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Artez 60. Abril de 2002
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    “El teatro no se puede morir nunca porque es la cultura de un pueblo”

    Los reencuentros con Mª Jesús Valdés son siempre maravillosos. Están llenos de magia, y si el teatro es magia, están llenos de teatro. Esta vez en un lugar muy especial, el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid, en donde, por primera vez, se representa una obra teatral. Mª Jesús Valdés interpreta “Carta de Amor (Como un suplicio chino)” un monólogo de Fernando Arrabal dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente y presentado por el Centro Dramático Nacional. En su gran trayectoria teatral, Mª Jesús Valdés ha recibido la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes 1996 y el Premio Nacional de Teatro 1999, entre otros galardones.

    Belén Fernández. Madrid

    Desde enero estás representando Carta de Amor, ¿cómo te encuentras?
    Ya me encuentro con menos nervios, me encuentro bien. Me encuentro tan rodeada del público... Yo creía que me iba a quitar energía al tenerlo tan cerquita, pero no es así, recibo mucho de todos los que están escuchándome. Es una sala mágica, la Sala de las Bóvedas, era una sala en donde se guardaban los tesoros, una sala cerrada y todo esto parece que me da unas vibraciones magníficas, el tener esas piedras tan antiguas y ese público escuchando que no se le oye para nada. Hay mucho silencio. La palabra es que hay muchísima magia, y creo que el teatro es magia, magia pura. En el teatro si no se establece esa relación público-actriz o actor, no es nada, está deseando que acabe.

    ¿Cómo es el personaje que interpretas?
    Mi personaje en esta Carta de Amor de Arrabal, figura que está posiblemente inspirado en su madre, en su propia madre, con la cuál tuvo una relación amorosa, edípica. Luego, por una serie de circunstancias se volvió todo lo contrario. Un tercer personaje, la madrastra-historia, les separó, como separó a tantísimos españoles nuestra Guerra Civil. Está latente ese pensamiento. Habla el autor, Fernando Arrabal, en boca mía, de esta mujer, de si sería posible la reconciliación, por fin, de todos los españoles, de todas las guerras, que llegara la paz a todo el mundo. La Guerra Civil abrió un paréntesis de rabia que ha llegado hasta hoy, y es verdad, los que han estado en una zona han hablado a sus nietos de que aquello era horrible, los que han estado en la otra exactamente igual. De manera que tendrá que pasar tiempo para que todo se normalice y veamos la Guerra Civil como algo histórico, algo que pasó, pero sin rabia, sin odios. Respecto a mi personaje, es la MADRE, con letra grande, es una madre auténtica, de verdad, no ese tipo de madre que ahora hemos visto en cosas horrendas en televisión, de madres que han llegado a extremos inusitados, que es mejor no recordar, pero eso son casos muy contados, casos enfermizos, porque yo creo que una madre es capaz de dar su vida por ese hijo. Una Madre Coraje, incluso una Medea, que quiere devorar a sus propios hijos. Una cosa muy fuerte, muy bonita. El teatro de Arrabal es de ceremonia, de rito, tiene un lenguaje muy especial, un lenguaje que se dice para intelectuales y no es así, ni mucho menos.

    ¿Has trabajado con otros textos de Arrabal?
    Ni con textos de Arrabal ni con un monólogo de cualquier autor. El monólogo no me ha gustado porque he temido siempre que el público pudiera aburrirse. Tiene que ser un monólogo muy teatral, éste yo creo que no lo es, es una obsesión, la de esta mujer, por esa carta de amor que nunca llega. No he querido hacer monólogos. Pero, después de releerlo, y darle muchas vueltas con Juan Carlos Pérez de la Fuente, que creo que ha hecho la mejor dirección de su vida, está milimetrado, es algo en lo que sólo el público se da cuenta. Yo no me doy cuenta porque han sido meses de ensayo muy duros, entonces tú no ves el resultado porque no estás fuera de él. Pero te aseguro que el público sí lo ha dicho, y la crítica. Me parece que de todo lo que él ha hecho, ha hecho cosas muy buenas, creo que es un trabajo que lo ha puesto entre los mejores directores que tenemos.

