|
|
abal
gunea
|
ona
Abierta
|
Fiesta
del Circo de Brescia
Del
23 de junio al 6 de julio se ha celebrado la Festa del Circo Contemporáneo
en Brescia (Lombardía). Diez compañías procedentes
de Francia, Italia, Bélgica, Finlandia y Guinea Conakry han
seducido a un público que ha rubricado la consolidación
de la muestra agotando el papel en casi todas las funciones. Pero
la calidad de los espectáculos y el éxito de convocatoria
se han visto acompañados de una feroz operación de
desprestigio a cargo de los sectores más reaccionarios del
circo tradicional, que, después de acusar de impostura y
competencia desleal a los artistas y promotores del circo contemporáneo,
ahora intentan presionar al Ministerio de Cultura italiano para
que revoque todo tipo de ayudas y subvenciones a esta, en Italia,
nueva expresión escénica.
Jordi
Jané
Si
no en la forma, sí que en el fondo la actual situación
italiana es paralela a la que se vivió en el Estado español
e incluso en Francia en la década de los 80 a
raíz de la aparición de jóvenes compañías
de artistas que empezaban a tantear el lenguaje circense alternativo
que hoy entendemos como circo contemporáneo. En los 80 y
parte de los 90, los artistas y empresarios del circo tradicional
español reaccionaron muy negativamente al nuevo circo (tanto
al producido en el Estado caso Circ Cric de Tortell Poltrona,
como al que nos llegaba de Francia de la mano de grupos como Cirque
Aligre o Archaos). Fue una etapa en que los tradicionalistas temían
sin confesarlo abiertamente a una futura competencia
con nuevas ideas y más agilidad de movimientos (si bien con
artistas de mucha menos técnica). Ante el temor de perder
cuota de mercado, el circo clásico se dedicó a la
descalificación pura y simple de la nueva fórmula,
negándole de paso la consideración de espectáculo
de circo. Sin embargo, en toda Europa el tiempo ha demostrado que
el circo clásico y el contemporáneo no tan sólo
pueden compartir público, mercado e incluso plaza y fechas,
sino que se pueden retroalimentar positivamente en el terreno artístico.
Hoy en día, prestigiosos circos clásicos como el Cardenal,
el Raluy o el Mundial contratan números de expresión
contemporánea e incluso el Festival de Circo de Montecarlo
élite y paradigma del circo clásico incluye
en sus programas a jóvenes valores surgidos de las escuelas
francesas de circo. Como ha señalado en uno de los debates
de Brescia Bernard Turin, director del Centre National des Arts
du Cirque (CNAC), el circo contemporáneo es un fenómeno
irreversible y de nada servirán los intentos de neutralizarlo.
Sin embargo, el circo clásico italiano ha emprendido contra
esa irreversibilidad artística una cruzada que puede originar
un problemático e inútil mar de fondo
en los próximos años.
Las perlas de la Festa
Como sucede también en Catalunya con el Festival Trapezi,
ha habido en Brescia una masiva presencia de espectáculos
franceses. Este año, el CNAC ha presentado Cyrk 13, el trabajo
final de carrera de la 13ª promoción de la Escuela Nacional
de Circo, que inicia así una gira europea de un año
como complemento a la formación recibida durante 4 cursos.
Cyrk 13 juega a exaltar las posibilidades gestuales y estéticas
del cuerpo humano. Pese a un tedioso inicio y a un epílogo
final harto prescindible, el espectáculo, puesto en pista
por el reputado coreógrafo Philippe Découfflé,
es de buena factura y sus bellas y sugerentes coreografías
arrancaron cálidas y sonoras ovaciones. A destacar la imaginación
y buena ejecución de números como el de acrobacia
a las cinchas, el trapecio Washington y el columpio ruso. Por otra
parte, la joven compañía ha efectuado un muy interesante
trabajo de investigación en el número de mástiles
chinos, en que el diseño del aparato permite prácticamente
todos los ejercicios del repertorio tradicional facilitando además
a los acróbatas la búsqueda de movimientos armónicos
y ondulantes que abren nuevas perspectivas en cuanto a plasticidad
y expresión.
Los 7 acróbatas del Collectif AOC han presentado La Syncope
du 7, una coproducción franco-belga que se mueve en el terreno
de la experimentación de nuevos lenguajes escénicos.
Arrojes de gran efecto en el trapecio, una innovadora utilización
de la cama elástica (de la cual los artistas salen propulsados
para luego caminar casi ingrávidos por paredes de metacrilato
transparente y caer de nuevo sobre la lona) y una iluminación
y una banda sonora muy en la línea Fura dels Baus, han enardecido
especialmente al público más joven y han demostrado
que en circo quedan todavía muchas cosas por decir.
