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Abierta
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Huesca,
la incógnita continúa
Carlos
Gil
La
de Huesca es una de las ferias más veteranas, pero a la vez,
es la que más cambios de fechas, de formato, de dirección
y de objetivos ha sufrido en los últimos años. Pensado
como el escaparate del teatro aragonés, la dinámica
le ha llevado a ser bastante más que eso, teniendo en algunos
momentos de su existencia una importancia capital para los espectáculos
de todo el Estado español de mediano formato. La edición
recién terminada así lo ha demostrado.
Como también ha demostrado que la incógnita continúa,
ya que con una nueva dirección, animosa y cabal, la parte
mobiliaria, se ha ido acomodando, pero la inmobiliaria sigue siendo
la asignatura pendiente. Una feria que tanto aporta durante una
semana a Huesca, no ha conseguido que las autoridades locales, provinciales
o regionales apostaran de verdad por dotar a la ciudad de salas
adecuadas para la práctica de las Artes escénicas,
rama Teatro y Danza, no solamente para poder realizar la feria en
las perfectas condiciones, sino para convertirlas en eje de una
política cultural. Y la polémica ciudadana sobre un
teatro público aparece cada vez que vuelve la feria con sus
programaciones, sus cómicos, programadores, productores y
distribuidores.
Los espectáculos se resienten por la falta de estructuras.
Se acomodan los lugares con lo máximo posible, pero la provisionalidad,
en ocasiones se convierte en incomodidad que indudablemente afecta
involuntariamente a las propuestas escénicas. Aunque existe
una buena comprensión generalizada y comprobando que en las
mismas condiciones, los espectáculos buenos llegan y los
mediocres o malos se detectan con mayor rapidez. Y, como siempre
de todo ha habido, y al menos por lo presenciado, yo destacaría
la importante interpretación de Pedro Rebollo con un texto
de Paco Zarzoso en una coproducción entre la barcelonesa
Sala Beckett y la aragonesa Arbolé, alimentan el optimismo
por un teatro de fuste, profundo en formas y fondo.
Por todo ello y mucho más, Huesca se merece no solamente
asegurar la continuidad de la feria, sino su estabilidad, su crecimiento
de recursos y el ajuste a las circunstancias artísticas y
productivas del teatro aragonés como creadores y para servir
como referencia a los programadores aragoneses como receptores de
espectáculos foráneos para sus circuitos
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