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Abierta
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Espacios
y lugares definitorios
Carlos
GIL
Conforme
se suceden las ediciones y ante la manera de completar las programaciones,
se detecta de manera más clara que los espacios y los horarios
donde se celebran las actuaciones marcan de manera imprecisa, pero
indeleble, el funcionamiento de las obras de teatro. En la Feria
de Donostia se notó esta circunstancia de manera evidente:
la sala pequeña del Kursaal es un espacio a tener muy en
cuenta para el futuro pero deben elegirse los trabajos allí
presentados para que no produzcan la extraña sensación
causada con la representación de La mujer invisible, uno
de los trabajos más celebrados en la pasada edición,
que los espectadores de las gradas altas recibieron con diferente
intensidad la obra. Se dio la circunstancia que en ese espacio vimos
trabajos de mucha sensibilidad y detalle y la forma de la sala degradaba
algo su visión.
No cabe ninguna duda de que en el Antzoki Zaharra o en Egia, las
obras se pueden ver con comodidad y calidad en todos sus elementos
de luz y sonido. Se escuchan los momentos de menos volumen declamativo,
se detectan los detalles, los gestos. Lugaritz es una sala más
complicada y además en ella se programan en horarios poco
gratificantes tanto para los actuantes como para los espectadores.
Feria internacional
Este año Donostia se ha abierto a otras dramaturgias, cubana,
ecuatoriana o brasileña en una opción que posiblemente
le lleve a plantearse la noción de Festival más que
el de Feria, aunque sus límites sean tan difusos que la apreciación
se vea microscópica. Pero poder realizar una gira con actuaciones
suficientes para su rentabilidad es tarea muy difícil para
los grupos americanos. Parece complicado que de una presencia en
la Feria puedan surgir actuaciones. No imposible, y seguramente
esta sea una digna y plausible manera de intentarlo.
Salvando la presencia extraña de la Fura dels Baus, este
año el equilibrio entre las obras vascas y las de fuera ha
sido adecuado, incluso en digna competencia. Teatro del Temple dejó
a muchos satisfechos con su aproximación a Picasso, La mano
del emigrante mostró el buen momento de Tanttaka, se ofrecieron
tres trabajos de nuevos coreógrafos vascos, apuntando maneras
y capacidad de búsqueda.
Programa en mano
Maskarada se presentó ante los programadores en castellano,
Vaivén y Ados, con sus buenas producciones, A cuestas con
Murphy y El Amigo de John Wayne, respectivamente, fueron punto de
atención especial de los programadores, al igual que Traspasos
o Campingags, éstos últimos con el humor como clave
de fin al igual que lo presentado por los valencianos de La Pavana.
Nos quedamos con dos recuerdos, el homenaje espontáneo a
Félix Petite, hoy feliz pensionista, los resortes del público
en general para buscar sus propuestas preferidas y una sensación
extendida de estar ante las puertas de algo nuevo, como si la feria
se convulsionara y pareciera estar en el momento de dar algún
paso hacia el futuro, aunque todavía no se sepa en qué
dirección.
De los trabajos más redondos, a nuestro entender, nos quedamos
con el buen texto de Arístides Vargas, La edad de la ciruela,
que presentó el grupo ecuatoriano Tragaluz, la carga emotiva
del estreno de Tanttaka.
Las reuniones de las redes, los contactos, los inicios de colaboraciones
y las perspectivas generales nos dejan esperanzados.
Leer teatro
Con motivo de la publicación de su quinto volumen Anpurrek
de Ozkar Galán la editorial Artezblai presentó
ante la prensa y el público su colección de textos
teatrales en un acto en el que participaron los verdaderos protagonistas,
los autores de las obras editadas, presentación que derivo
en un interesante debate sobre la carencia de educación en
la lectura de teatro.
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