    ¿Cómo se siente una actriz en escena “sola”?
    Muy mal, horriblemente mal. Miro a la derecha, miro a la izquierda, digo, ¡dios mío! Estoy completamente sola, no tengo a nadie que me pueda decir algo. Sola. De manera que lo que tengo que hacer es concentrarme, es una obra que hay que hacerla con una gran concentración, no pensar más que en ese personaje y nada más, y adelante, y salir como si te estuvieras ahogando y agarrarte a una tabla y salir fuera. Es muy duro, pero muy hermoso.

    Desde tus comienzos teatrales, cuentas con una trayectoria envidiable. ¿Te gusta recordarla?
    Es bonito recordar, porque hay gente que no me conoce. No me conocen o me conocen por la serie televisiva Periodistas, pero nada más. Entonces, es bueno recordar, no me gusta hablar de batallitas antiguas, eso nunca. Creo que estamos en un presente y hay que salir adelante, como si yo hubiera empezado mi carrera teatral en el año 91 y ya está. Comencé en el Teatro Español Universitario, cuando yo estaba estudiando, en el año 48, en el antiguo TEU, del cuál hemos partido casi todos, más adelante se convirtió en TEI con un director muy olvidado, Modesto Higueras. Él había estado con Federico García Lorca, había colaborado con La Barraca. Él venía con unas ideas innovadoras, frescas, nuevas. Todo esto nos apasionaba, nos llenaba de inquietudes. Pero yo no pensaba dedicarme al teatro de una forma profesional. Todo sucedió así: un buen día, en unas vacaciones, hicimos una función de Escrivá, que luego fue director de televisión. Una obra de él y de Armando Cano, una colaboración que tenía que dirigir Cayetano Luca de Tena, director del Teatro Español. Ahí fue todo y ahí empezó todo. Yo no me lo podía ni creer, antes había estado en la compañía italiana de Ana Farra. Empecé desde abajo, pero en el Teatro Español tuve la gran suerte de que me ofrece Luca de Tena, El villano en su rincón de Lope. Y esa obra hace, de pronto, que el público se vuelque, la crítica se vuelque, todo el mundo y de ahí casi estrené Historia de una escalera de Buero Vallejo, después Buero me dedicó La Tejedora de Sueños. Fue una carrera de mucha suerte.

    En tu curriculum teatral hay un paréntesis de 23 años. Te alejaste de los escenarios por amor
    Tan por amor, tan por amor, que dejé una beca de la embajada para ir a Londres a aprender inglés. Me habían visto los ingleses, por lo visto les había gustado mucho, no es que hubiera esperado entrar en la Royal, pero bueno, nunca sabemos. Después de formar mi compañía con José Luis Alonso, fue una parte importante en mi vida, aprendí mucho de él, y después de hacer obras como El alcalde de Zalamea en el Español, El abanico de Goldoni, ya con mi propia compañía, en la cual estaban actores tan importantes como Paco Valladares, como mi gran amigo Jesús Puente, José María Prada, Julieta Serrano, MªLuisa Ponte... era una compañía tan juvenil que nos llamaban los chavalillos. ¡Cómo me gustaría volver a aquella época! Pero sí, he tratado de hacer cosas de calidad, con gran respeto al público, como La fierecilla domada; el estreno en España, de Medida por Medida de Shakespeare, de eso puedo presumir. Con Macbeth terminé en los festivales de Sevilla. Entonces aparece ese paréntesis grande, por amor. En mi vida, ha pesado más siempre el mundo de los sentimientos y así fue. Creo que las cosas hay que hacerlas seriamente. Y me dediqué a mi marido, que bien lo merecía, a mis hijos, y así pasé esos 23 años de mi vida, hasta que murió mi marido. Yo había pensado en no volver nunca al teatro, ¡nunca!, pasaron años incluso. Inmediatamente me llamó José Luis Alonso, me llamó mucha gente, y sobre todo un productor que se llama Juanjo Seoane, que es el que decidió mi carrera, me llamaba todos los años, hasta que lo consiguió.

    Adolfo Marsillach nos ha dejado recientemente. Mantuviste con él una buena relación profesional y personal.
    Adolfo Marsillach, ha sido una pérdida muy grande para el teatro español, muy grande. Una persona inteligentísima y un gran amigo y consejero con el que tuve la suerte de representar junto a Amparo Rivelles Una noche con los clásicos. Estuvimos dos años seguidos interpretando esta obra. Para mí ha sido emocionante leer en sus memorias que los últimos momentos de su vida, los últimos años, han sido los más felices de su vida. Él también me ofreció impartir clase en el año 87 para la Compañía de Teatro Clásico que acababa de fundar. Y me dijo, “esto no implica que vuelvas al teatro, ya sé que no vas a volver, pero quién sabe si subir y bajar del escenario con la gente joven y medir tu memoria todo eso puede ser muy importante...” y Josefina García impartía clase de verso y yo de interpretación de verso, fue muy bonito.

