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Cómicos
de los de antes
Durante
el pasado mes la compañía extremeña Al Suroeste
Teatro, muy a su pesar, no puedo cumplir las expectativas de representar
su montaje de calle El Carro de Comedias en la plaza de Elorrio.
Los caprichos climatológicos del mes de julio han pospuesto
el estío en Euskadi hasta agosto con la mala fortuna de no
haber podido disfrutar de su singular espectáculo.
Esta obra ha recorrido durante los últimos diez veranos,
con cerca de cincuenta funciones por año, gran parte de la
península ibérica con el fiel propósito de
acercar el teatro a los lugares donde no hay acceso directo a él,
al igual que García Lorca lo hiciera con la Barraca a principios
del siglo XX. No obstante, han terminado yendo también a
Festivales de gran prestigio, delante de fachadas de las mejores
iglesias o lugares artísticamente reconocidos.
Pedro Antonio Penco, director del montaje, y Javier Leoni, ambos
principales propulsores de la iniciativa, quisieron recuperar una
forma de hacer teatro a la vieja usanza como los titiriteros de
la época medieval que interpretaban las escenas en el mismo
carro que viajaban.
Gracias a Cristian Casares, que fue el primero en llevar a cabo
un espectáculo de estas características allá
por la década de los 70, consiguieron dar con un carro que
estaba destrozado y varado como los barcos en un sitio de carruajes
de Madrid. Con ayuda del tallista Eduardo Holguín, respetando
los bocetos de Vitín Cortezo creador de los diseños
de la barraca, decoraron el carro poniéndolo a punto para
comenzar a rodar.
Desde un principio plantearon un esquema de trabajo que durante
estos diez años han intentado respetar, a la vista de que
funcionaba, añadiendo cada vez pequeños matices fruto
de las múltiples experiencias y anécdotas ocurridas
cada cual más singular, sin decantarse por interpretar una
sola obra de tirón sino mostrando pequeñas historias,
teniendo en cuenta que a las plazas de los pueblos unos llegan antes
y otros más tarde, tal y como ocurría en el siglo
XVI.
El dramaturgo murciano Miguel Murillo se encargó de adaptar
la obra basándose en romanceros y entremeses de tres grandes
autores clásicos, Gonzalo de Berceo, Juan Ruiz Arcipreste
de Hita y Miguel de Cervantes, además del romancero
de la Serrana de Vera completando El retablo de Maese Rodrigo.
Una de las cosas que siempre han tenido en cuenta a la hora de interpretar
ha sido que había que llegar a todos los públicos,
siendo conscientes de la filosofía con que se inició
este proyecto. Por ello Pedro Antonio Penco comenta que intenta
convencerles a los actores que se olviden del teatro de escena,
les digo que se olviden de hacer nada cultural, no están
arriba para hacer algo finísimo ni para transgredir las normas,
realmente lo que interesa es que la gente se lo pase bien, ¡desde
luego, es muy difícil enganchar a dos mil y pico personas
con niveles culturales y edades diversas!.
Durante todo este tiempo numerosos actores de diferentes lugares
del Estado han sido partícipes de esta especial experiencia
tales como Felix Rotaeta, Paco Algora, Patxi Furundarena etcétera,
gente con una interesante trayectoria teatral hoy día. En
un principio pensamos que El Carro de comedias podría ser
una escuela práctica para jóvenes actores recién
salidos de la academia con ganas de actuar y nosotros le dábamos
la oportunidad de realizar cincuenta funciones con las plazas abarrotadas
de gente y cada día enfrentándose a un público
diferente explica el director de El Carro de Comedia.
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