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Revista de las Artes Escénicas
Artez 63. Julio de 2002
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    Panorama y evaluación de un evento

    Klaus A. Kiewert}

    Durante doce días, del 23 de mayo hasta el 2 de junio, Mar del Plata pudo aspirar a ser la capital argentina del teatro: A pesar de la grave crisis que está sufriendo el país, se celebró la Fiesta Nacional de Teatro 2001. Postergado durante más que medio año, la decisión de organizar la Fiesta contra todos los obstáculos, llegó a tener un cierto aire de resistencia cultural. Finalmente se logró el propósito del Instituto Nacional de Teatro (INT), y se reunieron 35 grupos teatrales de todo el país que habían ganado las respectivas Fiestas Regionales del año pasado, dando cuenta del actual estado del teatro argentino.

    Entrega de Premios

    Diferentes actividades especiales acompañaron las representaciones programadas: durante la inauguración se entregaron los Premios Nacionales y Regionales de trayectoria y del Concurso de Obras Teatrales. En este contexto, la Fiesta tuvo su primer momento de cumbre cuando el teatrero rosarino Norberto Campos fue galardonado con el Premio Nacional a la Trayectoria. Campos sigue siendo uno de los máximos representantes argentinos de un teatro inquietante y profundamente artístico. A lo largo de la Fiesta Nacional hubo diferentes charlas sobre los derechos intelectuales, el teatro social, el teatro político y las últimas tendencias en el teatro argentino actual, así como un encuentro abierto y un taller de Roberto Vega sobre el teatro en la educación. Especial énfasis se dio a los encuentros con varios pioneros del teatro independiente (entre ellos figuras como Roberto Cossa, Alejandra Boero, Pedro Asquini y teatristas como Héctor Tealdi que fomentaron el teatro en las provincias). Tal vez, el excesivo reencuentro con el "País teatral de ayer" (Paolantonio) limitó la posibilidad de discutir los problemas "de hoy". La crisis actual y la ingenuidad de muchos teatristas en el campo de la gerencia y la producción teatral requiere talleres especiales que a la larga podrían ser provechosos para las finanzas del INT. La Fiesta Nacional es un evento muy propicio para dichos talleres, aunque estos tengan sólo un carácter introductorio. En este sentido, el INT perdió una gran oportunidad.
    Como se podía esperar la calidad de las obras representadas fue muy dispareja. Varios grupos apostaron por obras y/o estéticas gastadas, melodramáticas que no llegaron a convencer al público. Esto es debido al dilema que diariamente tienen que enfrentar los teatristas sobre todo en las provincias medianas o chicas: por un lado les juega en contra la falta de una experiencia del arte teatral por parte público. De allí surgen las expectativas generalmente muy conservadoras y sus reservas ante la dramaturgia y las técnicas de escenificación más recientes. En estos casos o se abre una grieta entre los teatristas y el público que no acude a las obras, o los teatristas siguen a las preferencias del público. Por otro lado, varios grupos carecen aún de las técnicas de actuación y de dirección necesarias. En general, y a pesar de las notables mejorías de los últimos años, la infraestructura teatral en el Interior sigue siendo deficiente.

    Variedad de estilos

    Pero el mayor problema para las representaciones eran las salas. Por errores organizativos, varias obras tuvieron que ser montados en espacios totalmente ineptos que perjudicaron el placer del espectador. Rara-mente la sala favoreció a los espectáculos, en su mayoría les jugó en contra. El caso tal vez más notorio fue el caso de La Mandrágora. El Engaño (Equipo de Teatro Mentitas, Mendoza), una obra magnífica con un trabajo actoral intenso que necesitaba la cercanía del espectador, pero que se tuvo que montar en la enorme sala Piazzolla del Teatro Audi-torium.
    No obstante, se vieron obras muy interesantes, no sólo de las provincias con una vasta tradición teatral (Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba, Mendoza o Tucumán). Sorprendente: la gran variedad de estilos. Obras que mostraron una gran solidez técnica y que merecerían comentarios más amplios fueron, entre otros, Del maravilloso mundo de los animales: Los corderos (Grupo Univ. de Tucumán), Ganado en pie (La Noche en Vela, Cap. Fed.), H & H (3x3, Tierra de Fuego) Los Mirasoles (Martín Pescador, Catamarca), Postales Argentinas (en la versión de La Libélula, Mendoza) y Purolope (Cirulaxia Contra Ataca, Córdoba).

    Obras destacadas

    Destacaron las obras Almas fatales (Melodrama patrio) del CET (Rosario, Santa Fé), La casa de Bernarda Alba presentada por Actores Unidos (Chaco) y Tango Nómade del grupo Andar (Santa Rosa, La Pampa). Almas Fatales dirigida por Juan Hessel narra, a través de una actuación que parodia la estética del film noir de los años 30 y 40, una crónica familiar, tomando como punto de partida la familia del poeta argentino Leopoldo Lugones. La casa de Bernarda Alba de Actores Unidos (dirección: Marcelo Padelín) sigue al texto lorquiano al pie de la letra, pero lo transfigura a través de una actuación estilizada, llevada a cabo exclusivamente por hombres. Tango Nómade de Silvio Lang, en cambio, mezcla una actuación que roza el mimo (sin palabras), momentos de baile y tangos de la década del 20 y 30 (interpretados en vivo), y los yuxtapone con una escenografía al puro estilo pop de los años 70 que recrea el interior de una casa rodante perdida en medio de La Pampa. Esta obra podrá ser vista en Buenos Aires durante el mes de julio en el Centro Cultural Recoleta.
    La Fiesta Nacional también mostró los problemas por los que actualmente está corriendo el teatro infantil. En su mayoría, las recetas son exitosas, pero muy antiguas. Faltan las innovaciones. Las formas más innovadoras generalmente se despiden de un público exclusivamente infantil e intentan abarcar también a los adolescentes y los padres. Con ello corren el riesgo de no satisfacer a ninguna capa del público apuntado. En este peligro cayó la obra infantil más ambiciosa de la Fiesta, Perurimá (La Praxis Briosos, Santa Fé) que, a pesar de tener momentos muy lúcidos y logrados, exageraba el guiño de ojo hacia los padres y escapaba a la comprensión de los más chicos. No obstante, tiene el mérito de indagar en un campo donde más reina el miedo de equivocarse.
    La Fiesta cerró con Palpitando en el tiempo (Grupo Teatro Especial de Buenos Aires), culminando así en un final estremecedor. Un grupo de discapacitados (en su mayoría enfermos del síndrome de Down) hizo un emocionante recorrido por los mitos y la historia argentina, desde la conquista de América hasta las experiencias durante el proceso militar (uniendo el mundial del '78 con las desapariciones). El tema del amor es el hilo rojo que ensarta los diferentes episodios y logra así apelar estéticamente a la fraternidad para con los marginalizados. La obra mostraba de manera contundente la intensidad del teatro social. Lejos de tener ambiciones artísticas este tipo de teatro es tal vez una de las tendencias actuales de mayor fuerza en el ámbito teatral argentino y logra por una vía diferente un viejo anhelo de las vanguardias históricas: vincular el arte con la vida.

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