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Revista de las Artes Escénicas
Artez 65. septiembre de 2002
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    Contra la incomunicación

    VIVIR COMO CERDOS
    Autor: JOHN ARDEN
    Intérpretes: MARTA BELAUSTEGUI, AMPARO VALLE, ANTONIO CANAL, PILAR MASSA, JAVIER GUTIÉRREZ, JAVIER LAGO, MANUELA PASO, RAÚL FERNÁNDEZ, GALA GARCÍA-CUEVA, LUPE SORIA, FRAN REYES, IVANA HEREDIA, GUILLERMO ORTEGA, ALICIA G. BELAUSTEGUI
    Música: MIGUEL MALLA
    Iluminación: JESÚS SALGADO
    Escenografía y vestuario: TERESA ROS, DIEGO COSTA
    Dirección: JESÚS SALGADO
    Producción: TEATRO DEL DUENDE

     

    En Vivir como cerdos, el autor John Arden presenta a los Sawneys, una familia de marginales que son obligados por las nuevas políticas de urbanismo, a desalojar su hogar, su chabola para pasar a vivir en una vivienda de protección oficial. Un jardín y una valla les separan de sus nuevos vecinos, los Jackson, una familia de clase media, acomodada y acostumbrada a su forma de vida tranquila. Los prejuicios que tienen unos contra otros hacen que la convivencia sea imposible, hasta el extremo de terminar con el desmembramiento de los dos clanes.

    Levantar el puño

    Teatro del Duende conoció Vivir como Cerdos por sugerencia de Concha Doñaque, profesora en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, quien opinaba que podría ser una buena obra para una compañía de sus características, por tratarse de una formación que habitúa a aventurarse a producir montajes de alto riesgo, para los que son necesarias muchas agallas ya que cuenta en su trayectoria con espectáculos de gran formato y con gran cantidad de intérpretes. “Siempre hemos trabajado en obras con más de diez actores por lo que ésta se trata de una obra que responde al talante de la compañía” explica el director Jesús Salgado.
    Aunque Vivir como cerdos se escribió hace medio siglo, Salgado sostiene que en la actualidad tiene mucho que contar. “Cuando Arden la escribió, situando la acción en Inglaterra, existían allí una serie de problemas que con el paso del tiempo nos han llegado a nosotros, como la inmigración, la intolerancia y la no aceptación del otro por ser un poco diferente de piel o de costumbres. Como artistas, creemos que nuestro compromiso es levantar de vez en cuando el puño y llamar la atención sobre ciertos temas”. Al respecto, la actriz Amparo Valle asegura que no sólo en el plano político-social, sino que también en lo artístico, “al menos en Madrid, es de un adocenamiento, de un pasado por tres aguas de lejía, hasta el extremo de ver un Valle-Inclán y no reconocer al autor tras el espectáculo. En el arte no puede ser todo buenos peinados, todo correcto. Las ganas de romper la cultura que nos llega desde arriba, como pasó en el 68, sumadas al contenido político de Vivir como cerdos es lo interesante de este montaje. ¡Ya está bien de pisos piloto, que las casas se viven! Hay una tendencia a controlar el espíritu, de no permitirnos poner algo que esté fuera de donde deba, que a mí me puede llevar a la locura”. La veterana actriz, que se pasa toda la obra rompiendo papeles, asegura que le encantaría pasar sus días haciéndolo y despeinando a la gente y ensuciando sus ropas porque le parece que no se puede ir por la vida de perfecto desde un criterio único.

