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Cuando
el cine se convierte en escándalo
El
Instituto Francés de Barcelona ha iniciado las actividades
culturales de este año con la programación del ciclo
Cine y escándalo, dentro del que se proyectaran
11 largometrajes producidos en Francia que, por diversos motivos,
han sido dilapidados por la censura o han provocado escándalos
en el país vecino. ¿Cuándo el cine se puede
convertir en escándalo? Esta es la pregunta a la que pretende
dar respuesta este ciclo, y en torno a esta cuestión, mantuvimos
una conversación con Philippe Reliquet, director del Instituto
Francés de Barcelona (www.institutfrances.org) que, paradojas
de la vida, fue miembro del Comité de Censura francés
a principios de los 80.
Iban del Campo
El ciclo cinematográfico Cine y escándalo que acoge el Instituto
Francés de Barcelona se inauguró el pasado 14 de enero con la emisión
de El último tango en París (1972), de Bernardo Bertolucci en el
que Marlon Brando sodomiza a la joven Maria Schneider. La película
se prohibió en la España de Franco y por ello se dice que desde
Barcelona salían autobuses repletos hacia Perpignan para ver la
película y la famosa escena de la mantequilla, que escandalizó en
Francia, pero nunca llegó a prohibirse. El ciclo concluye el próximo
19 de marzo con la emisión de la polémica Baise-moi (Fóllame), que
se estrenó sin pena ni gloria el año pasado en los cines de este
lado de los Pirineos, pero que en Francia provocó un agitado debate
social que concluyó con la decisión del Consejo de Estado francés
de arrinconar la película al moribundo circuito de Salas X.
Diablesa provocadora
Cine y escándalo tiene su razón de ser en un reciente acontecimiento:
la muerte de Roger Vadim, cineasta francés no excesivamente conocido
y catalogado actualmente como secundario, pero que a lo largo de
su carrera fue noticia sobre todo por su película Y Dios creó a
la mujer (1956), título que se incluye en el ciclo y que catapultó
la fama de su esposa, Brigitte Bardot, considerada en la época como
una especie de Diablesa demasiado seductora, al mismo tiempo que
se consideraba a Vadim como el Diablo. La pareja ideal para el escándalo.
El erotismo de la película fue calificado de ³tórrido² y la censura
de la época cortó varias escenas que hoy hacen, en el peor de los
casos, sonreír. Por otro lado el reciente escándalo surgido en Francia
a raíz del estreno de Fóllame, ha hecho revivir fantasmas del tiempo
de la censura. La película obtuvo la autorización para ser estrenada
en circuito comercial, pero a requerimiento de asociaciones extremistas,
el Consejo de Estado decidió retirar la autorización y condenarla
al circuito X, hasta que el Ministro de Cultura, presionado por
la opinión pública, volvió a permitir su exhibición en el circuito
de salas comerciales.
Aumentar
la recaudación
Ante este tipo de escándalos y otros miles que se han dado en la
historia de los modos de expresión artísticos surge la duda de si
es el propio autor (o bien el productor, editor, marchante...) quien
conscientemente provoca el escándalo para aumentar la recaudación
en taquilla por ejemplo, o es más bien la reacción o la interpretación
de determinada parte del público o de la sociedad la que hace brotar
el escándalo, fenómeno que la mayoría de las veces supone una impagable
publicidad gratuita para la obra que, de este modo, puede llegar
a tener un eco mucho mayor del que en un principio aspiraba a tener.
Philippe Reliquet, director del Instituto Francés de Barcelona y
responsable del ciclo, opina que Vadim posiblemente era consciente
de que iba a provocar el escándalo con Brigitte Bardot y de que
iban a molestar a determinados grupos que defendían una moral concreta.
En cambio afirma que la mayoría de los autores no buscan el escándalo,
más bien al contrario, el escándalo los sorprende. ³El escándalo
aparece por sorpresa. Se han dado casos muy curiosos como el de
Viridiana (1961), de Buñuel² - recuerda Reliquet - ³que, producida
en la época de Franco, llegó a representar a España en Cannes (ganó
la Palma de Oro) y fue a partir de allí que se produjo el escándalo².
Buñuel sabía que Viridiana no era una película del gusto del régimen
franquista, pero le sorprendió que después de ganar en Cannes, llegara
a estar tanto tiempo prohibida en España. Según recordaba Buñuel
en una entrevista, ³el escándalo se disparó por las críticas de
un padre dominico que estaba como corresponsal de L¹Ossevatore Romano
en el festival, diciendo que el cine estaba perdido moralmente,
etc. De L¹Osservatore, esa opinión pasó a España, al episcopado,
a los ministros. El director de Cinematografía español, que había
recogido la Palma de Oro concedida a la película, fue destituido².
