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"La
crisis económica no va a terminar con el teatro argentino"
Jazmín
García Sathicq es una de las creadoras más jóvenes
del ámbito teatral argentino. Con sólo veinte años
escribe, actúa y dirige sus obras y se consolidó como
directora con Hasta que el agua me lleve. Muchos proyectos
y una visión original del hecho artístico hace que
sus producciones sean atractivas y novedosas. El año pasado
fue becada por el Centro de Investigación Teatral en la Scquola
Europea di Teatro e Cinema di Milano. Este año vuelve a Italia
para perfeccionarse pero asegura que a pesar de la crisis elige
su país y en este estado de cosas "el teatro es más
necesario que nunca para poder seguir viviendo".
Blas
Arrese Igor, BUENOS AIRES
¿A
partir de qué estímulos surgen tus obras?
Para escribir yo me baso en imágenes. Generalmente parto
de una situación muy real y concreta. Desde allí despego
y desarrollo un imaginario que surge de esa misma imagen. A veces
tengo dos o tres imágenes y le doy hilaridad para construir
una historia. Concretamente me dejo llevar por estímulos
sensitivos: olores, imágenes, recuerdos.
¿Existe un universo común en todas tus obras?
No exactamente. Sí hay un común denominador: la angustia
de los personajes. Generalmente aparecen oprimidos por una sociedad
de consumo, establecen relaciones que los saturan y los ahogan.
Descargan su agresividad en el mismo ámbito que genera ese
malestar. Son personajes son monstruos que de repente estallan revelando
un estado que crece dentro de sí por la saturación.
Los universos son ficcionales y particulares. Mis obras tienen elementos
de absurdo, de realismo pero, sobre todo, son universos verosímiles
en tanto lo son para los personajes.
¿Cómo defines tu estética?
Dramatúrgicamente mis obras tienen una forma muy particular.
En mis textos se ve la influenciada de mi madre que es escritora.
Hay un trabajo muy cuidadoso con la textualidad de los personajes,
una textualidad poética y fragmentaria. Nunca están
dichas las cosas en una hilaridad continua, sino que se van mezclando
las ideas y produciendo diferentes lógicas y formas de articular
los pensamientos. Es una modalidad de texto extrañada pero
muy orgánica a cada personaje. El personaje de Dolores en
Hasta que el agua me lleve, por ejemplo, puede ayudarnos a pensar
esto. Es irreal que una persona por pedir agua construya una divinidad
que la persiga y que como consecuencia de eso le llueva sobre su
cabeza toda su vida pero, sin embargo, para este personaje tan fantástico
es real y de hecho lo padece, además escénicamente
ocurre eso, durante toda la obra está cayendo agua en forma
de lluvia sobre ella.
¿Cómo fue el proceso de producción de Hasta
que el agua me lleve, tu opera prima?
Partí de una imagen muy fuerte para mí. Un baño
con casillas en las cuales se veían los pies de una persona,
y de repente aparecían un par botas rojas. Por eso construí
el personaje de Soledad, que está en el baño encerrada.
Tiene una historia personal que si bien tiene que ver con la obra,
no se desarrolla ni tiene mucha incidencia en el argumento. Ella
acaba de ser violada y por esa misma circunstancia se encuentra
en el baño. Allí llega Dolores con un par de botas
rojas. Ella es perseguida por una divinidad que la castiga por haber
prendido fuego a un local, esa divinidad hace que le llueva sobre
su cabeza hasta la muerte. El trabajo comenzó con un entrenamiento
muy fuerte para lograr que las actrices unifiquen el lenguaje de
actuación que a mí me interesaba trabajar en la obra.
¿Cómo defines ese lenguaje de actuación?
Me interesa que cualquier texto u obra esté sostenida por
estados, es por eso que construyo para los personajes una estructura
interna muy sólida, creo que si el actor encuentra esa lógica
propia del personaje puede sostener cualquier historia por más
fantástica o irreal que sea. Es necesario abordar los textos
con variedad de estados de actuación para que tome vitalidad,
es la única forma de que un universo muy ficcional sea creíble.
¿Cuáles son tus gustos teatrales?...¿Qué
es lo que te interesa ver en un escenario?
No tengo un gusto definido, sí tengo un criterio por el cual
me guío, es un criterio mas bien sensitivo que me dice cuándo
una obra me gusta o no. Me parece esencial que una obra proponga
cosas nuevas a esto que es el teatro, que pruebe ideas escénicas,
dramatúgicas, lenguajes de actuación, códigos
visuales y estéticos. Creo que una obra que no contempla
la investigación es una propuesta muerta. Particularmente
me gustan las obras que tienen mucha plástica visual y que
logran alcanzar la síntesis. Me gusta la poesía en
la escenografía.
¿Cuáles son tus influencias a la hora de producir?
Creo que mis influencias más importantes han sido mis maestros.
Gustavo Vallejos, por ejemplo. Él me enseñó
a pararme como actriz en un escenario y tener conciencia del espacio,
los objetos, la relación con los compañeros, y con
todo lo que tiene que ver con la plástica visual, me dio
la apoyatura filosófica para abordar el teatro. Me estimuló
para tener una actitud crítica frente a un método
muy clásico como el que uno aprende en la Escuela de Teatro.