    ¿Qué opinión te merecen los actores más jóvenes?
    Siempre me ha preocupado el actor joven. El mayor ya está consagrado si ha llegado a algo importante en su vida. Al joven hay que ayudarle mucho porque hay mucha competencia, mucha rivalidad, y hay actores y actrices buenísimas, más actrices que actores. Antes, en la década de los 50, 60, había muchas compañías y el paro era muy difícil en el actor joven. Había una cosa estupenda, era que estábamos seis meses para conseguir un carne de actor. En esos meses no cobrabas, pero estabas al lado de grandes actores y grandes directores y seguro que te quedabas en esa compañía, eso era muy importante. Estaban funcionando entre 28 y 30 compañías, no estatales. Luego estaban los grandes, el Español, María Guerrero, la Comedia... el Teatro Lara, el Teatro Fontalba, teatros que se han cerrado para dar paso a bancos y eso me da muchísima pena. Pero en fin, esto es una realidad. Ahora hablábamos de las salas que están funcionando siempre, como La Espada de Madera, como Cuarta Pared... hay salas buenísimas en donde hay paso para los actores, y ahí es donde se les ve, porque es muy difícil competir. Hay muchos castings, pruebas y, a lo mejor, para un personaje, se presentan 70 u 80 personas, eso es tremendamente difícil. Pero yo creo que esto tiene que arreglarse; La Olimpia se va a abrir, el Pavón se ha abierto ahora, hay que ser optimistas. El teatro no se puede morir nunca porque es la cultura de un pueblo. No se puede morir nunca.

    En los medios audiovisuales no te vemos mucho. Sin embargo, recientemente, has participado en la película Juana La loca de Vicente Aranda en el papel de Juana entrada en años
    Vicente Aranda ha sido siempre muy amable conmigo, yo no quiero nunca hacer cine porque salgo siempre muy feota, horrible, y sí, no he tenido una fotogenia buena para el cine. Quiso que interviniera en La mirada del otro, la película anterior. En Juana La loca, me llamó para hacer este personaje y yo acudí inmediatamente. Me entusiasmó el hecho de estar en una película de Vicente, es el que me ha ofrecido cine y es un hombre valiente en sus películas. Allí estoy, de loca. No tengo que ver con la belleza de Pilar López de Ayala. Esta señora con ochenta y tantos años se había deformado un poquito. Mi experiencia en el cine es escasa, pero tengo el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos del año 54, así que no me puedo quejar. Una película con Antonio Ruiz Castillo La laguna negra basada en el poema de Álvaro González de Machado. Machado no estaba muy bien visto entonces y la película no tuvo el éxito merecido. Había un elenco de cinco actores espléndidos. Tuve la suerte de cerrar la película con Fernando Rey. Estaba José María Lago, mis amigas Irene y Julia Gutiérrez-Caba, Maruchi Fresno... Mi premio del 54 del Círculo de Escritores Cinematográficos lo tengo yo. Por otro lado, la televisión no ha sido un medio que a mí me ha entusiasmado. Me gusta más ver. Si son buenas series las veo. Daniel Écija se fijó en mi para hacer Periodistas a través de otra alumna mía que es Luisa Martín.

    ¿Hacia dónde va Carta de Amor tras finalizar las funciones en Madrid?
    Hasta mediados de junio actuamos en Madrid. Iremos seguro al festival de París y a Berlín. Vamos a ir a Lisboa. A mí me encanta españolear y cada uno de los que participamos, nos volcaremos para que nuestros círculos vean que hay cosas buenas.

    Te gusta mucho Euskadi
    Mi madre y mi abuela eran de Bilbao y llevo esa sangre muy dentro. Reconozco, pero esto no es por tener sangre vasca, aunque soy de Madrid, que allí el teatro es importante, la gente ha visto mucho teatro y entiende mucho. Barakaldo es increíble, aparte del Teatro Arriaga que es una preciosidad, las Jornadas de Teatro de Eibar... Todo el País Vasco. Me duele como a latigazos cuando ocurre algo que nos desagrada a todos, pero hay una gente espléndida, maravillosa. Eskerrik Asko.

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