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Revista de las Artes Escénicas
Artez 56. Diciembre de 2001
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    Festival de reflexiones

    Los III. Encuentros Profesionales del Teatro Vasco, celebrados los pasados 5 y 6 de noviembre en el marco del Festival Internacional de Teatro de Santurtzi, reunieron en el Serantes Kultur Aretoa a los actores del hecho escénico para debatir en torno a los festivales, sobre el cómo se ha llegado a la situación actual, sus retos de futuro, pero también sobre su validez. Ricardo Bilbao, exdirector de Difusión Cultural del Gobierno Vasco, y uno de los “interlocutores válidos” según el moderador Carlos Gil, justificó estos encuentros con el anuncio de la creación de concertaciones con compañías para el 2002, tema que se trató el pasado año.

    Borja Relaño

    Del título, Un país de festivales o un festival de país, todos los asistentes a estas terceras jornadas, tanto los invitados a las diferentes mesas de debate como los profesionales que asistieron, dieron un sí a la primera parte del enunciado, recalcando la necesidad de mantener y consolidar ese tipo de encuentros entre las artes escénicas y los públicos. No obstante, supeditaron su apoyo al cumplimiento de unos objetivos que les den sentido, entre los que coincidió casi unánimemente el de ser un complemento de una programación anual estable, no su sustituto.

    Modelos del exterior

    Desde lo general hacia lo concreto, las jornadas estuvieron divididas en tres mesas que comenzaron con las visiones aportadas desde otros marcos geográficos. Los encargados de dar perspectiva al debate fueron Pepe Bablé, Director del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, Rubén García, Director del Festival de Ribadavia, Joan Ollé, Director del Festival de Sitges hasta su última edición y el crítico y profesor de la UPV Pedro Barea.
    Bablé se mostró en defensa de la especificidad de los festivales y de la función de corolario de la programación anual, aunque también aseguró que los mejores se dan en los polos opuestos: en los lugares donde hay mucha programación estable y en los que hay poca. Asimismo, destacó la función social de los festivales, y puso como ejemplo el que considerá el mejor del mundo, el de Bogotá, ya que durante su mes de duración la delincuencia en la ciudad baja en un 70%. En su opinión, hay que adobar los festivales con otras actividades en lo que llamó la “dinámica de guerrillas”, una dinamización del entorno que ofrece algo más que lo artístico.
    Joan Ollé, director dimisionario por falta de presupuesto del Festival de Sitges, se manifestó en favor de la adaptación al paisaje, labor que Sitges ha tenido que acometer en varias ocasiones, porque un festival nunca se suicida. Entre las obligaciones de los festivales, Ollé situó la de dar oportunidades al creador, el deber de contar con “espectáculos en los que su programador no confíe e incluso, aborrezca”.
    Un pesimista Rubén García explicó de forma escueta la historia del Festival de Teatro de Ribadavia, una cita anual que nació como punto de encuentro del teatro gallego y que ha pasado a convertirse “en un mero escaparate del teatro internacional”, por lo que abogó por una vuelta a los orígenes, a la muestra nacional de teatro y con formato de festival. Por su parte, Pedro Barea se limitó al teatro universitario, aseverando que los eventos organizados en ese marco han sido tradicionalmente endogámicos aunque “actualmente existe una tendencia a colaborar con los organizados por las ciudades”.

    Circuitos festivaleros
    A sugerencia de Carlos Gil, moderador de las mesas, el debate se centró en lo que llamaron espectáculos festivaleros y público festivalero, momento en que surgieron diferentes opiniones. Mientras que los organizadores negaron la existencia de producciones creadas para circuitar por festivales, e incluso Julio Perugorria, como productor, tachó de peligroso el poner apellidos al teatro, varios de elos admitieron que la utilización de espectáculos comerciales puede ser beneficiosa para los festivales y recalcaron la necesidad de una programación equilibrada. En cuanto al público festivalero, reconocieron su existencia, si bien lo consideraron como un potencial que se puede fidelizar.
    La segunda de las mesas se centró en los modelos existentes en el panorama vasco, para lo que se acudió a los ejemplos más particulares. Félix Petite, Director del Festival Internacional de Teatro de Vitoria-Gasteiz, expuso las razones de la falta de concentración de espectáculos en su festival, que atribuyó a la necesidad de dar la oportunidad al público de la ciudad a asistir a todo lo programado, y aunque reconoció que la temporada invierno-primavera de la capital alavesa es de mayor calidad, justificó la denominación de festival por la repercusión mediática que la palabra tiene.
    Concha de la Casa, desde el Festival de Títeres de Bilbao, se centró en los beneficios que el evento que organiza anualmente la asociación Pantzerki ha aportado tanto a la ciudad como a la plano artístico, y es que en su opinión, el festival ha contribuído en la formación de futuros espectadores, así como en la creación de la profesión.

