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Artez 62. Junio de 2002
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    Roskilde, festival integral de música

    Con la llegada del verano, la vida cultural escandinava sale al exterior. Teatro de calle, cine al aire libre y, sobre todo, conciertos musicales en plena naturaleza. De entre todos los festivales de música destaca el de Roskilde en Dinamarca, que entre el 27 y el 30 de junio contará con la presencia de Manu Chao, Red Hot Chili Peppers, Manowar, Pet Shop Boys y Travis, entre los cerca de 150 grupos que participan en la XXXII edición del festival. Los medios de comunicación critican la ausencia de primeras figuras pero Roskilde es un festival “con unos pocos grandes nombres, algunas sorpresas y muchos grupos interesantes“.

    Eduardo Luzuriaga

    Garbage, The Chemical Brothers, New Order, Nelly Furtado, Rammstein son otros de los nombres más conocidos de la presente edición del festival. “Demasiado poco”, según los críticos musicales, acostumbrados a ver figuras como Bob Dylan, Neil Young, Beck, Nick Cave, Iron Maiden, Lou Reed o Metallica sobre la ‘escena naranja’ de Roskilde. “Calidad general en lugar de nombres para la galería”, suena la respuesta de la organización.
    Sin embargo, los organizadores reconocen que les hubiera gustado traer alguna estrella más del firmamento musical pero se quejan de la dificultad para contratar grupos estadounidenses en estas fechas, ya que estas bandas pueden ganar mucho más dinero con actuaciones veraniegas en su propio país, especialmente en torno al 4 de julio, fiesta nacional de los EEUU.
    “Otro problema que padecemos los festivales europeos es el hecho de que muchos grupos no quieren venir porque el calendario no se ajusta a sus intereses comerciales”, señala Rikke Øxner, responsable de las contrataciones
    .
    Año 2 tras la tragedia

    Dos años depués del accidente que costó la vida a nueve jóvenes durante un concierto de Pearl Jam y pocos meses después de la dimisión de Leif Skov como alma mater del festival, Roskilde Festival quiere subrayar el trinomio ‘actualidad, riesgo y transgresión’ que configura su esencia. Todo ello en medio de una medidas de seguridad reforzadas con el fin de evitar que se repita la tragedia. “El público comprobará que hemos mejorado ciertos aspectos de la seguridad. En este sentido, será más fácil entrar y salir del espacio acotado frente a los dos escenarios mayores, el naranja y el verde”, indica Henrik Nielsen, responsable de la seguridad.
    Asimismo, la dirección quiere continuar desarrollando los principios de ecología, flexibilidad y apoyo a los necesitados del mundo que Leif Skov introdujo en su época y que se han traducido en productos ecológicos en las tiendas y bares del recinto festivo, una oferta musical de nombres provenientes desde Japón hasta Mali, y un tema humanitario que se encuentra presente durante todo el festival, que este año será ‘Roskilde contra las minas antipersonales’.

    Música y olores

    Creado en 1971 a la sombra de conciertos como los de Woodstock, Newport o Isle of Wright, el festival de Roskilde llega a su trigésimosegunda edición intentando reinventarse a sí mismo para mantenerse como punto de referencia de los amantes de la música rítmica y de la convivencia.
    Rock, funk, hip-hop, blues, punk, techno, … se mezclan con los olores corporales de 70.000 personas y una buena dosis de polvo, o en su defecto barro, para hacer de Roskilde una experiencia difícil de olvidar.
    “En el día a día nos empeñamos en ocultar que somos seres que sudan, huelen, se tiran pedos y se ensucian. En Roskilde se derrumban todas estas barreras, y con ellas caen otras muchas. A partir de ahí las relaciones con los demás adquieren otra naturaleza, basada en la corporalidad, el afecto y el respeto por las peculiaridades de cada uno. Ahí es donde radica el alma del festival”, comenta Johannes Andersen.
    En su intento de hacer de Roskilde una experiencia integral, el espacio del festival ha sido diseñado y elaborado con la ayuda de jóvenes artistas locales. Así, entre los siete escenarios destinados a las actuaciones musicales pueden encontrarse, por ejemplo, zonas de descanso con sofás colocados sobre arena de playa, una empalizada de la que sale un sirimiri refrescante en los días de calor, o una serie de torretas unidas entre sí por haces de luz que sirven como motivo decorativo y, a su vez, de guía dentro del recinto festivalero.
    Teatro de calle, títeres, malabares, baños de barro, cine musical y, en la presente edición, fútbol en pantalla gigante, son algunas de las actividades paralelas dirigidas especialmente a cubrir las mañanas de quienes se alojan en el camping del festival.
    Desde 1991, Roskilde ha dedicado cada festival a un tema diferente, siendo éste el objeto de análisis en debates, exposiciones y coloquios. La serie temática comenzó con ‘La selva amazónica y el efecto invernadero’. En 1992 fueron invitados diversos representantes de poblaciones indígenas americanas para dar su visión de los 500 años transcurridos desde la conquista de América. El movimiento, tanto corporal como mental, y la movilización contra el racismo han sido algunos de los otros temas que han impregnado las jornadas musicales.

    Carácter no lucrativo

    El presupuesto para este año es de 80 millones de coronas (10,5 millones de euros), de los que el 35% están destinados a pagar los honorarios de los grupos participantes y el resto se destina a acondicionar los 1,5 millones de metros cuadrados de terreno para acoger escenarios, comercios, campings y todo el resto de facilidades dirigidas a hacer más agradable la estancia de los 70.000 espectadores de pago y los cerca de 20.000 que por una u otra razón no pasan por taquilla.
    A diferencia de otros festivales y conciertos, el de Roskilde no tiene ánimo de lucro, ya que el posible superávit es donado a instituciones dedicadas a la beneficencia infantil o a organizaciones como Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras o Human Right Watch, entre otras.
    “El carácter no lucrativo se refleja en la propia estructura organizativa. Tan solo hay doce personas contratadas, que principalmente llevan adelante el trabajo administrativo, pero también contamos con más de 150 ilusionados voluntarios que hacen posible este evento”, señala Esben Danielsen, portavoz de la organización , quien remarca que “la idea no es sacar dinero, sino ofrecer una experiencia de calidad tanto a nivel musical como vivencial. Por ello, redujimos hace unos años el número de billetes a la venta de 100.000 a los 70.000 actuales.”

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