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Artez 58. Febrero de 2002
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    “El teatro es el arte de las preguntas sin resolver”

    Este hombre no para. Tres montajes de Mario Gas conviven alegremente en la cartelera mientras prepara otro. Ahora está a punto de estrenar Las Criadas, de Jean Genet en Barcelona y el mes que viene estará en Madrid con este montaje y para preparar la dirección de la ópera Madame Butterfly. Considera que “si un periodista o un médico trabaja todo el año y nadie se extraña lo mismo debería ocurrir con un director de teatro”. Con una carrera impresionante a cuestas está en un momento de “redefinición” después de dedicarse los últimos diez años a dirigir.

    Teresa Ferré, BARCELONA

    Firmas la traducción y dirección de Las criadas de Jean Genet. Háblanos un poco del mundo de este autor que siempre funcionó al margen de la sociedad.
    Genet dinamita, y no solamente en esta obra, el mundo establecido. En este caso es una reflexión sobre el mundo de la marginalidad, sin ruidos ni estridencias, pero donde el autor lanza flechas desde el escenario. Yo lo definiría como la poética de lo sórdido.

    A grandes rasgos ¿qué nos muestra Genet con esta historia?

    Es un juego de roles diferentes, de espejos, de miradas, del mundo del poder, de la marginación, del lado oscuro, de las pequeñas vías de escape que tienen pequeños seres que están ahí, siempre en las cloacas existenciales. Hay también un dolor existencial importante en los tres personajes y hay una serie de especulaciones sobre el orden establecido pero desde una vía diferente de otro autor más inmerso en una lucha social o ideológica, se trata de una vía introspectiva. Creo que hay personajes, arquetipos y situaciones que no tienen una traducción directa y esquemática clara, sino que van abriendo claves desconcertantes y fascinantes de las relaciones humanas, como en este caso. Genet, además, tiene un punto de vista humorístico que al mismo tiempo es muy macabro.

    ¿Crees que es un buen momento para este texto?

    Desde luego es un texto al que siempre se puede volver. Tiene mucha vigencia porque en sí mismo las cosas tienen vigencia cuando son potentes y este texto lo es. De todas maneras no se ha hecho mucho en este país, porque su dificultad requiere actrices de gran nivel. La primera vez que se representó en España fue en el Poliorama en Barcelona, en el 69, con Núria Espert y Julieta Serrano dirigidas por Víctor García.

    ¿Viste aquel montaje?

    Sí lo vi más de una vez, fue un montaje que todavía hay mucha gente que recuerda. Cuando me planteo un texto no acostumbro a mirar otras referencias gráficas de otros montajes pero en este caso hay algunos elementos visuales que rinden cierto homenaje al de García, aunque hayan pasado más de veinte años.

    Cuentas con un elenco de “cine” con Aitana Sánchez Gijón, Emma Suárez y Maru Valdivielso, las tres encantadas de trabajar contigo y sin escatimar elogios hacia ti en ningún momento…
    Mira, yo no hago distingos con la gente. Tanto cuando me proponen espectáculos como cuando los propongo yo quiero trabajar con gente más o menos afín. Lo único que pido es trabajar seriamente, que nos sumerjamos todos en el desentrañamiento del espectáculo que vamos a hacer y que trabajemos a tope y en ese aspecto la experiencia con Emma, con Aitana y con Maru no ha sido muy diferente de otra experiencia. Ahí ha habido tres actrices entregadas, con ganas de hacer un trabajo serio y aquí estamos.

    Hace poco que han acabado las representaciones de Mare Coratge i els seus fills, un texto que, por casualidad, ha adquirido un componente de actualidad al hablar de la guerra…
    Madre Coraje es uno de los montajes de los que estoy más satisfecho. No se trata solamente de un texto que hable de la guerra, hay por ahí un entretejido y además con esa fascinación de Bertold Brecht por esta cultura popular, de las épocas clásicas, del siglo de oro, de la picaresca, donde las cosas se iban produciendo con cierta naturalidad… El otro día leía un artículo del 92 donde se decía que Brecht cada vez es un autor más difícil: no se le entiende desde la izquierda, no se le entiende desde la derecha, todo el mundo lo sublima, lo quiere encasillar en un código estético o ético. Pero es mucho más que eso y, es verdad, Brecht es muy complejo y a la vez muy simple. Entonces yo en este montaje no quería escaparme por tintes ni melodramáticos, ni nada sino dejar fluir la dialéctica de la relación de los personajes.

