálida. La posibilidad de crear un momento mágico sólo con la palabra.
Contar ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico...?
Creo que unos aspectos no excluyen a los otros. Me gusta una idea integradora, pero eso sí, sin utilitarismos demasiado interesados.
Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...)
Me gusta explorar las posibilidades de la palabra como máximo recurso. Pero soy una creadora y no me pongo trabas a la hora de trabajar con diferentes elementos o disciplinas. Cuentos y libros, cuentos y música, cuentos y arte, cuentos y poemas… cuentos y lo que sea necesario.
¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad? ¿Como gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
Haber sido pionera me hace valorar mucho lo que hay. Tantas personas que cuentan, tantos lugares donde se cuenta, tanto movimiento en general alrededor del cuento. A mi modo de ver, nuestra sociedad ha hecho un hueco a esta disciplina a todos los niveles. Como profesionales es nuestra obligación trabajar con responsabilidad y honradez para que la esencia del oficio no se banalice.
Anécdotas de cuentera.
Cuando cuento para niños y niñas tengo un alias: me llamo Rotundifolia. En realidad, cuando empecé a contar cuentos hace casi veinticinco años, fue con ese nombre. Pues bien, esta señora Rotundifolia en muchos lugares –y en Guadalajara, por supuesto- es más conocida que yo. Así que bastantes veces ocurre que cuando me presento a una persona, me dice: “así que… ¿tú eres la bruja Rotundifolia, ésa que me contó cuentos cuando era pequeño? ¡Qué fuerte!”. Yo me sonrío de corazón, pues observo que me mira como a través del tiempo, como traspasándome, como sin creérselo del todo, y eso me gusta.
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