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Abierta
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Para
mí el teatro es un juego. Acabas la partida y te vas a coger
setas
Ramon
Fontserè tropezó con el teatro porque no quería
seguir trabajando en la granja familiar y su intento de ser piloto
se frustró por su daltonismo. Después de estudiar
en el Institut del Teatre en Vic y pasar dos años por la
compañía La Gabia se presentó a un casting
con Albert Boadella. Era 1983 y empezaba su carrera con Els Joglars,
donde ha participado en todos los montajes. Actualmente es el ACTOR
de la compañía ya que da vida a los protagonistas
de La Trilogía: Josep Pla, Salvador Dalí y Jordi Pujol.
Este camaleonismo salvaje no le afecta en su vida privada, aunque
a veces le dicen que pujolea en algunos gestos. Coincidiendo
con el 40 aniversario de Els Joglars ha publicado Tres peus al gat
un dietario donde habla del proceso de creación de Daaalí,
su personaje más complicado, que le valió el Premio
Nacional de Teatro del año 2000.
Teresa
Ferré, BARCELONA
Ubú
President o Els últims dies de Pompeia está colgando
el cartel de agotadas las localidades cada noche, incluso los días
de partido del Barça. ¿El Excels está
de moda?
Entre dos instituciones totalmente en decadencia como el Barça
y Pujol parece que la gente prefiere venir a vernos, quizás
porque les afecta más de cerca en su vida. Pienso que finalmente
se ha comprendido que la crítica y la transgresión
contra los políticos va bien para oxigenar un poco el mal
ambiente y abrir las ventanas.
De todas maneras presentas a Pujol como un ser entrañable
¿no le estarás haciendo un favor?
Quizás, supongo que debe tener también una parte entrañable,
es una cosa que todo el mundo tiene. Aparece un Pujol en la recta
final, que lo empujan para que se vaya, pero no olvidemos que ha
gobernado 21 años. Son muchos años de corrupción
que practican los políticos a todos los niveles, incluso
en los pueblos más pequeños y que ya es un mal endémico.
Por eso cuando se ve esta obra fuera de Catalunya ya no se trata
de quién es sino de lo que representa.
De las tres ocasiones de Ubú, la del 81, la del 95 y ahora,
¿nunca ha venido a verlo?
No, nunca. Ha hecho declaraciones diciendo que un político
se merece críticas pero que no ha de ser masoquista. Yo lo
entiendo porque si hicieran un espectáculo de dos horas dedicado
a mí
De todas maneras, los políticos son tan
engreídos y se creen tan superiores a los demás que
les molesta mucho que se rían de ellos. No sé si es
una herencia del franquismo pero tendría que ser al revés,
tendrían que estar al servicio de la gente.
¿Y Maragall qué? ¿Vino hasta vuestro local
de ensayo para ver Daaalí?
Todavía no. Maragall aquí es más de lo mismo.
Todos están emparentados, son las grandes familias que mandan
desde siglos. Aquí a Maragall lo presentamos como un continuador
de la política de esta gente que se creen padres Abrahams
que conducen al pueblo.
¿Os habéis quedado como la compañía
que planta cara al poder?
Pero, ¿es que hay alguien dispuesto a jugársela? Para
este espectáculo tuvimos que hipotecar El Llorà y
los miembros de la sociedad estuvimos meses sin cobrar.
Me sorprendió porque en el dietario explicas que preparando
Daaalí tampoco cobráis, además, parece que
sea el personaje más complicado que has hecho.
Sí porque tienes que estar constantemente al 100% Con el
Pujol puedo salir a hacer un pipí, charlar y hacer bromas,
pero con el Dalí tengo que estar en el escenario constantemente,
son dos horas de ritmo alto, porque a parte de las agonías
también está allá dando guerra.
¿Ha
sido la apuesta más fuerte de la compañía?
Sí, sin duda porque además todo el tema de la pantalla
que costó 40 millones de pesetas y era un espectáculo
super complicado, 9 toneladas de material, la fuerza de aquello
era bestial, 20 personas dos meses sin cobrar
Sí, Joglars
tiene una trayectoria importante en el campo del teatro europeo
privado, un lider carismático, unos actores cojonudos, todo,
pero este espectáculo de Daaalí habría podido
ser un buñuelo. Podríamos haber tenido 10 personas
en la sala y nos lo comemos nosotros, no somos como el Liceo o el
Nacional
Al contrario, se hubiesen alegrado mucho estos.
