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Revista de las Artes Escénicas
Artez 62. Junio de 2002
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    Arder de deseo

    DSO
    Guión: MARKELIÑE
    Intérpretes: JAVIER RENOBALES, ANA MARTÍNEZ, SOLEDAD CARRIL, JON KEPA ZUMALDE, NACHO GÓMEZ, MIKEL LOSADA, JUANJO OTERO
    Iluminación: PACO TRUJILLO
    Vestuario: HORTZMUGA
    Coreografía: SOLEDAD CARRIL
    Coordinación: IÑAKI EGILUZ
    Dirección y producción: MARKELIÑE

     

    El deseo, esa serpiente interior que se esconde tras máscaras diversas y que hace perseguir y tropezar cada día es el eje central de la nueva propuesta de Markeliñe, un espectáculo titulado DSO y que nace con el objetivo de ocupar la calle en un juego teatral de luz, sonido, color, humor e ironía y que sigue la línea de nocturnidad y estatismo que la compañía ha ido marcando en producciones similares, tales sean Kubierno, Alo Europa o Armagedon. No obstante, otra de las finalidades del espectáculo es la de mejorar la capacidad artística que la compañía tiene en cuanto a los montajes de calle, en palabras del miembro de la formación Iñaki Egiluz, “incidiendo en ciertos matices creativos, como el ritmo. Nuestra intención, y ahí nos la jugamos, es conseguir un espectáculo que en su ritmo sorprenda al espectador. Para ello, intentamos que cada escena sea un desencadenante de la posterior, que un residuo de la acción precedente sea el arranque de la actual”.
    Elemento de conflicto
    El compromiso, una de las constantes en los trabajos de Markeliñe, estará también presente en DSO, para sugerir elementos de reflexión. En opinión de Egiluz, las obras de Markeliñe no son únicamente lúdicas, sino que pretenden aportar algo más. En este caso, les interesaba el concepto que refleja el propio título, el deseo. “Se nos antojaba una idea muy atractiva porque en sí mismo es un elemento de conflicto, dramático. Es ilusión y a la vez frustración. Es energía pero también represión”.
    Con esa idea inicial y, como siempre, trabajando la creación del espectáculo a partir del trabajo de los actores en los ensayos, han articulado una historia, una alegoría irónica y festiva en forma de cuento imposible. “En la literatura universal existen muchas referencias, no siempre explícitas, al deseo, como los trabajos de autoras como Marguerite Duras o Simone de Beauvoir. También hay personajes, como Fausto o el Don Juan, cuyo motor es el deseo. Nosotros hemos recurrido a La Cenicienta y hemos estructurado la historia en torno al Príncipe Azul, porque es un personaje que desea y es deseado. La historia concreta es un conflicto entre hombre y mujer, algo problemático, ya que no siempre se desea al mismo tiempo ni siempre es correspondido. En esa relación hombre-mujer se cruzan reflexiones sociales, como el deseo que lleva a la posesión, al maltrato, los daños colaterales, por así decirlo”.

    Realismo mágico

    La acción arranca en el momento en que el Príncipe pierde a la Cenicienta e inicia, zapato en mano, su periplo errático en su búsqueda, viaje que Markeliñe aprovecha para conducirlo por el sendero de la metáfora, el simbolismo y el realismo mágico, en la línea de la compañía, que en opinión de Egiluz, sugiere a través de imágenes y sin decir las cosas claramente pero encerrando diferentes cuadros inundados de deseos compartidos en secreto, como el poder, la belleza o la posesión. Para Markeliñe, DSO es un grito de ánimo a continuar deseando.
    Partiendo de la Cenicienta, Markeliñe ha buscado la mezcla de dos texturas, la de los cuentos clásicos y la de los periódicos. Así, el Príncipe Azul se cruza en su camino con una treintena de personajes contemporáneos, para aflorar reflexiones como el maltrato, el machismo, la represión del deseo o la manipulación mediática.

    Balanceo pendular

    Como compañía que en sus espectáculos rehuye de la palabra, Markeliñe afronta sus trabajos de manera intuitiva, como dice Egiluz, “a partir de imágenes que nos parecen interesantes y que están relacionadas con el tema que hemos decidido tratar. Luego las enlazamos de una forma dramática, teatral, que tenga un sentido, por lo que muchas veces la justificación del espectáculo viene después de la imagen”. El proceso de creación de la compañía es en su opinión “un péndulo que no sigue una regla fijada, que en su balanceo toca muchas ideas para, al final, quedarse quieto en un punto donde el espectáculo está cuajado, tiene un sentido, una lógica dramática”.
    Markeliñe se aventuró a realizar teatro de calle –en un principio se había dedicado únicamente a sala– tras ver las posibilidades que da, especialmente en la noche, cuando los colores son más intensos. “La noche, al ser una compañía que trabajamos el gesto como vehículo de expresión, nos da la posibilidad de jugar con los colores y la pirotecnia, y usarlos como un elemento más para nuestro objetivo último. Utilizamos los recursos, la energía de la calle para contar historias, dándole una relevancia a la interpretación de los actores y evitando la vistosidad que no se apoya en un sentido dramático. Por ello, planteamos los espectáculos de calle de una manera estática donde todo está muy medido, y concretamente en DSO, actuando sobre unos módulos que de alguna forma hacen las veces de escenario”, afirma Egiluz. De hecho, asegura que en DSO se llevan todos los elementos del teatro de sala a la calle: luz, sonido y espacios elevados para acoger las acciones y que el público tenga en todo momento las referencias de en qué lugar se está desarrollando el espectáculo y la comodidad necesaria para contemplarlo.

    Espacio envolvente

    La concepción espacial del espectáculo es envolvente, las acciones se suceden cerca del público. “De alguna manera, queremos que el espectador sienta en sus carnes la odisea del protagonista y comparta en todo momento su sensación de vértigo. Al público se le acosará, se le provocará, haremos que se sienta un poco indefenso en ciertos momentos, pero de una manera medida, y sin ningún riesgo”, explica Egiluz. Por ello, han creado un espacio formado por varios módulos estáticos y elevados, entre los cuales se habrá de situar el espectador compartiendo espacio con los propios intérpretes, quienes utilizan tres de los módulos para desarrollar las acciones, mientras que otro está destinado al control de sonido y luces, desde donde se proyectará una iluminación multidireccional, iluminando los módulos de una manera estática, sacándoles diferentes colores y texturas, más un foco de seguimiento que marcará el lugar de la acción cuando ésta ocurre entre el público.
    Aunque se trata de un espectáculo cerrado y con poco lugar para la improvisación, en previsión de la afluencia de público y de su implicación con el espectáculo los actores podrán variar ciertas escenas, una idea también planteada desde la producción, ya que Markeliñe ha preparado dos versiones, de cinco y siete intérpretes respectivamente, que alternarán según las necesidades de cada plaza en la que actúen.


    EKAINAK 1 JUNIO (22.45)
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