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Acerca
del teatro. Reflexiones portátiles
Josu
Montero
Enajenamiento
Cuál
es la diferencia entre un actor y una "persona normal"?
Cuando está sobre el escenario, metido en otra piel, el actor,
el buen actor, es él mismo. Podríamos decir que, en
cierto modo, es entonces y sólo entonces cuando no actúa.
Los demás seres actúan siempre y varían poco
de papel. El peligro del buen actor estriba, me parece, en que tras
esa sobreexposición cegadora de sí mismo, cuando baja
del escenario, en la vida cotidiana, se produce un inevitable y
progresivo alejamiento de sí mismo. Un cierto enajenamiento
es el precio a pagar.
Partitura
Leer teatro. Cuando leemos una novela contamos con un guía
que nos conduce por ella facilitándonos el tránsito.
Es el narrador. En el teatro existe también ese intermediario
que más allá de lo que dice el personaje, nos indica
cómo es, cómo se siente, qué busca ... Es el
actor. Pero cuando nos enfrentamos al teatro sin esa intermediación,
cuando abrimos un libro y nos proponemos leer teatro, la dificultad
aumenta. No tenemos allí narrador ni actor que nos guíe.
Sólo tenemos palabras; unas personas que hablan entre sí
o se hablan a sí mismas. El poeta José Hierro afirma
que la gente no lee libros de poesía simplemente porque no
sabe leer poesía; de la misma forma que nadie compra partituras
de sus piezas musicales favoritas sino que se compra el CD. Afirma
Hierro que a la gente le encanta la poesía cuando alguien
que sabe leerla lo hace en alta voz. La novela no precisa de la
interpretación. Pero la poesía, la música y
el teatro sí que la necesitan. Leer teatro es necesariamente
una actividad que tira de nuestra intimidad hacia el exterior. Además
de público debemos convertimos en director, actores, escenógrafo,
iluminador ... Quizá precisamente ahí estribe su interés,
en la tensión creativa que provoca en nosotros el hecho de
tener que convertimos en receptores y en intermediarios a un tiempo.
El director de orquesta Carlo María Giulini afirmaba recientemente
que cuando quería oír música, no ponía
un disco sino que agarraba una partitura. El texto teatral es una
partitura que todos podemos leer.
Espacios
En su libro "Especies de espacios", el oulipiano escritor
francés Georges Perec establece un curioso paralelismo entre
el folio y el lecho, en tanto que ambos son espacios básicos
de la individualidad, de la intimidad. El folio o también
la página del libro y el lecho son espacios rectangulares,
más largos que anchos, y que se usan siempre en su sentido
longitudinal. 'No se encuentran camas a la italiana", concluye
Perec con un significativo símil teatral. Y claro, si los
espacios, llamémosles verticales, se relacionan con lo individual,
los espacios horizontales apelan sin duda a lo colectivo. El teatro,
y su escenario, es el ejemplo más evidente. En el teatro
se produce el debate de una sociedad consigo misma o al menos
se producía, el teatro es un espacio social de cuestionamiento
o de catarsis o de autoafirmación ... pero siempre de encuentro,
un espacio colectivo y, en su sentido más noble, político.
Hermosa y significativa imagen esa de la pugna del dramaturgo entre
ambos espacios: el vertical de la hoja en la que él escribe
y el horizontal del escenario al que sus palabras deben ir a parar.
Repercusión
Hay algo importante que debemos agradecer al teatro, algo que en
la sociedad actual queda cada vez más desdibujado y que sin
embargo el teatro nos sigue siempre recordando. Es esto: lo que
nos caracteriza a cada ser humano, lo que nos distingue, no son
las ideas sino las acciones; y sobre todo: no hay acciones aisladas.
El teatro nos sigue recordando algo cada vez más necesario:
la inevitable repercusión de unos seres en otros cuando actúan.
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