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Contra
la incomunicación
VIVIR
COMO CERDOS
Autor: JOHN ARDEN
Intérpretes: MARTA BELAUSTEGUI, AMPARO VALLE, ANTONIO
CANAL, PILAR MASSA, JAVIER GUTIÉRREZ, JAVIER LAGO,
MANUELA PASO, RAÚL FERNÁNDEZ, GALA GARCÍA-CUEVA,
LUPE SORIA, FRAN REYES, IVANA HEREDIA, GUILLERMO ORTEGA, ALICIA
G. BELAUSTEGUI
Música: MIGUEL MALLA
Iluminación: JESÚS SALGADO
Escenografía y vestuario: TERESA ROS, DIEGO COSTA
Dirección: JESÚS SALGADO
Producción: TEATRO DEL DUENDE |
En
Vivir como cerdos, el autor John Arden presenta a los Sawneys, una
familia de marginales que son obligados por las nuevas políticas
de urbanismo, a desalojar su hogar, su chabola para pasar a vivir
en una vivienda de protección oficial. Un jardín y
una valla les separan de sus nuevos vecinos, los Jackson, una familia
de clase media, acomodada y acostumbrada a su forma de vida tranquila.
Los prejuicios que tienen unos contra otros hacen que la convivencia
sea imposible, hasta el extremo de terminar con el desmembramiento
de los dos clanes.
Levantar el puño
Teatro del Duende conoció Vivir como Cerdos por sugerencia
de Concha Doñaque, profesora en la Real Escuela Superior
de Arte Dramático, quien opinaba que podría ser una
buena obra para una compañía de sus características,
por tratarse de una formación que habitúa a aventurarse
a producir montajes de alto riesgo, para los que son necesarias
muchas agallas ya que cuenta en su trayectoria con espectáculos
de gran formato y con gran cantidad de intérpretes. Siempre
hemos trabajado en obras con más de diez actores por lo que
ésta se trata de una obra que responde al talante de la compañía
explica el director Jesús Salgado.
Aunque Vivir como cerdos se escribió hace medio siglo, Salgado
sostiene que en la actualidad tiene mucho que contar. Cuando
Arden la escribió, situando la acción en Inglaterra,
existían allí una serie de problemas que con el paso
del tiempo nos han llegado a nosotros, como la inmigración,
la intolerancia y la no aceptación del otro por ser un poco
diferente de piel o de costumbres. Como artistas, creemos que nuestro
compromiso es levantar de vez en cuando el puño y llamar
la atención sobre ciertos temas. Al respecto, la actriz
Amparo Valle asegura que no sólo en el plano político-social,
sino que también en lo artístico, al menos en
Madrid, es de un adocenamiento, de un pasado por tres aguas de lejía,
hasta el extremo de ver un Valle-Inclán y no reconocer al
autor tras el espectáculo. En el arte no puede ser todo buenos
peinados, todo correcto. Las ganas de romper la cultura que nos
llega desde arriba, como pasó en el 68, sumadas al contenido
político de Vivir como cerdos es lo interesante de este montaje.
¡Ya está bien de pisos piloto, que las casas se viven!
Hay una tendencia a controlar el espíritu, de no permitirnos
poner algo que esté fuera de donde deba, que a mí
me puede llevar a la locura. La veterana actriz, que se pasa
toda la obra rompiendo papeles, asegura que le encantaría
pasar sus días haciéndolo y despeinando a la gente
y ensuciando sus ropas porque le parece que no se puede ir por la
vida de perfecto desde un criterio único.
Falta de comunicación
Teatro del Duende muestra en esta obra una serie de historias de
amor y de odio, de encuentros y desencuentros, que nacen de la relación
entre los Sawneys y los Jackson y que en palabras de la actriz Marta
Belaustegui, son el fruto de la falta de comunicación entre
ambas familias y, dentro de cada una, de sus miembros. El director
opina que el autor habla de esa incomunicación desde
el conocimiento del comportamiento humano y de la observación
del capitalismo salvaje que nos invade. Hay mentes muy sabias por
ahí arriba que nos están inculcando por vía
intravenosa un parcelamiento en nuestras vidas y espíritus.
