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Abierta
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Me
gusta el teatro que cuenta cosas
a través de los personajes
La
trayectoria profesional de Juan Luis Mira Candel, licenciado en
Lengua y Literatura española, ha estado relacionada casi
en su totalidad con el teatro. Director de la compañía
Jácar, que cumple su vigésimo aniversario, lleva escritos
treinta textos teatrales y varios libros publicados. En el 96 fue
premiado con el Rojas Zorrilla y años más tarde con
el Jovellanos. Probablemente se encuentre en uno de los mejores
momentos de su vida profesional, premiado con el Kutxa de Donostia
que le será entregado este mismo mes, el Carlos Arniches
de Textos Teatrales de Alicante, el premio Evaristo García
de Teatro Valenciano y finalmente ganador del Concurso de Textos
de Teatro Infantil de la Escuela Navarra de Teatro.
Irune
Larruzea
¿Cómo
te introdujiste en el mundo del teatro?
Estaba estudiando Hispá-nicas en la Universidad y entre tanto
acudí a cursos de teatro que resultaron ser todo un descubrimiento.
Tuve la gran suerte de aprender de mano de gente excepcionalmente
valiosa como Pepe Monleón actual director de la revista teatral
Primer Acto, Pepe Estruch o Antonio Malonda profesor en la escuela
Bululú de Madrid, que me trasmitieron la esencia del teatro
desde la pasión y la naturalidad. De alguna manera me abrieron
las puertas hacia un mundo que desconocía pero que me atrapó
desde el primer momento. Aquella experiencia fue innolvidable y
me ayudó a forjar lo que yo quería hacer en el futuro.
Una vez introducido en el mundo teatral ¿cómo ha sido
tu trayectoria?
Trabajo en la docencia desde 1981 en el Instituto Jaume II en el
que imparto clases de teatro y también me he encargado del
Aula de Teatro en la Universidad de Alicante en los últimos
quince años. Nada más entrar en el Instituto fundamos
un grupo escolar o amateur llamado Jácara Teatro que al cabo
de cinco o seis años se convertió en una compañía
profesional tomando la alternativa de cooperativa laboral. La subsistencia
en una ciudad como Alicante que genera tan poca actividad desde
dentro es el verdadero éxito de esta compañía.
La ayuda que recibimos de la Generalitat Valenciana nos sirve para
mantener el estatus de empresa. Modestia aparte, hemos sido y seguimos
siendo un revulsivo, un germen para otras compañías
que han ido surgiendo y escuela para muchos actores y actrices que
actualmente trabajan en el ámbito nacional.
¿Qué
tipo de compañía es Jácara?
Hacemos teatro de repertorio como los antiguos de la farándula.
Intentamos abarcar todo tipo de registros e indistintamente realizamos
teatro infantil, para adultos y hasta musicales de formato pequeño.
Por ello cada año movemos tres o cuatro montajes ya que en
Alicante no hay una sala donde actuar durante tiempo continuado,
aún así nos consideramos afortunados por que no paramos
de hacer bolos de aquí para allá. Si mal no recuerdo
próximamente tenemos previsto actuar en Euskadi con Cor de
mel (Corazón de miel), una bonita historia sobre la emigración
para público infantil. Por otra parte, con motivo de dos
décadas sobre el escenario estrenamos El Triciclo la mejor
obra del dramaturgo Fernando Arra-bal que a pesar de estar escrita
hace cincuenta años posee una frescura que bien podía
haber sido escrita hace unos días.
¿Cómo ha evolucionado Jácara en estos veinte
años?
La experiencia nos ha hecho autosuficientes, de manera natural han
ido surgiendo figurinistas, iluminadores, escenógrafos, ahorrándonos
en contratar a gente para este tipo de trabajos. Por ejemplo, Pedro
Rey empezó hace trece años en el grupo K.O. Teatro,
el grupo amateur del Instituto donde yo trabajo, y ahora es el protagonista
de El triciclo además de uno de los coreógrafos más
importantes de la Comunidad de Valencia o Marisol Carratalá
gerente de Jácara que lleva desde el instituto y ahora se
encarga de coordinar la compañía. En algunas ocasiones
directores como Jesús Cracio, Guillermo Heras o Sergi Belbel
han apoyado a la compañía colaborando en diversos
montajes.
¿No os parece complicado pasar de un registro a otro?
Estamos satisfechos con nuestro planteamiento. Somos muy cuidadosos
con todo lo que hacemos y nos gustan los retos difíciles.
Las temáticas son actuales, el teatro es algo vivo y cambiante
y no nos queda más remedio que ajustarnos a los intereses
e inquietudes de la gente de hoy.
Profesor, director, escritor teatral... ¿por qué te
decantas?
La docencia teatral significa sacarme las habichuelas con algo que
realmente me gusta, ya que es muy difícil vivir de esta profesión
como artista. Por otro lado, un director siempre es un escritor,
y autor y director son complementarios. Pero ante todo he de decir
que la escritura es mi verdadera pasión. Paralelamente a
Jácara me puse a escribir teatro y hasta hace cinco o seis
años he hecho muchas cosas, sobre todo por encargo, para
la compañía. Aunque me he sentido muy a gusto con
esa labor no dispones de total libertad ya que tienes que ceñirte
a un tipo de personajes, de historia... La primera vez que me presenté
a un concurso fue en el 96, al Premio de Teatro Rojas Zorrilla de
Toledo y, con suerte, lo gané con la obra Malsueño.
A raíz de ello ya empecé ha escribir cosas más
personales, donde me podía explayar más.
¿A partir de ahora cuál es tu objetivo?
El hecho de ganar premios también me ha permitido publicar
varios libros e, indiscutiblemente, es una de las maneras de dar
a conocer tu obra y de que alguien se interese en representar tu
trabajo. Seguiré escribiendo y, por supuesto, me presentaré
a más certámenes...
No te puedes quejar ya que el año pasado fuiste premiado
cuatro veces, ¿qué ha significado para ti?
Estoy en un momento muy especial de mi trayectoria profesional,
este año además he recibido dos de los premios más
importantes que me han dado hasta la fecha, el Kutxa de San Sebastian,
con la obra El mar de almendros y el Carlos Arniches, con A ras
del cielo. Ambas historias nos trasladan a la época de la
Guerra Civil Española pero en diferentes fases. La primera
tiene como protagonista a una compañía de cómicos
que huyen de ser fusilados por los nacionales y se dirigen a coger
un barco al último puerto en manos de los Republicanos en
Alicante, mientras sucede una bonita historia de amor. A ras del
cielo nos narra la vida de un apuntador que también hace
las veces de francotirador para el bando franquista, aunque está
enamorado de una actriz comunista. Medio analfabeto y sin ninguna
convicción política ni social, sus propios sentimientos
le harán entender la cruda realidad de la guerra.
Te decantas por algún tema en concreto, ¿cuál
es tu fuente de inspiración?
Con el tiempo me he dado cuenta que lo que más me gusta es
el teatro donde se cuentan cosas, pero hacerlo a través de
los personajes más que basándome en simples hechos.
El gran reto es buscar algo donde este bien compensado, que los
protagonista no destaquen demasiado al lado de los secundarios sino
que cada uno tenga luz propia. Desde luego el trabajo docente me
ha ayudado mucho a la hora de hablar de personajes, de investigarlos,
etc. Todavía considero que estoy en pleno aprendizaje ya
que escribir teatro es difícil.
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