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Revista de las Artes Escénicas
Artez 64. agosto de 2002
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    Fiesta del Circo de Brescia

    Del 23 de junio al 6 de julio se ha celebrado la Festa del Circo Contemporáneo en Brescia (Lombardía). Diez compañías procedentes de Francia, Italia, Bélgica, Finlandia y Guinea Conakry han seducido a un público que ha rubricado la consolidación de la muestra agotando el papel en casi todas las funciones. Pero la calidad de los espectáculos y el éxito de convocatoria se han visto acompañados de una feroz operación de desprestigio a cargo de los sectores más reaccionarios del circo tradicional, que, después de acusar de impostura y competencia desleal a los artistas y promotores del circo contemporáneo, ahora intentan presionar al Ministerio de Cultura italiano para que revoque todo tipo de ayudas y subvenciones a esta, en Italia, nueva expresión escénica.

    Jordi Jané

    Si no en la forma, sí que en el fondo la actual situación italiana es paralela a la que se vivió en el Estado español –e incluso en Francia– en la década de los 80 a raíz de la aparición de jóvenes compañías de artistas que empezaban a tantear el lenguaje circense alternativo que hoy entendemos como circo contemporáneo. En los 80 –y parte de los 90–, los artistas y empresarios del circo tradicional español reaccionaron muy negativamente al nuevo circo (tanto al producido en el Estado –caso Circ Cric de Tortell Poltrona–, como al que nos llegaba de Francia de la mano de grupos como Cirque Aligre o Archaos). Fue una etapa en que los tradicionalistas temían –sin confesarlo abiertamente– a una futura competencia con nuevas ideas y más agilidad de movimientos (si bien con artistas de mucha menos técnica). Ante el temor de perder cuota de mercado, el circo clásico se dedicó a la descalificación pura y simple de la nueva fórmula, negándole de paso la consideración de espectáculo de circo. Sin embargo, en toda Europa el tiempo ha demostrado que el circo clásico y el contemporáneo no tan sólo pueden compartir público, mercado e incluso plaza y fechas, sino que se pueden retroalimentar positivamente en el terreno artístico. Hoy en día, prestigiosos circos clásicos como el Cardenal, el Raluy o el Mundial contratan números de expresión contemporánea e incluso el Festival de Circo de Montecarlo –élite y paradigma del circo clásico– incluye en sus programas a jóvenes valores surgidos de las escuelas francesas de circo. Como ha señalado en uno de los debates de Brescia Bernard Turin, director del Centre National des Arts du Cirque (CNAC), el circo contemporáneo es un fenómeno irreversible y de nada servirán los intentos de neutralizarlo. Sin embargo, el circo clásico italiano ha emprendido contra esa irreversibilidad artística una cruzada que puede originar un problemático –e inútil– mar de fondo en los próximos años.

    Las perlas de la Festa

    Como sucede también en Catalunya con el Festival Trapezi, ha habido en Brescia una masiva presencia de espectáculos franceses. Este año, el CNAC ha presentado Cyrk 13, el trabajo final de carrera de la 13ª promoción de la Escuela Nacional de Circo, que inicia así una gira europea de un año como complemento a la formación recibida durante 4 cursos. Cyrk 13 juega a exaltar las posibilidades gestuales y estéticas del cuerpo humano. Pese a un tedioso inicio y a un epílogo final harto prescindible, el espectáculo, puesto en pista por el reputado coreógrafo Philippe Découfflé, es de buena factura y sus bellas y sugerentes coreografías arrancaron cálidas y sonoras ovaciones. A destacar la imaginación y buena ejecución de números como el de acrobacia a las cinchas, el trapecio Washington y el columpio ruso. Por otra parte, la joven compañía ha efectuado un muy interesante trabajo de investigación en el número de mástiles chinos, en que el diseño del aparato permite prácticamente todos los ejercicios del repertorio tradicional facilitando además a los acróbatas la búsqueda de movimientos armónicos y ondulantes que abren nuevas perspectivas en cuanto a plasticidad y expresión.
    Los 7 acróbatas del Collectif AOC han presentado La Syncope du 7, una coproducción franco-belga que se mueve en el terreno de la experimentación de nuevos lenguajes escénicos. Arrojes de gran efecto en el trapecio, una innovadora utilización de la cama elástica (de la cual los artistas salen propulsados para luego caminar casi ingrávidos por paredes de metacrilato transparente y caer de nuevo sobre la lona) y una iluminación y una banda sonora muy en la línea Fura dels Baus, han enardecido especialmente al público más joven y han demostrado que en circo quedan todavía muchas cosas por decir.
    Aún en el ámbito de la francofonía, el Circus Baobab de Guinea Conakry dirigido por el ex-Archaos Pierrot Bidon ha presentado dos espectáculos: Les tambours sauteurs y La légende du singe tambourinaire (este último visto ya en Trapezi 2001). Ambos espectáculos tienen en común la combinación de danza y música étnicas con varias modalidades de acrobacia (al suelo, trapecio fijo y minivolante, cuerda, etc.), si bien es en los apartados acrobático y teatral donde se acusan los tres años escasos de tradición espectacular guineana. Pese a ello, el público de Brescia aplaudió a rabiar las energéticas evoluciones de los más de 40 acróbatas que Baobab pone en juego en cada uno de los dos espectáculos.

