Revista Artez
Portal Artezblai
Libreria Yorik
Revista de las Artes Escénicas
Artez 129. enero 2008
Hoy es
 
  • Teatro
  • Música
  • Danza
  • Zona Abierta
  • Opinión
  • Suplemento Escenium
  •  
     
  • Agenda
  •  
     
  • Conócenos
  • Suscríbete
  • Contacta
  •  
     
  • Buscador
  • Números anteriores
  • Directorio
  •  
    iritzia
    opinión
    LUZ NEGRA


    Tierra de nadie

    Josu Montero

    Hoy no existen las fronteras. No existen para el dinero, ni para las mercancías, ni para los turistas. Para los seres humanos de la mayor parte de nuestro ancho mundo la realidad es muy otra. Para ellos pintan bastos. A las mentes “pensantes”, a tantos pretendidos intelectuales, a los medios de comunicación de nuestro primer mundo se les llena la boca previniéndonos contra los nefastos males del nacionalismo. ¿Cómo llamarán esos furibundos Torquemadas “antinacionalistas” a los cientos de hombres y de mujeres que mueren cada año intentando escalar las altas y bien pertrechadas murallas de nuestro paraíso privado? Sin ninguna duda ese es el nacionalismo que más muertos causa al día de hoy. Pero al contrario de lo que predican esas lumbreras del humanismo, las vidas humanas no valen ni mucho menos lo mismo. Hay vidas –muchas- que parecen estar de saldo. Sentimos inmensamente los muertos en la carretera, los muertos del cáncer y del sida, los muertos del terrorismo, las muertas de la violencia doméstica; pero para nosotros el problema de la inmigración no es otro que la inseguridad ciudadana que parece traer aparejado, o el miedo a que los de fuera se lleven su minúsculo pedacito de la tarta de nuestro estado del bienestar, miedo que imperceptiblemente va creando una xenofobia más o menos latente. Pero los cientos de negros o de moros que mueren por el camino de frío o de sed o ahogados, esos, no figuran en las estadísticas de nuestras preocupaciones. Eso, por supuesto, no es nacionalismo; es la lógica defensa de lo nuestro.
    En el verano de 2005 saltaron a la televisión las escalofriantes imágenes de cientos de africanos desesperados intentando saltar la valla que les separaba de Melilla. También conocimos los campamentos clandestinos en los se hacinaban miserablemente durante meses a la espera de su oportunidad. A la dramaturga vasca Amaia Fernández (Bilbao, 1970) aquellas imágenes la indignaron y la espolearon a ponerse en el lugar del otro. De ahí nació “Amarás a tu prójimo”, obra con la que la autora ganó el Premio “María Teresa León” para autoras dramáticas del año 2006, y que ha sido editado hace unos meses. Ya en el 2004, Amaia Fernández había resultado finalista del mismo premio con “Turno de noche”, también editada pero no estrenada, como tampoco parece que vaya a serlo este “Amarás a tu prójimo” a pesar de tratarse de un montaje nada complicado y de tan sólo tres personajes; pero para los directores y las compañías de estos lares lo cierto es que los autores no existen, y menos aún si son vascos y desconocidos.
    Decíamos que fue la indignación y ese ejercicio tan literario y tan teatral –y tan humanizador- que consiste en ponerse en el lugar del otro lo que se halla en el origen de esta obra. Amaia Fernández le da la vuelta a la tortilla: quienes en un lugar y un tiempo indeterminados se hacinan y malviven en un miserable campamento a la espera de dar el salto a la prohibida tierra de promisión son españoles, franceses, ingleses o alemanes. Ya ha sucedido otras veces, ¿por qué no va a volver a suceder de nuevo?, parece decirnos la dramaturga.
    David es un español que tras un largo periplo acaba de llegar al campamento en el que traba relación con otra española ya casi anciana, Teresa. A David le roban todas sus pertenencias la primera noche. El tercero en discordia es Robin, un ciudadano del país al que Teresa y David ansían entrar; hijo de española, Robin representa a esa mafia que intenta aprovecharse y enriquecerse con la desesperación y la desgracia ajenas. Pero aquí no hay buenos ni malos; mejor dicho, la dramaturga pretende mostrarnos lo que cualquiera sería capaz de llegar a hacer para sobrevivir y seguir adelante, a qué punto de bajeza moral podemos llegar en determinadas circunstancias extremas. Por lo tanto lo que no hay aquí es buenos; en un grado u otro, todos son mezquinos y crueles. El drama tiene más vigor en tanto que el personaje de Teresa –el único que parece salvarse de la quema- también se embarra de las miserias humanas de esa tierra de nadie. “Lo que ocurre en este lugar a nadie le importa”, afirma David en un momento; y Robin lanza tajante: “Este sitio existe pero no existe y es así como nos conviene que siga”; toda una terrible metáfora. Como ese otro momento en que el “negrero” afirma quizá siquiera sin ironía –lo que hace que la frase resulte aún más escalofriante-: “Yo amo la libertad”.
    Amaia Fernández plantea también otros asuntos como el cuestionamiento de la propia identidad, o incluso su pérdida, en alguien que padece ese rosario de pérdidas y humillaciones; o el racismo entre los propios parias. En un momento de especial y sutil intensidad, Teresa y David imaginan la vida cotidiana y sencilla de los habitantes de más allá de la frontera.
    Según ella misma ha reconocido, Amaia Fernández se interesó por el teatro cuando estudiaba en el Instituto Central Femenino de Bilbao, época en la que participó en varios montajes teatrales del centro, dirigidos por Roberto Negro. Pero pronto se fue a Madrid –donde aún vive- a cursar Ciencias de la Información, Bellas Artes y Arte Dramático; es también actriz, pero ha confesado encontrarse más a gusto en la intimidad creadora de la mesa de escribir.
    Organizado por la Asociación de Directores de Escena, el prestigioso Premio “María Teresa León” para Autoras Dramáticas cuenta en su haber con trece convocatorias, y han resultado ganadoras o finalistas del mismo un buen puñado de las autoras jóvenes más interesantes con que cuenta actualmente el teatro español; nombres ya consolidados como Yolanda Pallín, Lluisa Cunillé, Itziar Pascual o Laila Ripoll; y otras aún no tan reconocidos pero que a buen seguro lo irán siendo cada vez más: Carol López, Victoria Spunzberg, Gemma Rodríguez o Inmaculada Alvear. Además de la obra de la dramaturga bilbaína, este libro contiene también la obra finalista: “Little Brook”, de la vallisoletana Irene Mazariegos.

    pagina principal

    Teatro | Música | Danza | Zona Abierta | Opinión | Agenda | Suplemento Escenium | Conócenos | Suscríbete | Contacta | Buscador | Números Anteriores

    © ARTEZBLAI SL,2005
    artez@artezblai.com
    C/ Aretxaga 8, Bajo- 48003 - Bilbao - Bizkaia tlf: (+34) 944 795 287 fax: (+34) 944 795 286