    Falta de comunicación

    Teatro del Duende muestra en esta obra una serie de historias de amor y de odio, de encuentros y desencuentros, que nacen de la relación entre los Sawneys y los Jackson y que en palabras de la actriz Marta Belaustegui, son el fruto de la falta de comunicación entre ambas familias y, dentro de cada una, de sus miembros. El director opina que el autor habla de esa incomunicación “desde el conocimiento del comportamiento humano y de la observación del capitalismo salvaje que nos invade. Hay mentes muy sabias por ahí arriba que nos están inculcando por vía intravenosa un parcelamiento en nuestras vidas y espíritus. Cuanto menos hablemos los unos con los otros menos peligrosos seremos para el sistema”. Por ello, explica que la función del gobierno en esta obra es situar a la gente donde ellos quieren que vivan, y añade que lo que dice esta obra es que “a la fuerza no se puede. Cuando a un grupo de salvajes, en el buen sentido de la palabra, que protegen su hábitat y su familia les obligan a vivir de una forma que ellos no quieren, se rebelan. Si damos un paso más allá en esta obra estoy seguro de que los Sawneys serían exterminados”. Y es que los Jackson, en palabras del actor Juan Gutiérrez, quien encarna en la obra al padre de ese clan, son el prototipo de ‘pisopilotismo’, una familia que tiene su coche, su casa y una forma de entender la vida que tratan de imponer a sus nuevos vecinos, una gente que Amparo Valle recuerda que “va a lo básico, a buscar la comida de hoy”.

    Simpatías compartidas

    No obstante, los miembros de Teatro del Duende advierten que uno de los aspectos más interesantes de la obra está en que Arden consigue llevar las simpatías del espectador de un lado a otro. Marta Belaustegui explica que “todos tenemos el ansia de libertad de los Sawneys y sin embargo, vivimos el día a día más cerca de los Jackson. Además, como nos lleva de la escena más íntima, a la comedia absurda para llegar a la tragedia, el autor hace que disfrutemos mucho de la palabra y de los conflictos entre los personajes. Arden no trata de dar un ejemplo de vida, sino que muestra diferentes posibilidades”. Además, la variedad de generaciones que se encuentran en la obra, y que Teatro del Duende ha querido reflejar con la elección de un reparto que va desde la veteranía de Amparo Valle hasta la juventud de Alicia G. Belaustegui a sus ocho años, permite según los responsables acometer a la actualidad desde distintas perspectivas.
    Por tratarse de una de las primeras obras del autor, el director del montaje entiende que la obra está bañada de una intención romántica, lo que implica una gran carga poética y que en su espectáculo tomará forma de calidoscopio que mezclará el verso y la prosa, las canciones populares con los mitos legendarios, la farsa más desenfrenada con el apunte dramático más clásico, la crónica minuciosa con la proposición existencial, el humor con la violencia, el ridículo con la ternura y la política con los sueños de los personajes. “Incluso la familia de los Sawneys, que en principio pudieran ser los cerdos, aunque esta sea una descripción que habría que discutir si hay que aplicarles a ellos, a otros o a todos, se expresan en ocasiones con unas imágenes y símbolos, con una poesía que estamos aprovechando”.

    Estética de los 70

    Los miembros de Teatro del Duende han querido ser fieles con el autor, por lo que han encargado una traducción propia y han trabajado sobre las partituras musicales originales, ya que tenían la ilusión de embarcarse en una producción con música en directo, para lo cual han contado con la colaboración de Miguel Malla. Sin embargo, el director reconoce que situarán la acción en los años 70 “porque nos interesa mucho la estética, la movilización de esa época. Creo que le estamos sacando bastante juego a ese traslado, ya que es un tiempo irreal, onírico, de grandes cambios y que a todos nos apetece haber vivido”. Por ello, tanto la escenografía como el vestuario, diseñados por Teresa Ros y Diego Costa, apuntan en esa dirección, con un espacio escénico que al mismo tiempo juega con la sensación de parcelamiento, en el que los lugares íntimos se conjugan con los espacios abiertos, lo que ha obligado al director, quien también se encarga del diseño de iluminación, a buscar un noviazgo entre las diferentes atmósferas, y al tiempo, a jugar con las variedades cromáticas de los meses de abril y mayo, época en la que se sitúa la obra Vivir como cerdos.

    Autor comprometido

    John Arden ha centrado su producción teatral en la sátira contra el militarismo, el autoritarismo y el mito de la sociedad del bienestar contemporánea. Por ello, porque sus posturas políticas resultan incómodas para la sociedad inglesa ha abandonado el país y la escritura dramática, no la creación literaria, que comparte con su mujer Margaretta D'Arcy.

    IRAILAK 12-15 SEPTIEMBRE
    BARAKALDO ANTZOKIA

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