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Abierta
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Experimentar,
quizás dudar, en Rosario
C.
Gil, Rosario
De
entrada un pregunta rotunda: ¿Qué es el Teatro Experimental?
Así empezó Experimenta 4, y al terminar la edición
de este año, sigue sin resolverse ni en la teoría
ni en la práctica. Lo mejor es que están abiertas
todas las dudas, pero parece evidente que lo que cuesta nombrar,
el teatro experimental, el de investigación, el que corre
riesgos, es algo que según los hechos, las propuestas escénicas,
ofrecidas, es un concepto variopinto y heterogéneo.
Abrió la parte de exhibición un excelente trabajo
de marionetas, de teatro de objetos, manipulados a la vista, por
el grupo bonaerense El Nudo que con su poético e inquietante
Mar de Margaritas demostró la calidad conceptual, y la solvencia
técnica de una belleza rasgadora.
Representando al teatro ecuatoriano tanto el autor, Peky Andino,
como el director, José Morán, lo son, pero el intérprete,
Christoph Baumann, es un alemán que lleva varias décadas
residiendo en Quito, y que con Ulises y la máquina de perdices,
nos mostró una nueva dramaturgia muy verbalista, que busca
el estallido léxico, los juegos cacofónicos, pero
para narrarnos las peripecias de un Ulises de nuestros días,
muy agobiado por la realidad. Un trabajo interesante que ha sido
representado más de doscientas veces. Un monólogo
sarcástico.
Teatro del Interior
Domingo furioso fue lo presentado por el grupo Andamio Contiguo/Exit,
de Santa Fe, y que parte de un texto de Norma Cabrera y Silvia Debona,
autoras con varios premios conseguidos, en donde tres mujeres muestran
de una forma que roza lo grotesco, con una ironía que se
diluye en ciertas formalidades y recreaciones, pero que sitúa
la anécdota en categoría de discurso. La aparente
frivolidad va convirtiéndose en una seña de identidad,
y por ello en una denuncia de la situación.
Un trabajo muy físico, como si fuera la extensión
de un taller, es lo plantado por El Candado Teatro, de San Juan,
con su Despacho de lamentos. Ritmos, sonidos guturales, acciones
violentas. Un planteamiento que va del hieratismo a lo puramente
esperpéntico, en donde los materiales y el cuerpo van configurando
un todo, y en donde la puesta en escena ordena unas energías
que a veces explotan con una violencia que se avecina ante una situación
claustrofóbica, de unos seres que parecen venir de un más
allá, pero que se van carnalizando en personajes que van
sucumbiendo ante la adversidad. Un trabajo en estado primario, pero
cargado de fuerza y de sentido.
La muestra de teatro rosarino se abrió con un ejercicio de
extremada violencia interna, Mujer con espejo, Rouge y botas, que
el año anterior presenciamos en su etapa de ejercicio de
escuela y que ahora es un experimento a considerar por las dudas
que abre al espectador, tanto por lo que se presencia, por cómo
se obliga a ver al espectador la obra. Un buen trabajo en progresión
de la actriz Mariela Sánchez.
El grupo La Comedia de Hacer Arte representó una traslación
escénica de la novela Rosaura a las diez, que tenía
una buena primera impresión estética, pero que no
progresa, ya que el formalismo excesivo en su desarrollo deja a
los intérpretes inmersos en un marco demasiado rígido
y se pierde en una mala dramaturgia y una impericia para el ritmo
narrativo.
Pero llegó la luz con un trabajo increíblemente lúcido,
de profundidad interpretativa de Miguel Franchi y sus delirantes
Semblanzas deportivas a partir de algunos relatos de Roberto Fontanarrosa.
El interlocutor con el público es un personaje creado por
este actor, que cuenta con un programa de radio y que ha llegado
a presentarse a las elecciones. Germinal Terrakus, es el personaje
que nos hizo volver a un estado de pureza teatral, del humor como
estilete para romper las costras del alma.