Cuanto menos hablemos los unos con los otros menos peligrosos seremos
para el sistema. Por ello, explica que la función del
gobierno en esta obra es situar a la gente donde ellos quieren que
vivan, y añade que lo que dice esta obra es que a la
fuerza no se puede. Cuando a un grupo de salvajes, en el buen sentido
de la palabra, que protegen su hábitat y su familia les obligan
a vivir de una forma que ellos no quieren, se rebelan. Si damos
un paso más allá en esta obra estoy seguro de que
los Sawneys serían exterminados. Y es que los Jackson,
en palabras del actor Juan Gutiérrez, quien encarna en la
obra al padre de ese clan, son el prototipo de pisopilotismo,
una familia que tiene su coche, su casa y una forma de entender
la vida que tratan de imponer a sus nuevos vecinos, una gente que
Amparo Valle recuerda que va a lo básico, a buscar
la comida de hoy.
Simpatías compartidas
No
obstante, los miembros de Teatro del Duende advierten que uno de
los aspectos más interesantes de la obra está en que
Arden consigue llevar las simpatías del espectador de un
lado a otro. Marta Belaustegui explica que todos tenemos el
ansia de libertad de los Sawneys y sin embargo, vivimos el día
a día más cerca de los Jackson. Además, como
nos lleva de la escena más íntima, a la comedia absurda
para llegar a la tragedia, el autor hace que disfrutemos mucho de
la palabra y de los conflictos entre los personajes. Arden no trata
de dar un ejemplo de vida, sino que muestra diferentes posibilidades.
Además, la variedad de generaciones que se encuentran en
la obra, y que Teatro del Duende ha querido reflejar con la elección
de un reparto que va desde la veteranía de Amparo Valle hasta
la juventud de Alicia G. Belaustegui a sus ocho años, permite
según los responsables acometer a la actualidad desde distintas
perspectivas.
Por tratarse de una de las primeras obras del autor, el director
del montaje entiende que la obra está bañada de una
intención romántica, lo que implica una gran carga
poética y que en su espectáculo tomará forma
de calidoscopio que mezclará el verso y la prosa, las canciones
populares con los mitos legendarios, la farsa más desenfrenada
con el apunte dramático más clásico, la crónica
minuciosa con la proposición existencial, el humor con la
violencia, el ridículo con la ternura y la política
con los sueños de los personajes. Incluso la familia
de los Sawneys, que en principio pudieran ser los cerdos, aunque
esta sea una descripción que habría que discutir si
hay que aplicarles a ellos, a otros o a todos, se expresan en ocasiones
con unas imágenes y símbolos, con una poesía
que estamos aprovechando.
Estética de los 70
Los miembros de Teatro del Duende han querido ser fieles con el
autor, por lo que han encargado una traducción propia y han
trabajado sobre las partituras musicales originales, ya que tenían
la ilusión de embarcarse en una producción con música
en directo, para lo cual han contado con la colaboración
de Miguel Malla. Sin embargo, el director reconoce que situarán
la acción en los años 70 porque nos interesa
mucho la estética, la movilización de esa época.
Creo que le estamos sacando bastante juego a ese traslado, ya que
es un tiempo irreal, onírico, de grandes cambios y que a
todos nos apetece haber vivido. Por ello, tanto la escenografía
como el vestuario, diseñados por Teresa Ros y Diego Costa,
apuntan en esa dirección, con un espacio escénico
que al mismo tiempo juega con la sensación de parcelamiento,
en el que los lugares íntimos se conjugan con los espacios
abiertos, lo que ha obligado al director, quien también se
encarga del diseño de iluminación, a buscar un noviazgo
entre las diferentes atmósferas, y al tiempo, a jugar con
las variedades cromáticas de los meses de abril y mayo, época
en la que se sitúa la obra Vivir como cerdos.
Autor comprometido
John Arden ha centrado su producción teatral en la sátira
contra el militarismo, el autoritarismo y el mito de la sociedad
del bienestar contemporánea. Por ello, porque sus posturas
políticas resultan incómodas para la sociedad inglesa
ha abandonado el país y la escritura dramática, no
la creación literaria, que comparte con su mujer Margaretta
D'Arcy.
IRAILAK
12-15 SEPTIEMBRE
BARAKALDO ANTZOKIA
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