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Al
asalto de los paseantes
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Durante
el pasado mes de julio el teatro ha acompañado a los paseantes
en sus itinerarios por las calles de muchas ciudades vascas, especialmente
en aquellos puntos de nuestra geografía en los que se han
celebrado ferias y festivales, muchos de ellos coincidentes en el
tiempo y en actividades programadas, si bien cada uno con sus particularidades
que lo diferencian del resto. A pesar de que en uno de ellos alguien
bromeaba diciendo que el verano este año caía en miércoles,
el tiempo acompañó y tan sólo se suspendieron
unos pocos espectáculos por las adversidades climáticas.
En Donostia, dentro de la programación de un feria en la
que dominaba el teatro de sala, la programación callejera
se dedicó a sorprender a los espectadores con una serie de
propuestas, algunas de ellas, fuera de lo común. Esta utilización
de lo inesperado como elemento de llamada de atención se
centró, en algunas ocasiones, en la creación de expectación,
como lo hizo Deabru Beltzak que de forma espontánea, se lanzaron
a las calles de lo viejo con sus tambores ofreciendo una previa
al espectáculo, Les tambours de feu, con el que recibieron
a la salida del Antzoki Zaharra a los espectadores que salían
de una de las funciones de sala, consiguiendo que se sumaran al
pasacalles de fuego y percusión de este ejército de
carneros.
Espacios ocupados
La Bombonera, la carpa de Producciones Imperdibles instalada en
el kiosko del Boulevard, fue otra de las que más llamó
la atención por ser una propuesta innovadora en la que se
acentúa el carácter de vouyeur de los espectadores
produciendo una extraña sensación en quien presencia
las breves piezas de danza que se muestran. Los franceses Couleurs
Mécaniques, con sus automóviles a medio camino entre
el kart de arena y los futuristas del cine, tomaron los paseos con
sus saltos espectaculares y sus cabriolas sobre los zancos. Es un
ritmo trepidante que se ralentiza momentáneamente y vuelve
a ponerse en play con sus brincos neumáticos.
Los cubanos de El ciervo encantado hicieron realidad el título
de su obra, Un elefante ocupa mucho espacio, y llenaron día
tras día la plaza de la Constitución de espectadores
de todas las edades que disfrutaron de un trabajo a caballo entre
la danza, el mimo y el clown y en el que el poco texto se dijo en
euskera.
El Bilbao Kalealdia 2002 ha alternado luces y sombras. Las luces
llegaron con el programa La Gran Vía de los Artistas, que
reunió a miles de personas alrededor de los pintores y músicos
que se dieron cita en la zona peatonal de la Gran Vía. Las
sombras llegaron con la lluvia que rodeó a El Parque Imaginario
y que obligó a suspender todos los espectáculos del
día 9. A pesar de ello, los trabajos presentados por Ilotopie,
Osadía, Ale Hop, Morboria, Markeliñe o Inkonito
et Des Quidams consiguieron satisfacer a los públicos más
exigentes con su variedad de propuestas estéticas y técnicas,
que mostraron una amalgama de luz, color y, sobre todo, mucha imaginación.
Los asistentes al XIII Festival de Lekeitio han podido resarcirse
de la edición del pasado año y disfrutar de una decena
de espectáculos con la complicidad de las favorables condiciones
climatológicas. Alrededor de 14.000 personas, según
los organizadores, participaron en una sinfonía escrita en
notas de color que han convertido a la localidad vizcaína
en un espacio lleno de magia y vistosidad.
En el menú teatral destacó el espectáculo de
los Correfoc de lAlt Urgell con sus inolvidables danzas bajo
el fuego o la representación gala de Coleurs Mecaniques y
Naphtaline, que con sus zancos hidráulicos y con un estruendoso
y endemoniado pasacalles, respectivamente, mostraron la calidad
del teatro de calle que se hace al otro lado de los Pirineos.
Fuerza y originalidad
La exitosa concentración de Cabezudos, Kilikis y Zaldikos
llegados desde toda Euskal Herria, que puede tener continuidad en
ediciones venideras, tuvo continuidad en el programa con los trabajos
de Markeliñe, Deabru Beltzak, Le Petit Thèâtre
de Pain, Maimur, TOmbligo y Pikor, que han demostrado la calidad,
fuerza y originalidad del teatro vasco.
En el Kalerki de Zarautz, que se desarrolló el mismo fin
de semana que el Festival de Lekeitio, figuraron trabajos como el
de los anfitriones Alproja o de compañías profesionales
como Trapu Zaharra, Markeliñe, Boni y la familia Ramírez,
Quidams o Le Thèâtre du Chapaeau, así como Ale
Hop, éstos con doble programa, Maimur o Sarruga y su Formica
Rufa 01, que tuvieron que conquistar su espacio ante
los centenares de niños y mayores que siguieron a cada una
de las representaciones.
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