Aún en el ámbito de la francofonía, el Circus
Baobab de Guinea Conakry dirigido por el ex-Archaos Pierrot Bidon
ha presentado dos espectáculos: Les tambours sauteurs y La
légende du singe tambourinaire (este último visto
ya en Trapezi 2001). Ambos espectáculos tienen en común
la combinación de danza y música étnicas con
varias modalidades de acrobacia (al suelo, trapecio fijo y minivolante,
cuerda, etc.), si bien es en los apartados acrobático y teatral
donde se acusan los tres años escasos de tradición
espectacular guineana. Pese a ello, el público de Brescia
aplaudió a rabiar las energéticas evoluciones de los
más de 40 acróbatas que Baobab pone en juego en cada
uno de los dos espectáculos.
Un jardín secreto
El
recoleto claustro del Museo Diocesano cobijó un singular
espectáculo exhibido sucesivamente por tres compañías
que enlazaron sus pequeños y heterogéneos trabajos
consiguiendo un producto final caracterizado por la sencillez y
la intimidad. Así, la coreógrafa italiana Francesca
Lattuda (que en la pasada edición había dirigido La
tribu Iota, espectáculo fin de carrera del CNAC), acompañada
al acordeón por Jean-Marc Zelwer ofreció W lamor,
un minirecital de canciones propias cantadas en francés,
italiano, romaní y camelo. Acto seguido, la joven Fanny Soriano,
formada en la escuela de circo de Châlons, sorprendió
por la suavidad y la belleza plástica de su número
de cuerda vertical.
Ya con el público sentado en la capilla del Museo, la compañía
eaRis presentó un extracto de 25 de su espectáculo
Looking Throug Eardrums, en que intervienen un malabarista que baila,
una bailarina que manipula objetos y 4 músicos (contrabajo,
viola de gamba, violín y clarinete) que participan esporádicamente
en la acción. Es este un trabajo experimentalmente interdisciplinar
que rehuye el virtuosismo de los malabares para proponer un juego
visual y auditivo más allá de las fronteras de los
géneros y consigue (como en una larga secuencia en que el
rebote de las pelotas contra el suelo hace las veces de metrónomo
de la partitura) momentos de fascinante hipnotismo.
Bernard Massuir, bien conocido por el público de Tàrrega,
ofreció días después su show Itizzz... some
sing. Auténtico malabarista de los sonidos y versión
belga de Bobby Mc Ferrin, Massuir balanceó al público
durante un recorrido que va del Blue Monk de Thelonius Monk hasta
la Petite fleur de Sidney Bechet o el Caravan de Duke Ellington
pasando por Sweet Georgia Brown y un puñado de composiciones
propias no menos brillantes, interpretadas como un juego de niños
pero con un admirable virtuosismo vocal.
Recuperando a Houdini
El crítico y director Raffaele De Ritis ha escrito y dirigido
Houdini, una teatralización de la vida y los espectáculos
del inventor del escapismo, famoso por el desafío a la muerte
presente en cada uno de sus números. En efecto, Harry Houdini
(Erik Weisz, 1874-1926) es conocido por evasiones tan espectaculares
como la de una cárcel de alta seguridad en Estados Unidos
o la de una urna cerrada con candados y lanzada a las aguas del
Támesis, en la que se había hecho introducir previamente
maniatado. El montaje de Raffaele De Ritis (quien cuenta en su haber
con trabajos para artistas como Jérôme Savary, Arturo
Brachetti o David Larible y para circos como el Ringling, el Big
Apple o el Soleil) consigue recuperar fielmente una época,
los inicios del siglo XX, en que los espectáculos de ilusionismo
se revestían de una prestigiosa áurea científica
y los empresarios presentaban en un mismo programa a genios como
Houdini y a monstruos de la escena como la Pavlova o Sarah Bernhardt
amén de una extensa gama de freaks tales como liliputienses,
enanos, sirenas o mujeres barbudas. Aquí, De Ritis y su magnífico
equipo actoral recrean el ambiente del foyer del Palace Theatre
en 1919 y suben al escenario la supuesta relación enfermizamente
cruel entre Harry Houdini y su hermano Theo (quien fue también
su asistente en escena) para urdir una trama argumental que mantiene
en vilo al público aún más allá de la
tensión producida por los impecablemente realizados números
de escapismo (la camisa de fuerza, la urna, las cuerdas y el saco,
entre otros).
La llave de la carpa
Una escapada a Milán para ver el sugestivo espectáculo
de la cooperativa Quelli di Grock: La clé du chapiteau, un
homenaje teatral a la vida, el arte y la aventura de los artistas
de circo. Una puesta en escena hecha desde la admiración
y el respeto y sin ninguno de los tópicos habituales en este
tipo de montajes. Reconfortante.
|