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Brindis
por el teatro
El
pasado día 15 de marzo, con motivo de la celebración
del primer cuarto de siglo de vida de las Jornadas de Teatro de
Eibar, se celebró en la Casa de Cultura Portalea de la ciudad
armera un homenaje a los autores que en estos veinticinco años
han visto alguna de sus obras sobre los escenarios eibarreses. Fernando
Arrabal, Ignacio Amestoy, Ernesto Caballero, Roberto Herrero, Alfonso
Sastre y Patxo Telleria participaron en el acto que comenzó
con una ponencia de Arrabal titulada Champán para todos
para pasar después, a un debate conducido por Carlos Gil,
director de la revista ARTEZ, en el que cada uno hizo públicas
sus impresiones sobre la situación de la dramaturgia, la
producción, y en especial, el TEATRO.
Tras
las debidas presentaciones a cargo de Juan Ortega, coordinador de
las Jornadas de Teatro de Eibar, y el Gernikako Arbola con el que
Fernando Arrabal dio la bienvenida al centenar de asistentes, el
Premio Nacional de Teatro dio comienzo al acto de homenaje a los
autores hablando, por consejo de su Dulcinea, su mujer, sobre Ludwig
Wittgenstein, recordando su relación con el teatro, con la
modernidad y el ambiente, en boca de Arrabal, prepánico que
propició, pero sobre todo, la frase final de su Tractatus
philosophicus, de lo que no se puede hablar más vale
guardar silencio, que en opinión de Arrabal define
lo esencial sobre el teatro y sobre el diálogo.
Tras la ponencia de Arrabal, los asistentes a la mesa comenzaron
su charla-coloquio en la que, hilando las propias Jornadas eibarresas
con su modo de entender el teatro, Amestoy subrayó la necesidad
de encontrar un discurso tras el hecho teatral y denunció
la fragmentación y ocasionalidad, la ceremonia de la
confusión en la que se encuentra la sociedad actual,
ya que hoy se elude mirarse en el espejo que debe ser el teatro.
En su opinión actualmente hay autores para hacer teatro,
si bien la fórmula para sacar a éste de las catacumbas
pasa porque los espectadores les pidan sentirse reflejados en sus
textos, mientras que por contra, Patxo Telleria manifestó
su optimismo en cuanto a que el teatro es insustituible.
Alfonso Sastre responsabilizó a las compañías
de la falta de un teatro de calidad, porque si estos hiciesen
buen teatro el público les seguiría. Ahora los grupos
se refugian en la función lúdica del teatro, lo cual
está muy bien, pero si no sólo se centrasen en el
juego, conseguiríamos un gran teatro. Sin embargo,
en opinión de Caballero, existe una tendencia hacia el blanco
y el negro, trabajos que me gustan mucho y otros que nada,
algo con lo que coincidió Herrero, ya que en el teatro se
magnifican las virtudes del montaje pero también sus defectos.
En el debate posterior a las exposiciones, Sastre aseguró
que la clave para conseguir la inflexión del teatro está
en los productores porque estos tienen que creer en el texto, lo
que según Amestoy tiene que aclararse desde la escritura,
ya que actualmente existe un divorcio entre los dramaturgos y los
espectadores, porque entre las tres líneas de escritura,
ritual, mimética y la de la oscuridad, se está siguiendo
ésta última, la más alejada del público.
En cuanto a la relación entre los autores y sus montajes,
la traición del director al dramaturgo, Caballero recordó
la deportividad han de tener los creadores de textos teatrales,
mientras que Arrabal reconoció que prefiere barcos
sin honra que honra sin barcos.
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