    Capacidad de adaptación

    El organizador de las Jornadas de Teatro de Getxo, Iñaki Saitua indicó que durante las casi veinte ediciones celebradas, esta cita habitual en el mes de octubre ha pasado por varias fases. Nació como culminación a la temporada en la que participaban compañías vascas, aunque pronto se combinó con trabajos de formaciones de otro origen, como Atalaya, o Silvia Munt. Durante dos años hubo un foro de debate tras las representaciones aunque la propuesta se dejó de lado por falta de afluencia. Desde 1989 las Jornadas de Getxo se limitan al teatro vasco con lo que según Saitua se ofrece un apoyo que el teatro vasco necesita, y al mismo tiempo, se ofrecen espectáculos para todos los públicos, desde el infantil hasta el adulto, a precios asequibles, con lo que se generan nuevos espectadores.
    La intervención de Imanol Agirre, Director del Festival Internacional de Teatro de Calle de Lekeitio estuvo protagonizada por la lectura de una carta a un destinatario llamado Patxi, mediante la cual, Agirre desgranó los objetivos que a su modo de ver, tiene que cumplir un festival, y que se resumen en cuatro puntos: la búsqueda de la identidad cultural; el convertirse en acontecimiento para el lugar mediante la originalidad, el riesgo y la participación; y que las diferentes tendencias que aglutine sirvan para crear escuela. Del de Lekeitio remarcó su visión nacional, de encuentro del país de los vascos, presente con la participación de compañías de Lapurdi, Zuberoa y Nafarroa. Agirre se mostró tajante ante las ferias, asegurando que no le agradan, que son poco dignas dada la falta de riesgo.
    La última de las ponencias corrió a cargo de Fernando Pérez, del Bilbao Antzerkia Dantza, quien en alusión a la presentación que realizó el moderador Carlos Gil, quien más tarde la tachó de desafortunada, aseguró que ningún festival es inútil. En cuanto al BAD, encuentro que nació con vocación de buscar nuevos públicos, remarcó los avances de la tercera y última edición celebrada, en la que externalizaron empresas especializadas los ámbitos de trabajo, desde la comunicación hasta la producción.
    El debate que sucedió a esta mesa hizo frente a la falta de estructura a la que aludía la segunda parte del título, ...o un festival de país, quedando clara la necesidad de crear un mapa de festivales para facilitar sinergias y un proyecto de marketing que consideraron fundamental. Del mismo modo, hubo propuestas para consolidar dos o tres eventos de gran magnitud que actuarían como motor de las artes escénicas en Euskal Herria, y mantener el resto calificados como jornadas o muestras.

    Sectores implicados
    La tercera mesa, que tuvo que dividirse en dos por la gran cantidad de participantes, tenía como objetivo dibujar una visión de futuro y la acción conjunta de las partes implicadas. En representación de éstas últimas asistieron Toño Pinto de la asociación de productoras Eskena, la distribuidora Elisabet Albisua, el programador de las Jornadas de Teatro de Eibar Juan Ortega y Mikel Aspiazu, de la Asociación de Amigos del Teatro Txema Zubia. Los que están directamente implicados en la producción, Pinto y Albisua, expusieron la igualdad de condiciones que se dan entre los contratos para participar en los festivales vascos y los que se atienen a una programación habitual.
    Juan Ortega apostó por los festivales que arriesgan en su programación, pero involucró en ello a todas las partes, pidiendo a las administraciones, distibuidoras y compañías la asunción de esos riesgos al considerar a los festivales como eventos de exhibición que también potencian la contratación de los participantes.
    Mikel Aspiazu, quien actuó como delegado de los espectadores, recordó que el verdadero objetivo del teatro es el público, y que por ello hay que acercar el teatro al espectador. Manifestó su preferencia por la utilización del dinero que se dedica a estos eventos especiales en mejorar la programación estable, ya que también al público se le exige un esfuerzo y que arriesgue durante la celebración de los festivales.
    Posteriormente subieron a la mesa los representantes de las administraciones. Ricardo Bilbao exdirector de Difusión Cultural del Gobierno Vasco se mostró de acuerdo con la creación de un mapa, un Proyecto Nacional de Festivales que requeriría una mayor implicación institucional que la actual, pero no sólo monetaria, sino de coordinación de la difusión. Los representantes de las tres diputaciones, Frantsis López de la de Gipuzkoa, Pedro Sancristóval de la de Araba y Mikel Etxebarria por la de Bizkaia hicieron publicos los datos de los festivales que se dan en cada territorio y dieron el visto bueno al la colaboración mediante la creación de una estrategia mientras ésta no limite. A continuación se retomó el debate del día anterior, analizando la posibilidad de consolidar un Festival Nacional con extensiones, idea que aplaudieron varios asistentes.

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