    Un jardín secreto

    El recoleto claustro del Museo Diocesano cobijó un singular espectáculo exhibido sucesivamente por tres compañías que enlazaron sus pequeños y heterogéneos trabajos consiguiendo un producto final caracterizado por la sencillez y la intimidad. Así, la coreógrafa italiana Francesca Lattuda (que en la pasada edición había dirigido La tribu Iota, espectáculo fin de carrera del CNAC), acompañada al acordeón por Jean-Marc Zelwer ofreció W l’amor, un minirecital de canciones propias cantadas en francés, italiano, romaní y camelo. Acto seguido, la joven Fanny Soriano, formada en la escuela de circo de Châlons, sorprendió por la suavidad y la belleza plástica de su número de cuerda vertical.
    Ya con el público sentado en la capilla del Museo, la compañía eaRis presentó un extracto de 25’ de su espectáculo Looking Throug Eardrums, en que intervienen un malabarista que baila, una bailarina que manipula objetos y 4 músicos (contrabajo, viola de gamba, violín y clarinete) que participan esporádicamente en la acción. Es este un trabajo experimentalmente interdisciplinar que rehuye el virtuosismo de los malabares para proponer un juego visual y auditivo más allá de las fronteras de los géneros y consigue (como en una larga secuencia en que el rebote de las pelotas contra el suelo hace las veces de metrónomo de la partitura) momentos de fascinante hipnotismo.
    Bernard Massuir, bien conocido por el público de Tàrrega, ofreció días después su show Itizzz... some sing. Auténtico malabarista de los sonidos y versión belga de Bobby Mc Ferrin, Massuir balanceó al público durante un recorrido que va del Blue Monk de Thelonius Monk hasta la Petite fleur de Sidney Bechet o el Caravan de Duke Ellington pasando por Sweet Georgia Brown y un puñado de composiciones propias no menos brillantes, interpretadas como un juego de niños pero con un admirable virtuosismo vocal.

    Recuperando a Houdini

    El crítico y director Raffaele De Ritis ha escrito y dirigido Houdini, una teatralización de la vida y los espectáculos del inventor del escapismo, famoso por el desafío a la muerte presente en cada uno de sus números. En efecto, Harry Houdini (Erik Weisz, 1874-1926) es conocido por evasiones tan espectaculares como la de una cárcel de alta seguridad en Estados Unidos o la de una urna cerrada con candados y lanzada a las aguas del Támesis, en la que se había hecho introducir previamente maniatado. El montaje de Raffaele De Ritis (quien cuenta en su haber con trabajos para artistas como Jérôme Savary, Arturo Brachetti o David Larible y para circos como el Ringling, el Big Apple o el Soleil) consigue recuperar fielmente una época, los inicios del siglo XX, en que los espectáculos de ilusionismo se revestían de una prestigiosa áurea científica y los empresarios presentaban en un mismo programa a genios como Houdini y a monstruos de la escena como la Pavlova o Sarah Bernhardt amén de una extensa gama de freaks tales como liliputienses, enanos, sirenas o mujeres barbudas. Aquí, De Ritis y su magnífico equipo actoral recrean el ambiente del foyer del Palace Theatre en 1919 y suben al escenario la supuesta relación enfermizamente cruel entre Harry Houdini y su hermano Theo (quien fue también su asistente en escena) para urdir una trama argumental que mantiene en vilo al público aún más allá de la tensión producida por los impecablemente realizados números de escapismo (la camisa de fuerza, la urna, las cuerdas y el saco, entre otros).

    La llave de la carpa

    Una escapada a Milán para ver el sugestivo espectáculo de la cooperativa Quelli di Grock: La clé du chapiteau, un homenaje teatral a la vida, el arte y la aventura de los artistas de circo. Una puesta en escena hecha desde la admiración y el respeto y sin ninguno de los tópicos habituales en este tipo de montajes. Reconfortante.

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