¿Hacía tiempo que escribías el dietario?
Sí, cuando viajábamos. Conocemos muy bien España,
todos los cambios que ha habido, y yo apuntaba restaurantes, antros
de perdición y vicio, bares para cuando vuelves saber qué
estaban bien. También cómo era el público,
reacciones que tenían. Después lo continué
haciendo con procesos de creación de espectáculos.
Y con el Dalí me fue muy bien porque era como una especie
de lugar para desfogarse. En lugar de darle la paliza a mi señora
(la actriz Neus Tuneu /Gala en la obra), o a los compañeros,
lo escribía. Cuando había días que parecía
que la cosa iba bien miraba atrás y me decía, ves
esto iba fatal y ahora parece que se ha resuelto. Era una manera
de darse ánimos y de pañuelo para ir a llorar.
Literariamente se nota en seguida el estilo de Pla, ese buscar el
adjetivo
Se intenta, pero Pla ya sabes que es muy grande.
¿Tu ya leías a Pla antes de interpretarlo?
Sí, empecé leyendo Pla de adolescente gracias a un
personaje muy raro que vende huevos, un autodidacta que me dijo:
esto tienes que leerlo. Y yo no, que este tío es un facha
prejuicios. Cuando lo leí nunca pensé que acabaría
interpretando a Pla y al llegar el momento ya lo tenía un
poco por la mano.
Hablas bastante del hecho de comer bien, ¿otra influencia
planiana?
Él decía que lo único que se necesita para
viajar es tener un buen estómago. Yo he llegado a comer bien
por la edad, después de acabar machacado por los bocadillos.
Al viajar tanto se llega a comer muy mal. Pero huyo de estos grandes
restaurantes que son una estafa. Me gusta la comida sencilla, fresca
y de calidad pero no tiene nada que ver con lo caro.
Parece que el buen comer y el buen vivir forma parte de esa manera
de entender la vida que tenéis la compañía
porque Boadella también habla de ello. ¿Consecuencia
de vivir en pleno monte?
Por supuesto. Abro la puerta de casa y cojo setas. Allí si
no lo haces eres un marciano, tienes la peste. Trabajar allá
arriba es un modo muy especial de entender el teatro porque de hecho,
nosotros tendríamos que dedicarnos a tener un rebaño
de ovejas o ir con el tractor porque es lo que hace la gente de
al lado. Vemos esto, vacas y monte.
¿Os
consideran un poco raritos los vecinos?
Somos lo chalados totales. Lo que no entienden es cómo podemos
vivir de esto. A mí personalmente me gusta mucho porque siempre
he detestado estos núcleos como Barcelona o Madrid, aunque
he vivido algún tiempo en ellos. Hay actores que no se adaptan,
son más urbanos y lo pasan peor en los procesos de creación.
¿Estáis allí encerrados en plan concentración
futbolística?
Sí, por supuesto. Hay una cosa muy importante que es que
el tiempo cunde mucho más, pasa de manera diferente. En invierno
hace mucho frío, por eso nuestros montajes se preparan en
verano porque el día es más largo, tenemos piscina
y se puede estar más por fuera.
¿Te quedan tics en tu vida privada de tus personajes?
A veces me dicen que pujoleo un poco. Pero con Pla y Dalí
no me lo dicen. Yo no lo creo, no soy uno de estos actores que necesite
meterse tanto dentro del personaje. Sí, he mirado videos,
he leído sobre ellos pero no como la gente se piensa no de
manera exagerada.
¿Qué
te cuesta más cuando empiezas a trabajar un personaje, la
voz, los gestos
?
Tengo miedo de que se me enganchen los personajes. Por ejemplo,
venía de hacer Pla, un personaje muy fuerte y tengo delante
a Dalí. No lo encontraba, me parecía que lo hacía
monótono, sin modulaciones. Siempre me quedaba en un punto
alto y no había forma de encontrar el tono. Fue durísimo.
Quizás porque cuando haces el espectáculo no lo ves
con todo su contenido y no te das cuenta. Hasta que no terminas
no puedes jugar con los tonos, el volumen
De Dalí, ¿qué fue lo más duro?
Esta cosa del Dalí más íntimo, más doméstico
ufff,
no llegaba. El Dalí normal existe. Es más
fácil ese Dalí que cuando veía una cámara
o cuando aparecía públicamente se creaba su propio
personaje. Pero en su ámbito privado no era así. Esto
es lo que más me costó porque siempre me veía
en el mismo punto.