    Todavía está en cartel Full Monty. Quizás el público de este musical no es el de Mare Coratge o Las Criadas pero incluso cuando te planteas montajes más comerciales no dejas de plasmar ciertos problemas de la sociedad…

    Lo intento, lo intento, no sé si se ve. El teatro siempre es metafórico y muchas veces si estamos defendiendo un teatro pretendidamente ac-tual, porque es una cosa que ha pasado ayer, la vida es más fuerte que cualquier aspecto artístico y tenemos las noticias, muy adulteradas, pero es lo que pasa cada día. En el teatro se tiene que reflexionar explicando historias metafóricas donde tú extraes la anécdota o lecturas más generales. Yo es lo que siempre intento ya sea montando comedia, drama, farsa, musical o no. Aspectos que tengan unas contradicciones fuertes del individuo con él mismo y con la sociedad en la que vive.

    ¿Cuál es tu relación música/teatro?

    La música es muy importante, tanto si se trata de un musical o no. Pero yendo más allá, yo creo que el teatro también es una partitura, que el texto no es un lenguaje puramente de definir personajes sino que en sí mismo tiene un ritmo, una música. En un espectáculo todo tiene que caminar hacia el mensaje central, el texto, los actores, las luces, la ubicación del espacio e incluso la visualización, porque aunque hagamos teatro de texto, hoy en día está muy presente el mundo de la imagen, el mundo cromático. Hay una concepción visual, arquitectónica, plástica que no se puede olvidar.

    En Lulú optaste por una estética expresionista…

    Sí, aunque el texto es pre expresionista. Siempre intento que las obras respiren, pienso que hay un lenguaje que tienes que positivar porque es como están explicadas. Nunca intento cargar con un código estilístico sino que lo cojo para ser fiel a una idea pero después se tiene que romper, con coherencia, siempre con coherencia, no para hacer imágenes gratuitas. Crear un universo, un estilo que haga que la historia penetre más directamente. Ésto en Lulú quedaba muy claro. Además es un personaje fascinante, contradictorio. Yo estoy muy de su parte, no partía de una distancia con Lulú sino de muy cerca, intentando ver sus razones, cuál es el mundo en que se desarrolla, cuál es la sociedad que la intenta matar constantemente comprando su libertad, queriéndola para luego anularla. En el fondo eso es lo importante de Lulú, como en Madre Coraje es el doble proceso de camino humano, de experiencia pero de alienación. Lo que sí hace tiempo me he puesto en la cabeza es no jugar al director, no inventarme cosas para que digan oh, que truco, sino intentar servir las ideas y un poco para aclararme a mí mismo mis preguntas y a la gente que lo vea. El teatro es el arte de las preguntas sin resolver.

    No sé si es casualidad pero en tus últimos montajes de texto las protagonistas son mujeres ¿Lo eliges así?
    Está bien la pregunta porque no me la había planteado nunca. Pero, imagino que entre lo que te proponen que son títulos así, obras que más o menos tú propones… Pues, es verdad. Será un poco la fascinación por el mundo de la mujer, que es un mundo potente, contradictorio, diferente al nuestro y que todo aquello que de alguna manera te fascina y desconoces de algún modo, intentas profundizar y sumergirte en él. Pero tampoco es una actitud consciente.

    Has estado en el teatro haciendo de actor, también en cine y televisión pero quizás hace tiempo que te has centrado más en la dirección
    Sí, en los últimos diez años he dirigido más. Yo siempre había dirigido uno o dos espectáculos al año, había pasado temporadas de 2, 3 años sin dirigir teatro de texto, a veces había hecho solo de actor o director de ópera y tal. A partir de El temps i els Conway esos diez años han sido muy prolíficos, de estar dirigiendo dos y medio y tres espectáculos al año. Pero muchos de ellos han significado más trabajo porque los que han estado producidos en catalán se han traducido, se han hecho giras a veces he remontado cosas.

    ¿Seguirás en esta línea de la dirección o tienes otros planes?
    Yo creo que esta etapa se está acabando para redefinirla de otra manera, tener otro tipo de relación con el mundo del teatro a partir de ahora, que creo que iré espaciando mucho más las direcciones y que a lo mejor dedico más tiempo a otro tipo de actividades. Pero bueno, las cosas son como son y en estos diez años la verdad es que me he dedicado sistemáticamente a dirigir y han caído muchos proyectos de colaboraciones como actor de teatro o de cine o televisión que no he podido atender. Una época muy fructífera, con muchas sensaciones y de inmersión absoluta.

