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Artez 57. Enero de 2002
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    “Para mí el teatro es un juego. Acabas la partida y te vas a coger setas”

    Ramon Fontserè tropezó con el teatro porque no quería seguir trabajando en la granja familiar y su intento de ser piloto se frustró por su daltonismo. Después de estudiar en el Institut del Teatre en Vic y pasar dos años por la compañía La Gabia se presentó a un casting con Albert Boadella. Era 1983 y empezaba su carrera con Els Joglars, donde ha participado en todos los montajes. Actualmente es el ACTOR de la compañía ya que da vida a los protagonistas de La Trilogía: Josep Pla, Salvador Dalí y Jordi Pujol. Este camaleonismo salvaje no le afecta en su vida privada, aunque a veces le dicen que “pujolea” en algunos gestos. Coincidiendo con el 40 aniversario de Els Joglars ha publicado Tres peus al gat un dietario donde habla del proceso de creación de Daaalí, su personaje más complicado, que le valió el Premio Nacional de Teatro del año 2000.

    Teresa Ferré, BARCELONA

    Ubú President o Els últims dies de Pompeia está colgando el cartel de agotadas las localidades cada noche, incluso los días de partido del Barça. ¿El “Excels” está de moda?
    Entre dos instituciones totalmente en decadencia como el Barça y Pujol parece que la gente prefiere venir a vernos, quizás porque les afecta más de cerca en su vida. Pienso que finalmente se ha comprendido que la crítica y la transgresión contra los políticos va bien para oxigenar un poco el mal ambiente y abrir las ventanas.

    De todas maneras presentas a Pujol como un ser entrañable ¿no le estarás haciendo un favor?

    Quizás, supongo que debe tener también una parte entrañable, es una cosa que todo el mundo tiene. Aparece un Pujol en la recta final, que lo empujan para que se vaya, pero no olvidemos que ha gobernado 21 años. Son muchos años de corrupción que practican los políticos a todos los niveles, incluso en los pueblos más pequeños y que ya es un mal endémico. Por eso cuando se ve esta obra fuera de Catalunya ya no se trata de quién es sino de lo que representa.

    De las tres ocasiones de Ubú, la del 81, la del 95 y ahora, ¿nunca ha venido a verlo?
    No, nunca. Ha hecho declaraciones diciendo que un político se merece críticas pero que no ha de ser masoquista. Yo lo entiendo porque si hicieran un espectáculo de dos horas dedicado a mí… De todas maneras, los políticos son tan engreídos y se creen tan superiores a los demás que les molesta mucho que se rían de ellos. No sé si es una herencia del franquismo pero tendría que ser al revés, tendrían que estar al servicio de la gente.

    ¿Y Maragall qué? ¿Vino hasta vuestro local de ensayo para ver Daaalí?

    Todavía no. Maragall aquí es más de lo mismo. Todos están emparentados, son las grandes familias que mandan desde siglos. Aquí a Maragall lo presentamos como un continuador de la política de esta gente que se creen padres Abrahams que conducen al pueblo.

    ¿Os habéis quedado como la compañía que planta cara al poder?

    Pero, ¿es que hay alguien dispuesto a jugársela? Para este espectáculo tuvimos que hipotecar El Llorà y los miembros de la sociedad estuvimos meses sin cobrar.
    Me sorprendió porque en el dietario explicas que preparando Daaalí tampoco cobráis, además, parece que sea el personaje más complicado que has hecho.
    Sí porque tienes que estar constantemente al 100% Con el Pujol puedo salir a hacer un pipí, charlar y hacer bromas, pero con el Dalí tengo que estar en el escenario constantemente, son dos horas de ritmo alto, porque a parte de las agonías también está allá dando guerra.

    ¿Ha sido la apuesta más fuerte de la compañía?

    Sí, sin duda porque además todo el tema de la pantalla que costó 40 millones de pesetas y era un espectáculo super complicado, 9 toneladas de material, la fuerza de aquello era bestial, 20 personas dos meses sin cobrar… Sí, Joglars tiene una trayectoria importante en el campo del teatro europeo privado, un lider carismático, unos actores cojonudos, todo, pero este espectáculo de Daaalí habría podido ser un buñuelo. Podríamos haber tenido 10 personas en la sala y nos lo comemos nosotros, no somos como el Liceo o el Nacional… Al contrario, se hubiesen alegrado mucho estos.

