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Artistas
por las calles de Viladecans
Borja
Relaño
Si
en el número anterior de esta revista se hablaba de la buena
acogida por parte del público de la Feria de Leioa a Els
Diables de Viladecans, la segunda parte del trato entre la citada
feria y el XII Festival Internacional de Teatre i Animació
al Carrer de Viladecans, se cumplió, también, con
creces. Markeliñe, la compañía que representaba
a la feria, protagonizó con su DSO uno de los éxitos
del festival catalán celebrado entre los pasados 4 y 7 de
julio, días en los que 77 compañías ocuparon
la calle y, con ella, la atención de los habitantes y visitantes
de la localidad barcelonesa.
Pese a que el cielo estuvo encapotado durante casi los cuatro días,
e incluso en uno de ellos llegó a llover pocas horas antes
de que iniciaran los espectáculos de la jornada, el programa
se llegó a cumplir en su totalidad y la asistencia de público
demostró la consolidación de la cita, con una cifra
de espectadores calculada en 80.000, entre los que se encontraban
81 programadores, que además de presenciar los trabajos,
tuvieron la ocasión de reunirse con las compañías,
reafirmando la función mercantil de la muestra.
Implicación de la ciudad
Comentaba el concejal de cultura, Francesc Casado, que el festival
es un acontecimiento para la ciudad con el que los vecinos se vuelcan,
aceptando incluso que a altas horas de la madrugada se llene
la calle de gente bailando al ritmo de los Timbales. Y es
que la implicación de los integrantes de dicha asociación
de percusionistas no sólo se ciñó a la animación
callejera, sino que también participaron en uno de los espectáculos
más esperados, el estreno de la obra Constelacions de los
franceses Naphtaline, quienes se desplazaron hasta Viladecans varios
días antes del comienzo del festival a fin de enseñar
a estos voluntariosos vecinos a andar en zancos, caer y levantarse.
Destacaron de entre todo lo presentado los espectáculos visuales
de gran formato y nocturnos, además de los citados Constelacions
y DSO, obras como Raíces de los palentinos Alkimia 130, un
poético homenaje a los hombres y mujeres ligados a la tierra
y a los oficios vernáculos hoy borrados de la memoria colectiva,
o Sólo Mediterráneo de los valencianos Maracaibo Teatro
que caló en el público por ser una propuesta muy visual
en la que la pirotecnia, los grandes elementos escenográficos
y un cuidado vestuario conducían al espectador a un viaje
por el mediterráneo, a un canto a la amistad entre los diferentes
pueblos que baña este mar.
El fuego, un elemento ya arraigado en este tipo de eventos, estuvo
presente en muchas de las obras que se pudieron ver, como el Eldträff
de Arthur et Astride, que noche tras noche llenó la Plaça
de lesglésia, o Les Tambours de feu de Deabru Beltzak,
que al igual que el resto de compañías vascas, Latirili,
TOmbligo, y Gaitzerdi, obtuvieron una buena respuesta.
Variedad de opciones
Al
igual que otros festivales de teatro de calle que también
programan teatro de sala, el de Viladecans ofertó espectáculos
concebidos para realizarse en interior, si bien éstos se
mostraron en escenarios situados en plazas y jardines. Entre otros,
se pudieron ver el hilarante Esperando a Godoy, los juegos de improvisación
y humor de las compañías Impromptu y Planeta Impro
y los malabares de los argentino-catalanes El negro y el flaco.
En cuanto a la danza, las compañías más aplaudidas
fueron Factoría Mascaró con una alegre utilización
de la arquitectura del espacio, la Plaça dEuropa, y
del agua, elemento también presente en la breve pieza presentada
por los madrileños de Provisional Danza, y la obra de la
compañía con sede en Holanda aunque de formación
internacional Sine Sole Sileo.
Por último, cabe mencionar el buen entendimiento entre la
organización y el off, que habitualmente cuenta con un regidor
cedido por el festival para el espacio en el que se muestran los
espectáculos de gorra, cuyo esfuerzo por asistir
al festival la mayoría procedían de Argentina
supo valorar el público haciendo incluso cola para aportar
la voluntad.
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