¿Cómo llegaste a ser actor?
Yo era un desecho familiar, no había manera humana de que
hiciese algo. No me gustaba cuidar cerdos en la granja familiar
y mi vecino era aviador, pero tampoco pudo ser, porque soy daltónico.
Llegué a los 22 y no era nada en la vida. Me apunté
en el Institut, en Vic, para que en mi casa viesen que hacía
algo y por mí, para no caer en una depresión. Allí
encontré a otros como yo, juerguistas, desastres pero que
a la hora de los talleres y los cursos, curiosamente, éramos
bastante buenos.
¿Qué es para tí el teatro?
El teatro es un juego. Finalmente es una cosa ficticia, uno juega
a hacer algo y en este juego siempre tiene que haber un distanciamiento.
Cuando acabas la partida te vas a casa y, hala, a coger setas.
Después de la Trilogía te embarcas en el cine con
Soldados de Salamina ¿será tu primera película?
Sí, estoy muy agradecido a David Trueba porque lo aprecio
mucho. De hecho combino la gira de la Trilogía con el rodaje.
Esto me ha llegado por casualidad, no lo he buscado. Estoy contento
e inquieto a la vez porque he hecho tele y el ritmo es frenético.
A mí me gusta cocinar el personaje de una manera más
lenta, puedo jugar mucho más con los matices y no sé
cómo irá todo esto.
¿Cuándo descansa Els Joglars?
Casi nunca. Ahora Albert está encerrado con los nuevos proyectos.
Una cosa sobre el mundo de la comunicación, que en teatro
puede ser bastante complicado. También un encargo basado
en el Libro de Buen Amor que será un repaso de este sentimiento
a lo largo de la historia. Como en Ubú, al final igual solamente
quedan unas pocas líneas del Arcipreste de Hita, conociendo
a Albert
Habéis cumplido 40 años. ¿Qué queda
de aquél decálogo del principio?
Creo que se cumple, pero no de una forma forzada, sino natural.
A veces me han dicho: ¿por qué no dejas la compañía?
No, ¿para qué? las cosas han ido así y a mí
me gusta mucho donde vivo y cómo trabajamos.
Boadella, el cabecilla de la banda
Hace
40 años que escribió los 10 mandamientos de la ley
de Els Joglars como decálogo a seguir: 1) Individualista
2) Asilvestrado 3) Antidogmático 4) Provocador 5) Desconfiado
6) Ir siempre a la contra 7) Desdeñar la fantasía
8) Amar el mal gusto 9) Fomentar los enemigos 10) Huir del teatro.
Esta es la receta vital de su compañía, recuperación
de aquella banda de niños de posguerra que se pasaba el día
gamberreando en uno de los barrios burgueses de Barcelona, aunque
él, hijo de perdedores, vivía en una casa pobre. Una
manera de entender la vida y el arte que los ha llevado a convertirse
en la única compañía del estado español
que huye del humor blanco como de la peste con el perfeccionismo
y la artesanía teatral como banderas. Lejos de los centros
de producción, se encierran en La Cúpula, una especie
de monasterio budista perdido en un bosque, donde pasan los meses
de creación preparando a fuego lento su próxima puñalada
al poder venga de la institución que venga. Han maltratado
a políticos, iglesia, artistas y gente de la profesión,
sin olvidar a la prensa, otra de sus dianas predilectas. A lo largo
de su historia han pasado de sufrir la cárcel, los atentados
y el exilio de los primeros tiempos (inolvidable el capítulo
de la fuga de Boadella) al reconocimiento de las instituciones con
todo tipo de galardones y, sobre todo, a ser una de las troupes
que congregan más público en el patio de butacas.
Espectadores que nunca salen indiferentes, como sucede en demasiadas
noches de teatro actualmente. Ahora están de celebración:
en los escenarios con La Trilogía y en las librerías
con una obra sobre la compañía, un diario de Ramon
Fontserè y la autobiografía de Boadella. En Memorias
de un Bufón, más que la calidad literaria de la obra,
destacan las anécdotas, reflexiones y sentimientos de un
angelito de pelo rubio que durante toda su vida se ha dedicado a
ejercer públicamente de bestia negra. Imposible separar al
cabecilla de lo que es la banda ya que él mismo se ha convertido
en verdadera raíz, motor y esencia, por eso sus memorias
son también las de Els Joglars.
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