Reliquet está convencido de que el escándalo es algo irracional.
³Si quieres provocar escándalo, no se produce o surge por una razón
imprevista. Pienso que hay realizadores que buscan a toda costa
el escándalo y no lo encuentran². El objetivo del Instituto Francés
al programar este ciclo es el de dar la oportunidad al público de
presenciar películas que han escandalizado a nuestros padres y abuelos,
hasta títulos recientes que siguen resultando escandalosos hoy en
día, y sobre todo para hacerse la pregunta de si lo que hoy nos
escandaliza seguirá escandalizando a las generaciones venideras.
Reliquet es partidario de que el cine no puede tener censura: ³pienso
que podemos verlo todo. Es cierto que se debe prevenir a la gente
de lo que va a ver y quizás, proteger a los menores. Lo que no tiene
sentido es impedir a alguien el acceso a ciertas imágenes, con las
necesarias excepciones de contenidos racistas o favorables a la
pena de muerte, por ejemplo².
Defensa de la virtud
Reliquet recuerda los dos años de principios de los 80 durante los
que fue miembro de la Comisión de Censura en Francia, organismo
que sigue existiendo hoy en día, y que decide si una película se
autoriza a menores de 13, o 18 años, o bien se desvía al circuito
de Salas X. Este organismo estaba compuesto por viejos magistrados,
de funcionarios y de representantes de asociaciones familiares que
defendían la Virtud. ³Encontraba esta composición como arcaíca.
Era absurdo el hecho de que una madre católica de familia numerosa
(símbolo de moralidad) opinara sobre una película en la que un hombre
tiene una erección. También es cierto que de cada 10 películas que
visionábamos para posteriormente deliberar sobre la autorización,
unas ocho o nueve eran pornografía barata. Era muy aburrido. Hoy
la Comisión sigue existiendo pero no se puede hablar de censura
como a finales de los años 50². Pero lo que sí sigue existiendo
en el siglo XXI son los tabúes. Películas que plantean temas delicados
y que no son censurados por una comisión estatal, pero que pueden
sufrir otro tipo de censura más moderna. Por ejemplo, que ninguna
distribuidora acepte la película, con lo cual es como si no existiera.
Reliquet opina que se ha avanzado considerablemente en la permisividad
de imágenes relativas al sexo. Ya no nos resulta escandaloso ver
a una pareja (eso sí, heterosexual) haciendo el amor en una película.
Otra cosa es cuando el acto se muestra con primerísimos planos o
con planos detalle, pero en general en general estamos más acostumbrados
al sexo y al erotismo. ³Pienso que hoy en día siguen siendo tabúes
la religión y a la política. Una película que ataque o que cuestione
determinada religión o determinado partido político siempre tendrá
problemas².
Sexualidad mal digerida
El ciclo Cine y escándalo incluye títulos sobre temas relacionados
con la política como Le petit soldat (1960) de Jean-Luc Godard,
sobre un desertor de la guerra de Argelia que tuvo muchos problemas
de distribución. Como ejemplo del tabú de la religión se incluye
Suzanne Simon, la Religieuse de Diderot (1965), de Jacques Rivette.
Acosado por los políticos y los conventos cambió el título pero
la película fue prohibida. La mayoría de títulos que presenta el
ciclo abordan la sexualidad de una forma que no fue bien digerida
por las autoridades de la época, como Les amants (1958), de Louis
Malle, Cuentos inmorales (1974), de Walerian Borowczyk, y las más
recientes Romance (1999), de Catherine Breillat, o Fóllame (2000),
de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi. Para cerrar, una cita
del director J.L. Diblidos: ³En cuanto que es un hecho cultural,
el cine no puede tener censura. La cultura no acepta limitación,
pues su caldo de cultivo es la libertad².
El ³destape² de la censura
La censura franquista mantuvo al cine en la más estricta
sequía anatómica. 1975 fue el año del primer
desnudo integral femenino, de María José Cantudo,
en La trastienda. Tampoco se pudo tratar ningún tema que
atentase contra la moral (adulterio, homosexualidad, aborto...).
Bigas Luna, Pedro Almodóvar y Vicente Aranda fueron los pioneros
en tratar el sexo de una forma más abierta.
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