    ¿Hacía tiempo que escribías el dietario?

    Sí, cuando viajábamos. Conocemos muy bien España, todos los cambios que ha habido, y yo apuntaba restaurantes, antros de perdición y vicio, bares para cuando vuelves saber qué estaban bien. También cómo era el público, reacciones que tenían. Después lo continué haciendo con procesos de creación de espectáculos. Y con el Dalí me fue muy bien porque era como una especie de lugar para desfogarse. En lugar de darle la paliza a mi señora (la actriz Neus Tuneu /Gala en la obra), o a los compañeros, lo escribía. Cuando había días que parecía que la cosa iba bien miraba atrás y me decía, ves esto iba fatal y ahora parece que se ha resuelto. Era una manera de darse ánimos y de pañuelo para ir a llorar.
    Literariamente se nota en seguida el estilo de Pla, ese buscar el adjetivo…
    Se intenta, pero Pla ya sabes que es muy grande.

    ¿Tu ya leías a Pla antes de interpretarlo?

    Sí, empecé leyendo Pla de adolescente gracias a un personaje muy raro que vende huevos, un autodidacta que me dijo: esto tienes que leerlo. Y yo no, que este tío es un facha… prejuicios. Cuando lo leí nunca pensé que acabaría interpretando a Pla y al llegar el momento ya lo tenía un poco por la mano.

    Hablas bastante del hecho de comer bien, ¿otra influencia planiana?

    Él decía que lo único que se necesita para viajar es tener un buen estómago. Yo he llegado a comer bien por la edad, después de acabar machacado por los bocadillos. Al viajar tanto se llega a comer muy mal. Pero huyo de estos grandes restaurantes que son una estafa. Me gusta la comida sencilla, fresca y de calidad pero no tiene nada que ver con lo caro.

    Parece que el buen comer y el buen vivir forma parte de esa manera de entender la vida que tenéis la compañía porque Boadella también habla de ello. ¿Consecuencia de vivir en pleno monte?

    Por supuesto. Abro la puerta de casa y cojo setas. Allí si no lo haces eres un marciano, tienes la peste. Trabajar allá arriba es un modo muy especial de entender el teatro porque de hecho, nosotros tendríamos que dedicarnos a tener un rebaño de ovejas o ir con el tractor porque es lo que hace la gente de al lado. Vemos esto, vacas y monte.

    ¿Os consideran un poco raritos los vecinos?

    Somos lo chalados totales. Lo que no entienden es cómo podemos vivir de esto. A mí personalmente me gusta mucho porque siempre he detestado estos núcleos como Barcelona o Madrid, aunque he vivido algún tiempo en ellos. Hay actores que no se adaptan, son más urbanos y lo pasan peor en los procesos de creación.

    ¿Estáis allí encerrados en plan concentración futbolística?

    Sí, por supuesto. Hay una cosa muy importante que es que el tiempo cunde mucho más, pasa de manera diferente. En invierno hace mucho frío, por eso nuestros montajes se preparan en verano porque el día es más largo, tenemos piscina y se puede estar más por fuera.

    ¿Te quedan tics en tu vida privada de tus personajes?

    A veces me dicen que pujoleo un poco. Pero con Pla y Dalí no me lo dicen. Yo no lo creo, no soy uno de estos actores que necesite meterse tanto dentro del personaje. Sí, he mirado videos, he leído sobre ellos pero no como la gente se piensa no de manera exagerada.

    ¿Qué te cuesta más cuando empiezas a trabajar un personaje, la voz, los gestos…?

    Tengo miedo de que se me enganchen los personajes. Por ejemplo, venía de hacer Pla, un personaje muy fuerte y tengo delante a Dalí. No lo encontraba, me parecía que lo hacía monótono, sin modulaciones. Siempre me quedaba en un punto alto y no había forma de encontrar el tono. Fue durísimo. Quizás porque cuando haces el espectáculo no lo ves con todo su contenido y no te das cuenta. Hasta que no terminas no puedes jugar con los tonos, el volumen

    De Dalí, ¿qué fue lo más duro?
    Esta cosa del Dalí más íntimo, más doméstico…ufff, no llegaba. El Dalí “normal” existe. Es más fácil ese Dalí que cuando veía una cámara o cuando aparecía públicamente se creaba su propio personaje. Pero en su ámbito privado no era así. Esto es lo que más me costó porque siempre me veía en el mismo punto.

