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Revista de las Artes Escénicas
Artez 55. Noviembre de 2001
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    El juego del bien y el mal

    EL UNO Y EL OTRO
    Autor: JAIME ROMO
    Intérpretes: ADOLFO FERNÁNDEZ, RAFAEL MARTÍN MORANTE
    Escenografía: JOSÉ IBARROLA
    Iluminación: TOM DONELAND
    Dirección: MIKEL GÓMEZ DE SEGURA
    Producción: TRASPASOS KULTUR, K AUDIOVISUALES

     

    Dos personajes en una suite de un hotel lujoso. Uno es un actor reconocido, el otro es el actor que le dobla en las películas que protagoniza. Falta menos de una hora para que el primero reciba el premio que le consagra como el mejor actor de la historia del país.
    El uno y el otro es un espectáculo que nace de una idea de Adolfo Fernández –actor que lo interpretará junto a Rafael Martín Morante– y que surgió cuando conoció a Claudio Rodríguez, la voz en español de actores como Charlton Heston o Sean Connery. Según nos ha explicado Fernández “el espectáculo no tiene nada que ver con su vida, pero me pareció un buen argumento el juntar a un actor con su doblador, una excusa para reunir a dos personajes dispares. Uno cree que lo ha conseguido todo y en realidad no tiene nada, y el otro, el anodino, el incorpóreo, cree que no tienen nada pero sin embargo lo tiene todo”.
    En palabras de Mikel Gómez de Segura esa idea inicial puesta en manos de Jaime Romo, autor del texto, “ha transcendido la anécdota para convertirse en una historia universal, un relato que no sólo llega a la profesión. Los dos personajes son como un Quijote y un Sancho Panza. Desde lo concreto tratan temas universales y esa es la gran virtud del espectáculo”.

    Los personajes

    Adolfo Fernández define a su personaje, el uno, como el hombre que ha truinfado bien por casualidad o con un gran esfuerzo, “habrá tenido que hacer concesiones a la industria que ahora le venera y que le permite llevar unos gramos de coca en el bolsillo, beber bourbon mezclado con caviar y llevarse las zorras más caras al hotel, pero eso no significa nada. Sólo le reporta soledad. Antes disfrutaba de ese éxito, pero de repente ve la gran vacuidad que existe en su espíritu, en su alma, aunque sigue sin saber qué es lo que quiere. Vive en un proceso autodestructivo que le hace perder mujeres que le han amado profundamente, familias, hijos que ni sabe ni quiere saber dónde están. Su vida es una rutina porque, aun cuando desprecia los grandes alardes o los grandes premios, sabe que sigue estando al servicio de la industria ya que por ello le pagarán más al día siguiente”. No obstante, el uno tiene una gran necesidad según nos desvela el actor: precisa de alguien que le escuche, una persona que le obligue a contar algo de sí mismo. Ahí es donde aparece el otro, al que Rafael Martín Morante describe como “un ser que ha pasado la vida encerrado en el estudio de doblaje, pero que tiene una familia que le quiere. En un momento de su vida, por unas circunstancias muy ocasionales, le conceden la exclusiva de la voz de la estrella. Desde la sala oscura, vive la fantasía, el glamour, la ilusión, hasta que en cierto momento alguien decide que sea él quien entregue un gran premio al actor, encontrándose con la oportunidad soñada de tener los cinco minutos de gloria que todo ser humano necesita. Ahí es donde comienza el debate, cuando acude a la habitación del otro a pedirle el favor de acudir al recibimiento del galardón, ya que sabe que lo mismo no aparece”.

    Diferentes matices

    Aunque según lo descrito pueden parecer la cara y la cruz, el director de la obra asegura que en el transcurso del montaje, eso que es blanco o negro, absolutamente teatral, varía por la aparición de una circunstancia vulgar y cotidiana. Así, los dos personajes rompen el enfrentamiento dando paso a los diferentes matices. “Los personajes no se descubren porque el autor gratuitamente quiere desenmascararlos, ni porque hagamos un juego teatral, sino porque la situación, la necesidad, les empuja a sincerarse. De reprente, lo que podría ser un titular como ‘La estrella sin voz y la voz sin estrella’ se convierte en ‘El sueño americano de este país y este país que sueña en América’”. Aunque en la opinión de Mikel Gómez de Segura los personajes están llevados al extremo, también afirma que él no podría dirigir una obra que no sientiera, “y en todo el espectáculo no hay una frase que no sienta como propia. Aunque no relacione los sitios, he sentido tanto los sueños de grandeza como la frustración”.
    Según Gómez de Segura, en Pepe el Romano, su anterior montaje, el motor de la historia eran dos decisiones; la del hombre que la toma por amor y la de su amigo que la toma por dinero. “En El uno y el otro, de forma casual, esto se amplifica, porque la determinación ya está tomada. El mensaje se sitúa a otro nivel, y a pesar de su bagaje, a estos personajes es menos lo que les separa que lo que les une”.
    Durante el transcurso de la obra, tanto Rafael Martín Morante como Adolfo Fernández se encuentran en todo momento sobre el escenario, por lo que reconocen que se trata de un trabajo actoral duro, “una obra apasionante y al tiempo, un desafío” reconoce Martín Morante.

    Lujo y sencillez

    El diseño de la escenografía es de José Ibarrola, quien ha elaborado una suite de hotel lujoso que correspondería con la personalidad de su ocupante. De hecho, según adelanta el director del montaje, se trata de una habitación situada en el último piso del edificio, sensación que logran gracias a la colocación de un ventanal en el fondo del escenario a través de la cual llegará la luz lejana de la calle. “El personaje cree que desde ahí arriba se domina el mundo, aunque aún necesita más. Por ello, hay un elemento que intensifica esa altura y que el personaje exige a los hoteles a los que acude. Se trata de una escalera de caracol que no da a ningún sitio, pero le hace sentir que puede subir por encima de su propia habitación, por encima de sí mismo”.
    El vestuario ha sido responsabilidad del equipo de actores y de dirección. Mientras el doblador acudirá a la entrega de premios vestido con un esmoquín alquilado, el actor acudirá, tal y como dice su intérprete “con estilo, de forma exclusiva, como nunca irían los demás asistentes a la gala”.
    El uno y el otro es una coproducción de dos empresas, Traspasos Kultur, compañía que tras años dedicada a la danza ha centrado sus esfuerzos en producir montajes teatrales, y K Audiovisuales, habitual productora de cine y que hace ahora su primera incursión en el teatro. Desde Traspasos, Gómez de Segura afirma querer lanzar un grito al mestizaje “entre compañías, entre pueblos. Me parece que la incorporación de una empresa dedicada a los audiovisuales no hace sino oxigenar al teatro, abrir una ventana”.

    Jaime Rojo

    Él mismo se define como sietemesino, nómada y declarado inútil para defender a la patria, lucha para superar la depresión trabajando como actor mediocre, como profesor de adolescentes disolutas y como locutor de radio. Como autor teatral destaca la colaboración con Cobaya Teatro, compañía para la que creó las obras Txasán Txasal y La deportista.

    AZAROAK 15-18 NOVIEMBRE
    TEATRO PRINCIPAL - DONOSTIA

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