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Roskilde,
festival integral de música
Con
la llegada del verano, la vida cultural escandinava sale al exterior.
Teatro de calle, cine al aire libre y, sobre todo, conciertos musicales
en plena naturaleza. De entre todos los festivales de música
destaca el de Roskilde en Dinamarca, que entre el 27 y el 30 de
junio contará con la presencia de Manu Chao, Red Hot Chili
Peppers, Manowar, Pet Shop Boys y Travis, entre los cerca de 150
grupos que participan en la XXXII edición del festival. Los
medios de comunicación critican la ausencia de primeras figuras
pero Roskilde es un festival con unos pocos grandes nombres,
algunas sorpresas y muchos grupos interesantes.
Eduardo
Luzuriaga
Garbage,
The Chemical Brothers, New Order, Nelly Furtado, Rammstein son otros
de los nombres más conocidos de la presente edición
del festival. Demasiado poco, según los críticos
musicales, acostumbrados a ver figuras como Bob Dylan, Neil Young,
Beck, Nick Cave, Iron Maiden, Lou Reed o Metallica sobre la escena
naranja de Roskilde. Calidad general en lugar de nombres
para la galería, suena la respuesta de la organización.
Sin embargo, los organizadores reconocen que les hubiera gustado
traer alguna estrella más del firmamento musical pero se
quejan de la dificultad para contratar grupos estadounidenses en
estas fechas, ya que estas bandas pueden ganar mucho más
dinero con actuaciones veraniegas en su propio país, especialmente
en torno al 4 de julio, fiesta nacional de los EEUU.
Otro problema que padecemos los festivales europeos es el
hecho de que muchos grupos no quieren venir porque el calendario
no se ajusta a sus intereses comerciales, señala Rikke
Øxner, responsable de las contrataciones
.
Año 2 tras la tragedia
Dos años depués del accidente que costó la
vida a nueve jóvenes durante un concierto de Pearl Jam y
pocos meses después de la dimisión de Leif Skov como
alma mater del festival, Roskilde Festival quiere subrayar el trinomio
actualidad, riesgo y transgresión que configura
su esencia. Todo ello en medio de una medidas de seguridad reforzadas
con el fin de evitar que se repita la tragedia. El público
comprobará que hemos mejorado ciertos aspectos de la seguridad.
En este sentido, será más fácil entrar y salir
del espacio acotado frente a los dos escenarios mayores, el naranja
y el verde, indica Henrik Nielsen, responsable de la seguridad.
Asimismo, la dirección quiere continuar desarrollando los
principios de ecología, flexibilidad y apoyo a los necesitados
del mundo que Leif Skov introdujo en su época y que se han
traducido en productos ecológicos en las tiendas y bares
del recinto festivo, una oferta musical de nombres provenientes
desde Japón hasta Mali, y un tema humanitario que se encuentra
presente durante todo el festival, que este año será
Roskilde contra las minas antipersonales.
Música
y olores
Creado en 1971 a la sombra de conciertos como los de Woodstock,
Newport o Isle of Wright, el festival de Roskilde llega a su trigésimosegunda
edición intentando reinventarse a sí mismo para mantenerse
como punto de referencia de los amantes de la música rítmica
y de la convivencia.
Rock, funk, hip-hop, blues, punk, techno,
se mezclan con
los olores corporales de 70.000 personas y una buena dosis de polvo,
o en su defecto barro, para hacer de Roskilde una experiencia difícil
de olvidar.
En el día a día nos empeñamos en ocultar
que somos seres que sudan, huelen, se tiran pedos y se ensucian.
En Roskilde se derrumban todas estas barreras, y con ellas caen
otras muchas. A partir de ahí las relaciones con los demás
adquieren otra naturaleza, basada en la corporalidad, el afecto
y el respeto por las peculiaridades de cada uno. Ahí es donde
radica el alma del festival, comenta Johannes Andersen.
En su intento de hacer de Roskilde una experiencia integral, el
espacio del festival ha sido diseñado y elaborado con la
ayuda de jóvenes artistas locales. Así, entre los
siete escenarios destinados a las actuaciones musicales pueden encontrarse,
por ejemplo, zonas de descanso con sofás colocados sobre
arena de playa, una empalizada de la que sale un sirimiri refrescante
en los días de calor, o una serie de torretas unidas entre
sí por haces de luz que sirven como motivo decorativo y,
a su vez, de guía dentro del recinto festivalero.
Teatro de calle, títeres, malabares, baños de barro,
cine musical y, en la presente edición, fútbol en
pantalla gigante, son algunas de las actividades paralelas dirigidas
especialmente a cubrir las mañanas de quienes se alojan en
el camping del festival.
Desde 1991, Roskilde ha dedicado cada festival a un tema diferente,
siendo éste el objeto de análisis en debates, exposiciones
y coloquios. La serie temática comenzó con La
selva amazónica y el efecto invernadero. En 1992 fueron
invitados diversos representantes de poblaciones indígenas
americanas para dar su visión de los 500 años transcurridos
desde la conquista de América. El movimiento, tanto corporal
como mental, y la movilización contra el racismo han sido
algunos de los otros temas que han impregnado las jornadas musicales.
Carácter no lucrativo
El presupuesto para este año es de 80 millones de coronas
(10,5 millones de euros), de los que el 35% están destinados
a pagar los honorarios de los grupos participantes y el resto se
destina a acondicionar los 1,5 millones de metros cuadrados de terreno
para acoger escenarios, comercios, campings y todo el resto de facilidades
dirigidas a hacer más agradable la estancia de los 70.000
espectadores de pago y los cerca de 20.000 que por una u otra razón
no pasan por taquilla.
A diferencia de otros festivales y conciertos, el de Roskilde no
tiene ánimo de lucro, ya que el posible superávit
es donado a instituciones dedicadas a la beneficencia infantil o
a organizaciones como Amnistía Internacional, Médicos
sin Fronteras o Human Right Watch, entre otras.
El carácter no lucrativo se refleja en la propia estructura
organizativa. Tan solo hay doce personas contratadas, que principalmente
llevan adelante el trabajo administrativo, pero también contamos
con más de 150 ilusionados voluntarios que hacen posible
este evento, señala Esben Danielsen, portavoz de la
organización , quien remarca que la idea no es sacar
dinero, sino ofrecer una experiencia de calidad tanto a nivel musical
como vivencial. Por ello, redujimos hace unos años el número
de billetes a la venta de 100.000 a los 70.000 actuales.
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