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Dansa
Valencia, Euskadi Dantza
Imanol
Arana
Me
fui a Valen-cia esperando calor levantino primaveral y me encontré
con frío y lluvia de invierno traicionero, aunque por esta
vez el tiempo no hizo metáfora: a sus 15 años, Dansa
Valencia atraviesa un buen momento y, según cuentan, va superando
la crisis que debió atravesar hace unos años. Hoy,
vuelve a ser una cita importante para amantes de la danza, quizá
más como festival abierto aunque también como feria
para profesionales, especialmente programadores de teatros y festivales.
De agradecer la comodidad que ofrece la organización, buenos
horarios no saturados y hoteles y teatros céntricos y cercanos.
La verdad es que una semana con tres citas diarias dan para mucho
y el programa fue variado aunque desigual. Como es lógico
y habitual en este tipo de eventos, casi un tercio de los espectáculos
provienen de la propia comunidad, ofreciendo escenario a autores
y compañías jóvenes. Por mi parte, tres días
bien aprovechados en los que pude ver, entre otros, al valenciano
Vicente Saez Sólo / Fenix, a Dominik Borucki
Whats up?, la compañía Danzadas
de Madrid Psique, Mudances, de Àngels Margarit
El Somriure, y de nuevo al gasteiztarra Damian Muñoz
Las Mentiras del entusiasmo. Ah, y en la Danseta València
del auditorio, a Nats Nens Tubs, con público
masivo y entusiasta. Aproveché también para visitar
el Centro Coreográfico valenciano de la mano de sus responsables,
apasionados y acogedores militantes de la danza. Aunque la situación
allí tampoco es de abundancia y facilidad, Valencia, sigue
siendo un referente para la Danza Contemporánea del estado.
Entre danza y paella también hubo tiempo para la reflexión.
Una mañanita se celebró una mesa redonda con un tema
tan sugerente como: ¿Qué le pide el público
a la Danza contemporánea?, a lo que varios de los ponentes
comenzaron respondiendo a la gallega, ¿qué publico?.
Se lo pusieron a güevo. Más allá de las culpas
que suelen achacarse unos a otros creadores, programadores, gestores,
críticos o seguidores, allí surgieron temas interesantes
relacionados con esa fuga de espectadores de la danza. Creo que
de fondo habría que pararse a pensar también sobre
el choque tremendo de ritmos que se produce hoy en día entre
la escena en general, la vida diaria y los estímulos culturales
masivos.
De vuelta de Dansa Valencia, en Euskadi se vive la actividad dancística
típica de esta época: estrenos de coreógrafos
y compañías, muestras y actos diversos de las escuelas
y programación variada y puntual en teatros y salas. Mucha
gente con ilusión y capacidad de crear, bailar y apreciar.
Todo parece señalar que puede ser un buen momento para analizar
y reconducir experiencias, romper rutinas y aunar esfuerzos en apoyo
de nuevas estructuras de producción y de un pequeño
circuito estable y referencial que permita una relación permanente
entre creadores y ese público escaso pero fiel, que en todo
caso será quien pueda poco a poco expandir más el
gusto por el arte y el espectáculo de la Danza.
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