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El
juego del bien y el mal
EL
UNO Y EL OTRO
Autor: JAIME ROMO
Intérpretes: ADOLFO FERNÁNDEZ, RAFAEL MARTÍN
MORANTE
Escenografía: JOSÉ IBARROLA
Iluminación: TOM DONELAND
Dirección: MIKEL GÓMEZ DE SEGURA
Producción: TRASPASOS KULTUR, K AUDIOVISUALES |
Dos
personajes en una suite de un hotel lujoso. Uno es un actor reconocido,
el otro es el actor que le dobla en las películas que protagoniza.
Falta menos de una hora para que el primero reciba el premio que
le consagra como el mejor actor de la historia del país.
El uno y el otro es un espectáculo que nace de una idea de
Adolfo Fernández actor que lo interpretará junto
a Rafael Martín Morante y que surgió cuando
conoció a Claudio Rodríguez, la voz en español
de actores como Charlton Heston o Sean Connery. Según nos
ha explicado Fernández el espectáculo no tiene
nada que ver con su vida, pero me pareció un buen argumento
el juntar a un actor con su doblador, una excusa para reunir a dos
personajes dispares. Uno cree que lo ha conseguido todo y en realidad
no tiene nada, y el otro, el anodino, el incorpóreo, cree
que no tienen nada pero sin embargo lo tiene todo.
En palabras de Mikel Gómez de Segura esa idea inicial puesta
en manos de Jaime Romo, autor del texto, ha transcendido la
anécdota para convertirse en una historia universal, un relato
que no sólo llega a la profesión. Los dos personajes
son como un Quijote y un Sancho Panza. Desde lo concreto tratan
temas universales y esa es la gran virtud del espectáculo.
Los personajes
Adolfo Fernández define a su personaje, el uno, como el hombre
que ha truinfado bien por casualidad o con un gran esfuerzo, habrá
tenido que hacer concesiones a la industria que ahora le venera
y que le permite llevar unos gramos de coca en el bolsillo, beber
bourbon mezclado con caviar y llevarse las zorras más caras
al hotel, pero eso no significa nada. Sólo le reporta soledad.
Antes disfrutaba de ese éxito, pero de repente ve la gran
vacuidad que existe en su espíritu, en su alma, aunque sigue
sin saber qué es lo que quiere. Vive en un proceso autodestructivo
que le hace perder mujeres que le han amado profundamente, familias,
hijos que ni sabe ni quiere saber dónde están. Su
vida es una rutina porque, aun cuando desprecia los grandes alardes
o los grandes premios, sabe que sigue estando al servicio de la
industria ya que por ello le pagarán más al día
siguiente. No obstante, el uno tiene una gran necesidad según
nos desvela el actor: precisa de alguien que le escuche, una persona
que le obligue a contar algo de sí mismo. Ahí es donde
aparece el otro, al que Rafael Martín Morante describe como
un ser que ha pasado la vida encerrado en el estudio de doblaje,
pero que tiene una familia que le quiere. En un momento de su vida,
por unas circunstancias muy ocasionales, le conceden la exclusiva
de la voz de la estrella. Desde la sala oscura, vive la fantasía,
el glamour, la ilusión, hasta que en cierto momento alguien
decide que sea él quien entregue un gran premio al actor,
encontrándose con la oportunidad soñada de tener los
cinco minutos de gloria que todo ser humano necesita. Ahí
es donde comienza el debate, cuando acude a la habitación
del otro a pedirle el favor de acudir al recibimiento del galardón,
ya que sabe que lo mismo no aparece.
Diferentes matices
Aunque
según lo descrito pueden parecer la cara y la cruz, el director
de la obra asegura que en el transcurso del montaje, eso que es
blanco o negro, absolutamente teatral, varía por la aparición
de una circunstancia vulgar y cotidiana. Así, los dos personajes
rompen el enfrentamiento dando paso a los diferentes matices. Los
personajes no se descubren porque el autor gratuitamente quiere
desenmascararlos, ni porque hagamos un juego teatral, sino porque
la situación, la necesidad, les empuja a sincerarse. De reprente,
lo que podría ser un titular como La estrella sin voz
y la voz sin estrella se convierte en El sueño
americano de este país y este país que sueña
en América. Aunque en la opinión de Mikel
Gómez de Segura los personajes están llevados al extremo,
también afirma que él no podría dirigir una
obra que no sientiera, y en todo el espectáculo no
hay una frase que no sienta como propia. Aunque no relacione los
sitios, he sentido tanto los sueños de grandeza como la frustración.
Según Gómez de Segura, en Pepe el Romano, su anterior
montaje, el motor de la historia eran dos decisiones; la del hombre
que la toma por amor y la de su amigo que la toma por dinero. En
El uno y el otro, de forma casual, esto se amplifica, porque la
determinación ya está tomada. El mensaje se sitúa
a otro nivel, y a pesar de su bagaje, a estos personajes es menos
lo que les separa que lo que les une.
Durante el transcurso de la obra, tanto Rafael Martín Morante
como Adolfo Fernández se encuentran en todo momento sobre
el escenario, por lo que reconocen que se trata de un trabajo actoral
duro, una obra apasionante y al tiempo, un desafío
reconoce Martín Morante.
Lujo y sencillez
El diseño de la escenografía es de José Ibarrola,
quien ha elaborado una suite de hotel lujoso que correspondería
con la personalidad de su ocupante. De hecho, según adelanta
el director del montaje, se trata de una habitación situada
en el último piso del edificio, sensación que logran
gracias a la colocación de un ventanal en el fondo del escenario
a través de la cual llegará la luz lejana de la calle.
El personaje cree que desde ahí arriba se domina el
mundo, aunque aún necesita más. Por ello, hay un elemento
que intensifica esa altura y que el personaje exige a los hoteles
a los que acude. Se trata de una escalera de caracol que no da a
ningún sitio, pero le hace sentir que puede subir por encima
de su propia habitación, por encima de sí mismo.
El vestuario ha sido responsabilidad del equipo de actores y de
dirección. Mientras el doblador acudirá a la entrega
de premios vestido con un esmoquín alquilado, el actor acudirá,
tal y como dice su intérprete con estilo, de forma
exclusiva, como nunca irían los demás asistentes a
la gala.
El uno y el otro es una coproducción de dos empresas, Traspasos
Kultur, compañía que tras años dedicada a la
danza ha centrado sus esfuerzos en producir montajes teatrales,
y K Audiovisuales, habitual productora de cine y que hace ahora
su primera incursión en el teatro. Desde Traspasos, Gómez
de Segura afirma querer lanzar un grito al mestizaje entre
compañías, entre pueblos. Me parece que la incorporación
de una empresa dedicada a los audiovisuales no hace sino oxigenar
al teatro, abrir una ventana.
Jaime Rojo
Él mismo se define como sietemesino, nómada y declarado
inútil para defender a la patria, lucha para superar la depresión
trabajando como actor mediocre, como profesor de adolescentes disolutas
y como locutor de radio. Como autor teatral destaca la colaboración
con Cobaya Teatro, compañía para la que creó
las obras Txasán Txasal y La deportista.
AZAROAK
15-18 NOVIEMBRE
TEATRO PRINCIPAL - DONOSTIA
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