Como en toda institución te enseñan lo que luego tenés
que destrozar, no te enseñan a investigar o a pensar sobre
lo teatral sino que te enseñan una fórmula. Pero eso
en el arte no funciona. Precisamente el proceso creativo consiste
en todo lo contrario. Se tratar de romper, de violentar esos cánones
establecidos para encontrar otros nuevos. Otra maestra fue Beatriz
Catani. Me enseñó muchísimo. Sobre todo desde
la dramaturgia. Empecé a escribir a partir de estar trabajando
con ella. Aprendí a arriesgarme, a ir más allá.Dramatúrgicamente
también me ayudó mucho la beca de estudios que realicé
con Renzo Casali en el Centro de Investigación Teatral en
la Scquola Europea di Teatro e Cinema de Milán, allí
sistematicé nociones estructurales sobre la escritura escénica.
Esas son algunas de las personas con las cuales me formé
y siento que de ellos aprendí mucho.
¿Tenés
referentes en los clásicos del teatro contemporáneo?
Claro que sí. Siento la influencia de Ionesco, Ibsen, Eugenio
Barba, Grotovsky, Artaud, entre otros. Estos grandes del teatro
influyeron en mí desde muchos lugares. Los espectáculos
del Odin, por ejemplo, me aportaron mucho desde el tratamiento espacial
y el abordaje de un mito, o Peter Brook, con la lectura de sus libros
o en la obra que vi de él en el II Festival Internacional
de Buenos Aires, The Man Who... Fue una puesta muy sintética
espacialmente. La obra proponía muchas cosas que él
persigue en su planteo y tratamiento del espacio. En ese sentido
el teatro inglés me parece muy interesante.
¿Cómo ves el teatro en Argentina y en el mundo?
En Argentina varía mucho según la parte del país
en la que estés produciendo. Se juega con tiempos distintos
en lo que es una región céntrica, como puede ser capital
federal, Rosario o Córdoba, no pasa lo mismo en el interior
del país. Hay desigualdades en el acceso a la información,
esa falta de información produce ciertos estancamientos.
De hecho en capital se maneja más información y hay
más contacto con el teatro del mundo, por eso mismo se puede
ver una diversidad de propuestas estéticas muy amplias en
las ciudades capitales, desde teatro clásico, hasta performances,
instalaciones. Esto es muy importante para el enriquecimiento de
lo sensitivo, de la recepción del público. En algún
punto coincido con aquello de que en Argentina, al no contar con
apoyo privado o estatal, estamos obligados a ser más creativos.
Uno tiene que ser sintético y despojado necesariamente. Claro
que esto no siempre garantiza que el espectáculo sea bueno,
sí es cierto que estimula la creatividad...
¿Entonces vos crees que la crisis no frena la producción
de teatro?
Creo que la crisis no impide hacer teatro, sí dificulta los
procesos. La crisis por sí sola no aborta ningún proyecto
teatral independiente. De todos modos la falta de medios económicos
está como marco general, es una variable más que incide
a la hora de generar cosas. Pero creo que nada puede contra la fuerza
de la energía creativa. El teatro está sostenido por
la pasión y eso es una fuente inagotable. La crisis económica
no va a hacer que el teatro se extinga, ni en Argentina ni en el
mundo.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Ahora estoy como asistente de dirección de Beatriz Catani
para Ojos de Ciervo Rumanos, una obra corpoducida por el Complejo
Teatral de Buenos Aires y THEATERFORMEN de Hannover, Alemania. Con
esa obra saldremos de gira en junio, pero antes de eso quiero dejar
estrenadas dos obras. Una es Los Pétalos que te recubren,
es de mi autoría y pienso dirigirla, voy a trabajar con un
elenco formado por la Compañía Teatral Romanelli y
actores invitados. La otra obra es La Conjura Sveikas, un texto
de Susana Tale, con un grupo de actores que me convocaron para dirigir
el proyecto, este último está en proceso de ensayo.
Como actriz estoy en un proyecto, Anotaciones sobre Pólvora
que lo realizaremos también con la Compañía
teatral Romanelli. Y sigo con Detrás de las Palabras, que
próximamente saldremos de gira.
Además estoy escribiendo textos dramáticos cortos.
Participo en Letras de Medianoche, un ciclo de teatro semimontado
que se realiza en la Fabriquera. Es un espacio muy interesante porque
es de prueba de textos, pueden ser leídos o actuados, lo
importante es que se muestran los materiales para ver si funcionan
con el público, con determinado espacio, con determinada
propuesta estética. Es un formato de teatro chico, menos
pretencioso. Eso me exige escribir ya que presento obras cortas
con mucha regularidad. La dramaturgia me parece apasionante, es
un desafío nuevo con cada texto que uno imagina. Es crear
pequeños mundos diferentes a este en el cual vivimos. Creo
que es una de las únicas formas de soportar esta realidad
tan irracional y hostil.
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