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Panorama
y evaluación de un evento
Klaus
A. Kiewert}
Durante
doce días, del 23 de mayo hasta el 2 de junio, Mar del Plata
pudo aspirar a ser la capital argentina del teatro: A pesar de la
grave crisis que está sufriendo el país, se celebró
la Fiesta Nacional de Teatro 2001. Postergado durante más
que medio año, la decisión de organizar la Fiesta
contra todos los obstáculos, llegó a tener un cierto
aire de resistencia cultural. Finalmente se logró el propósito
del Instituto Nacional de Teatro (INT), y se reunieron 35 grupos
teatrales de todo el país que habían ganado las respectivas
Fiestas Regionales del año pasado, dando cuenta del actual
estado del teatro argentino.
Entrega de Premios
Diferentes actividades especiales acompañaron las representaciones
programadas: durante la inauguración se entregaron los Premios
Nacionales y Regionales de trayectoria y del Concurso de Obras Teatrales.
En este contexto, la Fiesta tuvo su primer momento de cumbre cuando
el teatrero rosarino Norberto Campos fue galardonado con el Premio
Nacional a la Trayectoria. Campos sigue siendo uno de los máximos
representantes argentinos de un teatro inquietante y profundamente
artístico. A lo largo de la Fiesta Nacional hubo diferentes
charlas sobre los derechos intelectuales, el teatro social, el teatro
político y las últimas tendencias en el teatro argentino
actual, así como un encuentro abierto y un taller de Roberto
Vega sobre el teatro en la educación. Especial énfasis
se dio a los encuentros con varios pioneros del teatro independiente
(entre ellos figuras como Roberto Cossa, Alejandra Boero, Pedro
Asquini y teatristas como Héctor Tealdi que fomentaron el
teatro en las provincias). Tal vez, el excesivo reencuentro con
el "País teatral de ayer" (Paolantonio) limitó
la posibilidad de discutir los problemas "de hoy". La
crisis actual y la ingenuidad de muchos teatristas en el campo de
la gerencia y la producción teatral requiere talleres especiales
que a la larga podrían ser provechosos para las finanzas
del INT. La Fiesta Nacional es un evento muy propicio para dichos
talleres, aunque estos tengan sólo un carácter introductorio.
En este sentido, el INT perdió una gran oportunidad.
Como se podía esperar la calidad de las obras representadas
fue muy dispareja. Varios grupos apostaron por obras y/o estéticas
gastadas, melodramáticas que no llegaron a convencer al público.
Esto es debido al dilema que diariamente tienen que enfrentar los
teatristas sobre todo en las provincias medianas o chicas: por un
lado les juega en contra la falta de una experiencia del arte teatral
por parte público. De allí surgen las expectativas
generalmente muy conservadoras y sus reservas ante la dramaturgia
y las técnicas de escenificación más recientes.
En estos casos o se abre una grieta entre los teatristas y el público
que no acude a las obras, o los teatristas siguen a las preferencias
del público. Por otro lado, varios grupos carecen aún
de las técnicas de actuación y de dirección
necesarias. En general, y a pesar de las notables mejorías
de los últimos años, la infraestructura teatral en
el Interior sigue siendo deficiente.
Variedad de estilos
Pero
el mayor problema para las representaciones eran las salas. Por
errores organizativos, varias obras tuvieron que ser montados en
espacios totalmente ineptos que perjudicaron el placer del espectador.
Rara-mente la sala favoreció a los espectáculos, en
su mayoría les jugó en contra. El caso tal vez más
notorio fue el caso de La Mandrágora. El Engaño (Equipo
de Teatro Mentitas, Mendoza), una obra magnífica con un trabajo
actoral intenso que necesitaba la cercanía del espectador,
pero que se tuvo que montar en la enorme sala Piazzolla del Teatro
Audi-torium.
No obstante, se vieron obras muy interesantes, no sólo de
las provincias con una vasta tradición teatral (Capital Federal
y las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba,
Mendoza o Tucumán). Sorprendente: la gran variedad de estilos.
Obras que mostraron una gran solidez técnica y que merecerían
comentarios más amplios fueron, entre otros, Del maravilloso
mundo de los animales: Los corderos (Grupo Univ. de Tucumán),
Ganado en pie (La Noche en Vela, Cap. Fed.), H & H (3x3, Tierra
de Fuego) Los Mirasoles (Martín Pescador, Catamarca), Postales
Argentinas (en la versión de La Libélula, Mendoza)
y Purolope (Cirulaxia Contra Ataca, Córdoba).
Obras destacadas
Destacaron las obras Almas fatales (Melodrama patrio) del CET (Rosario,
Santa Fé), La casa de Bernarda Alba presentada por Actores
Unidos (Chaco) y Tango Nómade del grupo Andar (Santa Rosa,
La Pampa). Almas Fatales dirigida por Juan Hessel narra, a través
de una actuación que parodia la estética del film
noir de los años 30 y 40, una crónica familiar, tomando
como punto de partida la familia del poeta argentino Leopoldo Lugones.
La casa de Bernarda Alba de Actores Unidos (dirección: Marcelo
Padelín) sigue al texto lorquiano al pie de la letra, pero
lo transfigura a través de una actuación estilizada,
llevada a cabo exclusivamente por hombres. Tango Nómade de
Silvio Lang, en cambio, mezcla una actuación que roza el
mimo (sin palabras), momentos de baile y tangos de la década
del 20 y 30 (interpretados en vivo), y los yuxtapone con una escenografía
al puro estilo pop de los años 70 que recrea el interior
de una casa rodante perdida en medio de La Pampa. Esta obra podrá
ser vista en Buenos Aires durante el mes de julio en el Centro Cultural
Recoleta.
La Fiesta Nacional también mostró los problemas por
los que actualmente está corriendo el teatro infantil. En
su mayoría, las recetas son exitosas, pero muy antiguas.
Faltan las innovaciones. Las formas más innovadoras generalmente
se despiden de un público exclusivamente infantil e intentan
abarcar también a los adolescentes y los padres. Con ello
corren el riesgo de no satisfacer a ninguna capa del público
apuntado. En este peligro cayó la obra infantil más
ambiciosa de la Fiesta, Perurimá (La Praxis Briosos, Santa
Fé) que, a pesar de tener momentos muy lúcidos y logrados,
exageraba el guiño de ojo hacia los padres y escapaba a la
comprensión de los más chicos. No obstante, tiene
el mérito de indagar en un campo donde más reina el
miedo de equivocarse.
La Fiesta cerró con Palpitando en el tiempo (Grupo Teatro
Especial de Buenos Aires), culminando así en un final estremecedor.
Un grupo de discapacitados (en su mayoría enfermos del síndrome
de Down) hizo un emocionante recorrido por los mitos y la historia
argentina, desde la conquista de América hasta las experiencias
durante el proceso militar (uniendo el mundial del '78 con las desapariciones).
El tema del amor es el hilo rojo que ensarta los diferentes episodios
y logra así apelar estéticamente a la fraternidad
para con los marginalizados. La obra mostraba de manera contundente
la intensidad del teatro social. Lejos de tener ambiciones artísticas
este tipo de teatro es tal vez una de las tendencias actuales de
mayor fuerza en el ámbito teatral argentino y logra por una
vía diferente un viejo anhelo de las vanguardias históricas:
vincular el arte con la vida.
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