    ¿Cómo llegaste a ser actor?

    Yo era un desecho familiar, no había manera humana de que hiciese algo. No me gustaba cuidar cerdos en la granja familiar y mi vecino era aviador, pero tampoco pudo ser, porque soy daltónico. Llegué a los 22 y no era nada en la vida. Me apunté en el Institut, en Vic, para que en mi casa viesen que hacía algo y por mí, para no caer en una depresión. Allí encontré a otros como yo, juerguistas, desastres pero que a la hora de los talleres y los cursos, curiosamente, éramos bastante buenos.

    ¿Qué es para tí el teatro?

    El teatro es un juego. Finalmente es una cosa ficticia, uno juega a hacer algo y en este juego siempre tiene que haber un distanciamiento. Cuando acabas la partida te vas a casa y, hala, a coger setas.

    Después de la Trilogía te embarcas en el cine con Soldados de Salamina ¿será tu primera película?

    Sí, estoy muy agradecido a David Trueba porque lo aprecio mucho. De hecho combino la gira de la Trilogía con el rodaje. Esto me ha llegado por casualidad, no lo he buscado. Estoy contento e inquieto a la vez porque he hecho tele y el ritmo es frenético. A mí me gusta cocinar el personaje de una manera más lenta, puedo jugar mucho más con los matices y no sé cómo irá todo esto.

    ¿Cuándo descansa Els Joglars?

    Casi nunca. Ahora Albert está encerrado con los nuevos proyectos. Una cosa sobre el mundo de la comunicación, que en teatro puede ser bastante complicado. También un encargo basado en el Libro de Buen Amor que será un repaso de este sentimiento a lo largo de la historia. Como en Ubú, al final igual solamente quedan unas pocas líneas del Arcipreste de Hita, conociendo a Albert…

    Habéis cumplido 40 años. ¿Qué queda de aquél decálogo del principio?

    Creo que se cumple, pero no de una forma forzada, sino natural. A veces me han dicho: ¿por qué no dejas la compañía? No, ¿para qué? las cosas han ido así y a mí me gusta mucho donde vivo y cómo trabajamos.


    Boadella, el cabecilla de la banda


    Hace 40 años que escribió los 10 mandamientos de la ley de Els Joglars como decálogo a seguir: “1) Individualista 2) Asilvestrado 3) Antidogmático 4) Provocador 5) Desconfiado 6) Ir siempre a la contra 7) Desdeñar la fantasía 8) Amar el mal gusto 9) Fomentar los enemigos 10) Huir del teatro”. Esta es la receta vital de su compañía, recuperación de aquella banda de niños de posguerra que se pasaba el día gamberreando en uno de los barrios burgueses de Barcelona, aunque él, hijo de perdedores, vivía en una casa pobre. Una manera de entender la vida y el arte que los ha llevado a convertirse en la única compañía del estado español que huye del humor blanco como de la peste con el perfeccionismo y la artesanía teatral como banderas. Lejos de los centros de producción, se encierran en La Cúpula, una especie de monasterio budista perdido en un bosque, donde pasan los meses de creación preparando a fuego lento su próxima puñalada al poder venga de la institución que venga. Han maltratado a políticos, iglesia, artistas y gente de la profesión, sin olvidar a la prensa, otra de sus dianas predilectas. A lo largo de su historia han pasado de sufrir la cárcel, los atentados y el exilio de los primeros tiempos (inolvidable el capítulo de la fuga de Boadella) al reconocimiento de las instituciones con todo tipo de galardones y, sobre todo, a ser una de las troupes que congregan más público en el patio de butacas. Espectadores que nunca salen indiferentes, como sucede en demasiadas noches de teatro actualmente. Ahora están de celebración: en los escenarios con La Trilogía y en las librerías con una obra sobre la compañía, un diario de Ramon Fontserè y la autobiografía de Boadella. En Memorias de un Bufón, más que la calidad literaria de la obra, destacan las anécdotas, reflexiones y sentimientos de un angelito de pelo rubio que durante toda su vida se ha dedicado a ejercer públicamente de bestia negra. Imposible separar al cabecilla de lo que es la banda ya que él mismo se ha convertido en verdadera raíz, motor y esencia, por eso sus memorias son también las de Els Joglars.

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