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Revista de las Artes Escénicas
Artez 59. Marzo de 2002
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    “Decir en escena las reflexiones que se hacen en esta obra es un privilegio”

    Llevaba dos años sin pisar escenario, dedicado a la televisión y a algunas apariciones en cine. La última vez fue en ‘Tot esperant Godot’ dirigido por Lluís Pascual. Su regreso ha sido un desafío para él y para el público, que ha abarrotado la Sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya. La temporada 96/97 la crítica barcelonesa le otorgó el premio al mejor actor protagonista por ‘Àngels a Amèrica’. Ahora se rinden a sus pies sin escatimar halagadores adjetivos (descomunal, gigantesco, uno de los mejores, inmenso, preciso) a su actual trabajo. Con demasiado peso en la mochila para levantar los pies del suelo se muestra satisfecho pero cauto. Este animal de teatro de 44 años nos recibe antes de la función. Más que hablar, susurra. ¿Táctica de seducción? NO. Economización de energía antes de subirse al escenario para ser durante casi dos horas Jean Baptiste Clemence, el protagonista de ‘La Caiguda’, de Albert Camus que dirige Carles Alfaro.

    Teresa Ferré

    ¿Cuando te propusieron La Caiguda, tú sabías exactamente dónde te estabas metiendo?
    Ja, ja… muy buena… ¡No! Bueno, me hice una primera idea, un monólogo, Albert Camus, que ya no se trata de un autor facilito y después, cuando hablé con Carles Alfaro y concretó más el proyecto, cuando leí el texto intuí que se trataba de un curro muy especial, intenso. A priori el texto me pareció muy dialéctico, que lo es. Creí que sería una cosa difícil. Pero había algo como…, no sé, me pudo más la fuerza del texto, que me dejó con muchas ganas de decirlo, me atrapó y después que personalmente tenía la necesidad de volver a hacer teatro pero con alguna cosa especial.

    ¿Qué te enganchó de la novela para decidirte a hacerla?
    El propio texto, la situación del personaje, este proceso que hace este hombre que de estar arriba de todo viviendo en una especie de inconsciencia de repente se da cuenta de quién es e inicia un proceso hacia abajo. Esto me atrapó, me inquietó como viaje del personaje, este viaje interior que hace, que es un desenmascaramiento, como una disección quirúrgica que hace de él mismo y su valentía al enfrentarse al otro yo que todos tenemos. Esto me interesó mucho y a partir de aquí las frases directamente, el texto ya como lector. Todas las reflexiones que Camus hace en esta obra. A partir del proceso de este hombre habla de la justicia, de la culpa, del amor, de la amistad, de la felicidad o del éxito, pero no de una manera pretenciosa sino a través de reflexiones vividas, hechas a través de la experiencia. Todo ello me atrapó.

    Explica un poco cómo vas creando el personaje.
    En los ensayos día a día trabajas tanto el texto como la composición del personaje. Leer Camus es muy de ideas, de conceptos y como lector vas a la tuya. Pero Alfaro tuvo la idea de llevar este texto a escena porque vio que era muy teatral, que el personaje, por las reflexiones que hace y por todo el proceso que vive, pasa por unos estados muy determinados que podían tener mucha fuerza dramática.

    ¿Cuánto tiempo te llevó aprenderte el texto?
    Bueno, dos meses, de ensayos han sido dos meses. Yo empecé a estudiar el texto un poco antes para no acumular trabajo. Estuve estudiando, memoricé las dos o tres primeras escenas antes de empezar a ensayar con Carles. En el transcurso de los ensayos me aprendí las otras tres. Es en el día a día que haces el trabajo. En el teatro siempre se dice lo mismo, pero es así, es un trabajo más sólido porque tienes más tiempo.

    El hecho de trabajar con un texto que inicialmente no está escrito para ser llevado a escena ¿influye en el actor o no?
    Sí, yo creo que sí. El trabajo que ha hecho Rodolf Sirera con la novela ha sido espléndido. Además hemos participado Alfaro y yo. Ha habido hasta diez versiones del texto, se han retocado muchas cosas. Ha sido un trabajo de mesa bastante apasionante. Incluso a medida que íbamos ensayando, si de repente había alguna cosa que no quedaba clara, o una frase que nos gustaba del original y habíamos eliminado, después la volvimos a reincorporar. Era un trabajo diferente porque uno de los peligros de este texto era caer en una cosa dialéctica. Por ejemplo, hay trozos en que el personaje habla con una fluidez verbal que requería hacer frases un poco retóricas si tú quieres, pero se trata de asumirlas, integrarlas como forma de hablar del personaje. Es una persona que tiene cierta cultura que le permite hablar así y, sobre todo, son frases tan potentes, son unas sentencias tan cojonudas que aunque tengan cierto punto retórico si las dices con todo el convencimiento llegan, yo creo.

