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Artez 55. Noviembre de 2001
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    Circo en la Bienal de Venecia

     

    Jordi Jané

    En el número de agosto les hablaba de la II Festa del Circo Contemporáneo de Brescia y del auge que las nuevas tendencias circenses están experimentando en Italia. En ese país (donde el circo de expresión tradicional está, como en el Estado español, sumido en una endémica crisis creativa), el actual despuntar del circo contemporáneo no hubiera sido posible sin la aparición de la Festa bresciana ni sin la convicción y el apoyo del Sector Teatro de la Bienal de Venecia, que, entendiendo el nuevo circo como un espacio experimental donde confluyen teatro, danza, performance y técnicas de la tradición circense, lo ha incluido en la programación de sus tres últimas ediciones.
    Las aportaciones de Gigi Cristoforetti y Giorgio Barberio Corsetti (directores, respectivamente, del festival de Brescia y del Settore Teatro de la Bienal) no se limitan a la importación de espectáculos franceses, alemanes o canadienses: además de estimular y coproducir espectáculos italianos de nuevo cuño (caso Ombra di luna, ya comentado en el número 52 de ARTEZ), apuestan también por la necesaria reflexión teórica mediante debates entre especialistas europeos y americanos.
    Si el congreso veneciano del 2000 (Acrobati, Attori, Artisti) estudió paralelismos y diferencias entre el circo tradicional y el contemporáneo, en el del pasado septiembre (La pista e la scena) distintos creadores pusieron en común las propias dudas, experiencias y proyectos. A grandes rasgos, se ha constatado que en los inicios del XXI las nuevas corrientes circenses viven una fase experimental en que cada creador o cada compañía va tanteando y estableciendo sus propios códigos dramatúrgicos en un modo más intuitivo que racional.

    Maestrillos y librillos

    Un buen porcentaje de las ponencias de La pista e la scena han evidenciado vocaciones de inventor de la sopa de ajo (vocaciones reflejadas igualmente en algunos de los workshop y montajes exhibidos durante la Bienal, que me han parecido más una indigestión teórica de la interdisciplinariedad que el resultado de una concepción clara del producto final perseguido). Otras intervenciones han apostado por asumir el simbolismo antropológico subyacente en el espectáculo tradicional de circo para, más allá de la adscripción estética, expresar esa carga simbólica mediante los nuevos lenguajes de la pista. Así se posicionó Marcello Chiarenza, director del espectáculo Ombra di luna, quien declaró que, pese al bajo nivel cualitativo o la aparente banalidad de cualquier espectáculo circense al uso, la potencia y el arcaísmo del circo se manifiestan y magnifican siempre en el mandala circular de la pista. Por su parte, Barberio Corsetti afirmó que las nuevas expresiones circenses no deben obviar la profunda cosmogonía que late en un espectáculo casi tan antiguo como las sociedades humanas. Ahí, Chiarenza y Corsetti coincidirían con el sociólogo suizo Jean Ziegler cuando escribe que el circo “es el último vestigio de una sabiduría antigua, existencial, iniciática”. En cambio, Igor Dromesko, fundador junto a Bartabas de los circos Aligre y Zingaro, se mostró más partidario de seguir los pasos de la danza contemporánea, tendencia que no sufre los síndromes del argumento y la dramaturgia. Raffaele De Ritis, director de espectáculos circenses para, entre otros, el Barnum, el Soleil o el Wintergarten berlinés, expresó su deseo de que el circo contemporáneo no se intelectualice excesivamente en detrimento de la espontaneidad que les es propia.

    La importancia de la técnica

    Común denominador de las ponencias: el circo debe generar emociones. Pero, como oportunamente señaló el genial payaso italiano David Larible (Clowns de Oro y de Plata en Montecarlo y estrella del Ringling Bros & Barnum & Bailey), para conseguir generar emociones el constructor de espectáculos debe poseer un sólido bagaje técnico y ha de saber ordenar intelectualmente esas emociones creando así un lenguaje propio y personal. En su intervención, el napolitano Davide Iodice (director de un controvertido giro circense del pirandelliano I giganti della montagna) puso sobre la mesa uno de los argumentos más discutidos en los medios circenses contemporáneos al afirmar que si bien el riesgo del circo tradicional es el de caer en la imperfección técnica, el riesgo del contemporáneo es, precisamente, el de caer en la perfección técnica. Es esa una posición no compartida en absoluto por este cronista, ya que, si estamos de acuerdo en que el circo contemporáneo es una expresión dramática a caballo del juego, el arte y el peligro (premisa rabiosamente válida también para el circo tradicional), bajo ningún concepto se puede rebajar ninguno de los tres ingredientes so pena de caer en un espectáculo menor, decadente y sin poder de seducción (precisamente uno de los buenos argumentos esgrimidos contra el actual circo tradicional).

    Un libro imprescindible

    Alessandro Serena y Gigi Cristoforetti han agrupado las ponencias del congreso 2000 en Il circo e la scena: forme dello spettacolo contemporaneo. Entre los ponentes, Bernard Turín (director del Centre Nationale des Arts du Cirque), Glenn Collins (crítico de circo del New York Times), André Simard (director del grupo Les gens d’R) y el teórico y director Raffele De Ritis.

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