Dramaturgias vascas
De
la participación vasca, Carnicero español, que presentaron
los vasco-suizos de LAlakran consiguieron llegar al público
asistente con un estilo grotesco muy perfilado, un trabajo que está
en evolución desde su estreno hace cuatro años y que
ahora funciona despojado de estructuras sólidas y lanzando
hacia el espectador todas las fuerzas.
Agerre Teatroa presentó su Marranadas, un trabajo que ha
sido aligerado, pero que sigue mostrando los desencuentros dramatúrgicos
que se pierden en costumbrismos la mayor parte del tiempo y que
vuelve a convertirse en algo teatralmente sugerente en el monólogo
final, cuando Maite Agirre logra plasmar una emocionante transformación
de alta calidad interpretativa.
Legaleón-T, se emparentó con LAlakran, y se
vio, la continuidad de estilo que posee el director de ambos, Óskar
Gómez, los desarrollos de los lenguajes y consiguieron impactar
en los públicos más jóvenes con Bancarrota,
un trabajo que merece mejor vida en los escenarios vascos.
Actividades continuadas
Mesas redondas, talleres, cambio de experiencias en el trabajo de
entrenamiento, presentación de revistas dedicadas a la información
o la crítica de las Artes Escénicas, un debate con
críticos, un Taller de Crítica Teatral, que resultó
una experiencia enriquecedora al comprobar en los trabajos finales
la agudeza de algunos de los participantes, una continuidad de las
actividades paralelas, que hacen de estos Encuentros, unos días
de convivencia y trabajo que posiblemente cueste olvidar.
Con un magro presupuesto, mucho esfuerzo y las ganas de todos, el
Teatro del Rayo se convierte en diciembre en una isla paradisiaca
en cuanto a la intensidad teatral con la que se vive, se discute
y se crea.
Intercambio fructífero de experiencias creativas
Hace un año contábamos desde la mirada personal
una experiencia vivida en Rosa-rio, las impresiones dejadas por
una semana intensa de descubrimientos y relaciones. Al escribir
estas líneas, la consternación es muy fuerte. Las
noticias desde Argentina nos hablan de caos y estado de sitio. Nosotros
veníamos con otras sensaciones, habíamos vivido un
día de paro general, pero habíamos pasado ocho días
intensísimos, en donde la presencia de compañías
vascas fue uno de los ejes de este Encuentro.
Se ha producido un verdadero intercambio, se han cruzado en el local
sede de El Rayo Misterioso las experiencias de Maite Agirre, Legaleón
y L'Alakran, que han compartido sala de ensayos y talleres con grupos
ecuatorianos, con actores austriacos, y con varios grupos argentinos
que están indagando, buscando en territorios fronterizos,
que rescatan métodos de entrenamiento orientales, que fundamentan
su trabajo en los procesos creativos, que evocan la creación
colectiva, que intentan dar una alternativa profesional y productiva
a una situación económicamente débil, casi
desesperada.
Actores, actrices, directores vascos han podido confrontar sus experiencias
con otras realidades. Han podido comprobar cómo existe una
formación fuerte, cómo las propuestas de otros grupos
se abren a los riesgos formales, que existe una filosofía
detrás de toda propuesta y que las condiciones de producción
no son comparables, aunque participen de los mismos, o muy similares,
desamparos institucionales, parecidos problemas estructurales.
Quizás la diferencia mayor sea que el Teatro es socialmente
algo reconocido, existente, que forma parte del imaginario colectivo,
y por ello, en todas las circunstancias más adversas seguirá
existiendo un teatro que tiene una consistente tradición
y que, por vocación o por necesidad, debe desarrollar sus
capacidades más imaginativas para poder ejercerse. No es
comparable en cuanto a su virtualidad económica el término
profesionalidad, subsistencia, pero sí, y de manera muy competitiva,
en cuando a presupuestos estéticos, en cuanto a resolución
para instalar el Teatro por encima de circunstancias sociales, políticas
y económicas, sin renunciar a una visión crítica
de su entorno. Una buena experiencia que puede y debe debe repetirse.
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