    Es tu primer monólogo…


    ¿Cómo lo llevas?
    Bien, bien. Je, de momento bastante bien. Además estoy muy contento con el resultado, claro. Evidentemente, la satisfacción de ver que el trabajo que se ha hecho, que ha sido muy intenso, ha valido la pena, primero porque yo disfruto bastante haciendo esto. Cansarse o no es lo de menos porque a mí no me importa agotarme si lo haces a gusto. Y después ves el resultado en el público y realmente estoy muy contento porque la gente, bueno, los comentarios de todo el mundo son muy buenos. Me siento bien, lo que pasa es que intento ver si ya estoy harto de estar solo. Es muy diferente trabajar solo.

    Es que esto de estar una hora y tres cuartos solo en escena sin el apoyo de los compañeros, no sé, si pasa algo o se te va la pelota…
    Estás un poco a la deriva. Es una sensación muy nueva para mí. Pero, no sé, yo no tenía previsto hacer monólogos, ni tenía ningún proyecto de monólogo porque nunca me ha entusiasmado la idea de trabajar solo. Pero vino esto en un momento personal que de repente necesitaba seguramente un reto profesional y el hecho de hacer un Camus por un lado y el hecho de estar solo por el otro era también un reto. Pensé ¿por qué no? Decidí que lo hacía y es una sensación que de momento llevo bien. No estás solo tienes al equipo técnico. La verdad es que de momento lo único que pide este trabajo es estar muy concentrado en escena y sentir que no estás solo, estás acompañado por el público.

    La respuesta del público ¿os ha sorprendido?
    Sí. La idea que teníamos al principio es que estábamos haciendo un espectáculo que iba en contra de los tiempos actuales, donde la gente no tienen demasiada paciencia para escuchar y en que la dictadura de la imagen es muy fuerte.

    Gigantesco actor, descomunal, preciso…
    Ja, ja, ja, veo que te las has leído

    Sí.
    No sé… hombre…

    Profesionalmente supongo que debe estar bien ¿no? No sé si eres de los que las lees o no.
    Sí, yo las leo. Otra cosa es lo que yo opine de los críticos y tal. Son críticas muy halagadoras y que realmente producen satisfacción, no hace falta negar que mi trabajo guste. Ahora bien, el grado de superlativos o de adjetivos, sí, digamos que llena el ego pero, pienso que… a ver, estás contento porque ves que gusta tu trabajo, no solamente a los críticos sino a la gente que la ha visto. Pero no has de subirte a la parra. Uno se siente muy halagado pero tiene que saber controlar.

    Claro porque en tu próximo trabajo vendrán con lupa…
    Sí francamente. No, no, es verdad, después de estas críticas si la próxima cosa que hago no estoy tan bien creeré que estoy fatal. Creo que debemos aprender mucho y una cosa es que este trabajo me haya salido especialmente bien o yo haya evolucionado como actor. Pero esto pasa en todo.

    Ya, pero supongo que tienes claro que esto es un punto muy determinante en tu carrera, tampoco me atreveré a decirte aquello del antes y el después…
    Sí. Tengo la sensación que sí, que de algún modo, como trabajo ¿eh? De entrada como trabajo específicamente, a parte de los resultados y la proyección que pueda tener es un punto y a parte. Cualitativamente este es un paso del que estoy muy contento y si el resultado es así, es decir, si esto tiene más influencia, es posible que sea más importante de lo que pensaba, está bien. Vale. Otro paso más. Es quizás un paso más largo que los otros pero ya se verá.

    Tu personaje empieza hablando con alguien pero al final es como un monólogo interior
    Efectivamente acaba siéndolo. Empieza más con un diálogo pero después es un monólogo interior, es una “vaciada” del personaje consigo mismo y con pocas, puntuales referencias al otro.

    Cuando está hablando con el otro ¿Piensas en alguien, tienes una imagen?
    Sí, visualizo a alguien. Tengo la presencia del otro, debo tenerla. Lo que pasa es que hay momentos en que no porque mi personaje a medida que se adentra en su confesión está solo.

    Supongo que como persona después de un personaje así te separas de él un poco…
    Sí, sí, yo soy muy partidario de que cuando termina la función, acaba y la vida privada es la vida privada. Inevitablemente, no porque te creas o entres en el personaje, acabas cansado de coco por hacer la hora 40 hablando con la intensidad con que necesitas hacerlo. Supongo que es porque estoy cogiéndole la medida de energía. Pero intento no sacar nunca los personajes del teatro y llevármelos a casa. Aunque esta obra en concreto, pues claro, puedes hablar de ella muchísimo solamente por lo que se dice. El personaje lo dejo en el escenario y mañana ya lo encontraremos.

