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Emociones
indescriptibles
Irune
Larruzea
El
Agora Galery situado en el corazón del Soho neoyorquino albergará
hasta el 10 de septiembre parte del trabajo pictórico más
reciente de artista gipuzkoano Mikel Berezibar Oyarzabal, Beroyar,
realizado en gran medida sobre cristal y lienzo.
Aunque actualmente la balanza cada vez se equilibre más entre
la pintura y el diseño gráfico, desde los 18 años
su faceta creativa lo ha estado combinando con la de publicista.
Artista autodidacta, sin un estilo o técnica que lo defina
la pintura se convirtió desde muy jovencito en un auténtico
placer. En su adolescencia la búsqueda de la perfección
lo llevó a una obsesión por la pintura figurativa,
con una inclinación especial hacia la pintura paisajista.
Tras ingresar en la Asociación de Artistas guipuzcoanos sus
miras variaron un poco y durante un largo periodo de su vida
la indefinición le causó quebraderos de cabeza en
más de una ocasión hasta que comprendió que
el arte podría ser, sin más, el vehículo de
expresión de sus sentimientos o de un estado de ánimo
concreto.
A partir de ese momento decidió que la pintura era únicamente
el sosiego de su espíritu y a partir de entonces cualquier
superficie sería válida. En el camino hacia su madurez
pictórica, poco a poco ha encontrado en el color y la materia
las herramientas de su particular búsqueda sin renunciar
a sus contradicciones debido a que los estilos que trabaja sean
diversos pero no definidos. Es por ello que tampoco es partidario
de titular sus obras dejando a cada cual que saque sus propias conclusiones
y disfrute de la obra como le plazca.
A través de las combinaciones que crea con los colores aspira
a encontrar la luz, es por ello que sus obras están pintados
con pigmentos sólidos que manipula hasta obtener los tonos
y texturas que en un momento determinado su mente imagina.
Siguiendo adelante en su búsqueda interna y gracias a la
afición por las acuarelas comenzará a experimentar
con la pintura en distintos soportes empezando sobre madera y pasando
inmediatamente al cristal respondiendo a la necesidad que sentirá
el artista por saber como se comportan los materiales en medios
hostiles, y a imaginar que se podía pintar un cuadro al revés
y ver el resultado de las mezclas iniciales y no solamente las del
final que sería a lo que estamos acostumbrados.
Alguna de las piezas más destacadas de la exposición
están realizadas a través de esta técnica que
obliga al pintor a realizar su obra poniendo el soporte de manera
horizontal. Le gusta que las diferentes capas de pintura se influencien
entre si es por ello que los colores son muy diluidos, casi transparentes.
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