    ¿Todavía haces doblaje?

    No sí se entiende continuamente, pero sí hay algunos personajes que todavía hago. De vez en cuando hago Jonh Malkovich, Ben Kingsley sí lo hago muy a menudo. A veces te llaman y no puedes. Vengo a hacer unas 10 o 12 películas de doblaje al año. A mí es una profesión que me gusta como profesional, como visionador de películas casi siempre voy a ver las versiones originales. Es una contradicción aparente pero es así. Y me gusta como actor intentar adecuarme a los muñecos que salen ahí, intentar ser muy fiel al tipo de interpretación del actor. Es algo que me relaja, me gusta y agradezco mucho que me sigan llamando.

    Volviendo un poco a los textos que has montado recientemente son de autores (Wedekin, Brecht, Genet) que, a parte de ser tremendamente vitalistas, estuvieron al margen de la sociedad que les tocó vivir o pretendieron cambiarla ¿Tú te identificas con esta actitud?

    Sí. Yo lo que no quisiera es caer en ciertas pedanterías porque en este mundo en el que vivimos bastante tenemos con seguir sobreviviendo con nuestras propias contradicciones y a veces hacer una imagen demasiado potente de sí mismo pues te vas encontrando en situaciones que te la van destrozando porque hay que ser muy cauto. Sí es cierto que como medium, yo creo que el director es un poco como un medium, él tiene ciertas ideas, cierto código ético, estilístico y tal, y cuando se produce el encuentro con ciertos autores, con ciertas obras que te percutan, proyectas una mirada y entre los dos elaboras una obra nueva. Pero siempre a partir de aquello que te ha percutido. No cabe la menor duda que autores que han sabido vivir sus contradicciones, que han especulado sobre los dos pilares fundamentales de la marginalidad y la sociedad y la organización de las colectividades y siempre con un punto de no estar integrados de algún modo en una visión, digamos, oficialista de las cosas, teniendo en cuenta que además son autores con una gran carga poética, me atraen.

    ¿Por qué te dedicas al teatro?

    Para mí el teatro de una manera determinada es, por un lado, una necesidad imperiosa, una manera de vivir, un deseo y también una manera de inscribirte profesionalmente en la vida haciendo algo, con todos los baches, sin casarte con demasiadas cosas previas, sabiendo que a veces todo esto es muy ambiguo, que puedes estar en un lado o en otro, con más seguridades, con más inseguridades, a veces con muchos miedos. Te ayuda a ser un poco mejor porque te planteas preguntas que, aunque no las resuelvas, te las planteas tú con un grupo de gente y con un público que quiera ir a ver eso.

    Las Criadas: un reto en la cartelera


    Aitana Sánchez Gijón (Solange) y Emma Suárez (Claire) vuelven al teatro con Las Criadas (1947), dos hermanas que acaban asesinando a la señora a la que sirven, Maru Valdivielso. Emma Suárez explicó que no se trata de ningún capricho sino de un gran esfuerzo y de un claro compromiso, mientras que Aitana Sánchez-Gijón afirmó que es un gran sueño para una actriz. Empezaron los ensayos con muchas lecturas y confiesa Aitana que hasta que no subió al escenario no sintió el texto emocionalmente porque es muy críptico, ambiguo y que dice mil cosas a la vez. Pieza en un solo acto escrita por Jean Genet en 1947, Las Criadas está basada en un suceso real. Existe entre estas dos hermanas una relación de amor odio, de dependencia y de repulsión al mismo tiempo, una moneda con dos caras, todo un sinfín de matices y sentimientos “al filo de la navaja” según Aitana. Cuando la señora no está se ponen sus vestidos y, cada día, como en un ritual, intercambian los papeles y en su intimidad una hará de señora. Es una relación de sumisión entre ellas dos y de ambas con la señora que, explica Suárez “no es consciente del peligro que la acecha”. Maru Valdivielso dice que su personaje vive en su mundo, inconsciente de lo que tiene alrededor, reproduciendo por cultura lo mismo que hacía su madre, su abuela y que se trata de tres personajes que flotan en un mundo muy personal. Las tres actrices explicaron el gran trabajo e implicación que ha supuesto este montaje y destacaron sobre todo el placer que ha supuesto para ellas trabajar con Mario Gas.


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