    Como actor, aunque teatro, cine y televisión sean lenguajes distintos ¿qué medio prefieres?
    En el teatro es donde he aprendido a ser actor. Las vivencias que se tienen en el proceso de ensayos, el trabajo actoral y el trabajo en equipo es más profundo, tienes más tiempo y es un proceso más orgánico. Todo es más apasionado y llegas más seguro al estreno, porque es el final de un proceso de trabajo. Después, lo inmediato del trabajo en el escenario con el público. Esto es impagable. Sí, prefiero el teatro porque es el que me ha dado todo lo que sé, mi evolución la he hecho en el escenario. El cine y la televisión son otro tipo de trabajos, muy especiales, con otra magia pero al ser para cámara es más frío y debes tener los deberes más hechos. El actor ha de concentrarse con cierta rapidez, sobre todo en televisión. En cine también has de obtener resultados más pronto porque hay un plan de trabajo que cumplir.

    ¿Cómo elegiste ser actor?
    Me parece que mi caso viene de pequeño. A mí me gustaba hacer comedia desde pequeño, ya imitaba a los profesores, contaba chistes, le perdí la vergüenza al público muy deprisa. Es, no sé, los genes o lo que fuera, incluso de muy chaval empecé a hacer cosas en público, funciones y tal y no tenía demasiada vergüenza y supongo que esto fue creciendo. Es por vocación. De joven cuando iba al cine o al teatro ya decía: yo quiero hacer esto, esto. Tenía muy claro que la afición la tenía y el talento pues en principio se tenía que comprobar. Empecé a probarlo y vi que se me daba bien.

    ¿Te has interesado por otros aspectos del teatro como la dirección?
    No. La verdad es que mi pasión es interpretar. Lo que pasa es que la dirección me ha llegado a tentar un poco, pero no excesivamente. Pienso que dirigir teatro no es tan fácil, hay que tener otro tipo de talento. En cambio yo me atrevería más a dirigir un cortometraje, que es un proyecto que tengo, que teatro.

    Y… ¿harás comedia algún día?
    Ja, ja, ja, ya he hecho, lo que pasa es que ahora hace tiempo que no. Tengo ganas de hacer comedia. Me gusta la comedia, pero depende de qué tipo de comedia. Pero personajes divertidos, no. Ya haré, espero que pronto. No es porque no quiera, que va, es porque no me salen. No sale la posibilidad de hacer comedia o si sale no he podido, o no me ha interesado.

    ¿Lo de estar tanto tiempo sin hacer teatro es porque eres muy selectivo a la hora de escoger?
    Un poco supongo. Pero ha venido dado por los dos años que he estado en Madrid haciendo El Comisario. Estar rodando una serie en Madrid con un personaje fijo no te permite hacer teatro en Barcelona, no puedes estar en los dos sitios. Y hacer teatro en Madrid… pues las cosas que me han ofrecido no me han interesado del todo. Me he dedicado simplemente a hacer la serie y cine.

    ¿Te veremos pronto en la pantalla grande?
    Sí, he hecho dos películas que no se han estrenado de las que tengo muy buena impresión. Una es Smoking Room, grabada en digital, de dos tíos jóvenes, Roger Gual y Julio Wallovits. Es muy interesante, un poco vanguardista, con un guión excelente y muchas expectativas para verla. Después he rodado con Lluís Maria Güell, Nudos, donde hago un papel secundario que me dejó muy contento.

    ¿Cómo calificarías la cartelera de Madrid y la de Barcelona?
    La de Madrid es un poco más folclórico-casposa con algunas excepciones y aquí tenemos más variedad de oferta, hay más de todo. También se está imponiendo desde hace un tiempo un tipo de teatro amable, comedia agradable pero creo que hay más oferta y de más calidad.

    Cuando te refieres a calidad, ¿incluyes cierto compromiso del actor con lo que hace?
    Para mí el actor no es solamente un intérprete de un personaje que alguien ha escrito sino que creo que el actor, como un elemento más dentro de la estructura de la cultura y del mundo teatral tiene que posicionarse, tener un criterio e implicarse en las cosas que defiende encima del escenario. Soy partidario de esto, y con los años más. Por ello también escogí hacer La Caiguda: decir en escena todas las reflexiones que se hacen en esta obra es un privilegio. Es necesario hacer un trabajo creativo de verdad, auténtico aunque eso no quita que se hagan otras cosas.

    ¿Después del mes en el Espai Moma de Valencia harás gira con La Caiguda?
    Sí, haremos un poco de gira, de momento por Baleares. Yo, en principio, estoy dedicado a esta función porque mientras el cuerpo y el coco aguanten quiero hacerla, me apetece mucho. De todos modos me gustaría combinarlo con otros trabajos. Ahora estaré también en una película que se tiene que rodar este año.
    Para terminar, haréis la versión en castellano, no sé, así para que te den el Premio Nacional de Teatro…
    Ja, ja, no… bueno. No hay nada confirmado todavía. Existe la posibilidad, pero ya veremos.

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