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Revista de las Artes Escénicas
Artez 65. septiembre de 2002
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    Sonrisas de mujer

    MUJERES AL ROJO VIVO
    Autora: EDURNE RODRÍGUEZ
    Intérpretes: KRIS ELIZMENDI, TANIA DE LA CRUZ, JULIA HERNÁNDEZ
    Escenografía: NONA UMBERT
    Vestuario: MABEL GUTIÉRREZ
    Iluminación: ÁNGEL COLLADO
    Dirección: MAITE AGIRRE
    Producción: AGERRE TEATROA

     

    Dentro de las actividades paralelas a la producción de la compañía Agerre Teatroa, como talleres y trabajos de colaboración que no tienen como objetivo la puesta en marcha de un montaje, coincidieron hace varios meses una serie de personas atraídas por un texto, Mujeres al rojo vivo de Edurne Rodríguez, y decididas a montarlo. La directora de esta nueva propuesta, Maite Agirre, reconoce que al leerlo pensó que se trataba de un texto en cuya onda le gustaría escribir un espectáculo, “aunque pronto me percaté de que Mujeres al rojo vivo tiene algo especial. Está escrito por una persona joven que presentía que iba a morir a causa de la enfermedad que padecía. Ella era Edurne, una chica a la que prácticamente todos los teatreros de Euskadi hemos conocido”.

    Realidades domésticas

    Edurne Rodríguez escribió Mujeres al rojo vivo con la idea de montarlo. Bajo la dirección de la propia autora, Legaleón T la estrenó en diciembre de 1995, rápidamente porque a ella le quedaba muy poco tiempo. “Además de conmoverme –continúa Agirre– el texto me da miedo, porque pienso que puede ser muy lírico, un lirismo que puede convertirse en trampa. Sin embargo, está impregnado de un halo de magia ya que sorprende en cuanto a que dispara en infinitud de direcciones. No tiene un único sentido, pero por otra parte tampoco es ambiguo. Acomete muchos temas, pero arrastra hacia realidades, diría, casi domésticas. Habla con urgencia sobre cosas que siente que han de ser ahora o nunca. Opino que cuando se vive con ese sentimiento de urgencia, se habla de cosas, no voy a decir fundamentales, pero sí seleccionadas”. La directora considera que temas como el amor y el desamor, la vida y la muerte, la mujer y sus deseos, la soledad y la compañía palpitan en sus palabras rezumando mucha sensualidad, pasión, deseo y sudor vital. Todo ello, apasionado por el revoloteo de la muerte, una idea que no es estética ni literaria en Edurne, sino que es una realidad. “El resultado me maravilla, porque en el escenario no queda ni lírico, ni abstracto, suena a domestico, al ayer, hoy y mañana de cada uno de nosotros”.

    Tres facetas

    Las Mujeres al rojo vivo son tres personajes diferentes que al tiempo, en palabras de la actriz Kris Elizmendi, forman tres aspectos de lo que sería un sólo personaje, la mujer. “Nuestro trabajo ha consistido en buscarles cotidianeidad, para que sean reales. En concreto, el que interpreto, lo veo como una mujer frágil –yo la llamo la huérfana–, con mucha zozobra interior y en busca de seguridad”. Su compañera Julia Hernández presenta al suyo como una mujer preocupada por vivir, que no asume los problemas como tales, “alguien que evita el dolor con el uso del humor”, y lo sitúa a caballo entre los dos estadios en los que se encuentran el personaje de Elizalde y el tercero, al que da vida Tania de la Cruz, actriz que dice del suyo que “se trata de una mujer que se encuentra en un punto de inflexión, cree ser el ombligo del mundo, pero comienza a tener dudas sobre ello”. La evolución del espectáculo es según la directora “un paseo por las cuatro estaciones. Tiene un poco de adolescencia, juventud, madurez y crepúsculo, esa magia nostálgica que tiene la puesta del sol”.
    En opinión de la directora, el hecho de estar escrito a tres voces hace que la propuesta de Mujeres al rojo vivo sea muy sinfónica, muy musical. “Es como un aria, llena de ritmo y juego que no es externo, sino que hay algo latiendo dentro que te lleva por diferentes caminos hacia el final, hacia una playa, no la de agosto, sí quizá la de febrero y te sitúa cara al horizonte”. En palabras de Maite Agirre, en la vida de cualquier persona hay momentos límite en los que se disparan ciertas válvulas que nos permiten expresar cosas que desconocemos de dónde salen. “Creo que cuando Edurne escribió esta obra estaba en uno de esos momentos que dan un estado de conciencia diferente, además en aquel período estaba fascinada por la danza y su texto está muy contagiado por el movimiento, por la danza-teatro”.
    A pesar de las dudas que tenía al respecto, Agirre decidió ver el vídeo del montaje original, tras lo cual entendió ciertos aspectos de la obra, “como que Edurne escribía con un gran sentido del humor, y a mí no se me había ocurrido verlas desde esa óptica. Me pareció un aviso de la autora, una recomendación para alejarnos del tremendismo. Una vez en los ensayos nos reafirmamos en esa idea. La obra pide todo menos seriedad, necesita hablar de lo que somos, mujeres normales”. Por ello, la directora les ha indicado a las intérpretes que no han de parecer actrices, sino que sobre el escenario han de ser mujeres que recuerden a personas concretas, reales, a la dueña del estanco o la panadera.

    Experiencia de grupo

    Comparando su propuesta con la original, la directora reconoce usar los mismos elementos a lo largo de la obra, “pero lo que me gusta es que a nosotras nos han llevado a otro sitio. El planteamiento va en otra dirección respecto a la de Edurne. Siento que en nuestro montaje palpitan cosas que nacieron en la escenificación de la autora aunque el corazón de la nuestra ha comenzado a latir con otro ritmo, con una dramaturgia diferente”. De hecho, opina que la dramaturgia de un texto como Mujeres al rojo vivo será siempre una experiencia de grupo, “y ésta es la nuestra”. Las lecturas de la obra son tantas que cuando la escenógrafa Nona Umbert se incorporó a los ensayos cayó en la cuenta de que sus previsiones se encaminaban en otra dirección de las de las actrices y directora, ya que, explica Agirre, “Nona tenía en mente un espacio de interior, con sus atmósferas, luces y colores y se encontró con que el espacio escénico que estabamos trabajando es de exteriores. Ahí se le rompieron todos los esquemas, por lo que tras respirar nuestros ensayos y nuestro paisaje comenzó a trabajar, buscando lugares por nuestras costas, empapándose del clima, viendo, pintando y proponiendo”.

    Sin artificio

    La directora señala que el agua en su propuesta ha adquirido gran importancia, que se ha hecho muy presente, sobre todo en el aspecto sonoro. “Son elementos que van apareciendo y empujando a otros. Al tener el texto su propia sonoridad, no habrá música propiamente dicha, pero sí sonidos que le dan vuelo, como el del mar, aunque también percusiones”. En cuanto a la iluminación, la directora asegura que especialmente en este trabajo, le gustaría que no se notara el artificio por ningún lado, por lo que será muy sencilla. “Este espectáculo pide limpieza, pureza, que nada estorbe”.
    Mujeres al rojo vivo se estrenará simultáneamente en español y euskera, versión traducida por Beatriz Zabalondo y Txiliku, que llevará por título Emakumeak gori-gori, y que en opinión de las responsables del montaje “han respetado en todo momento el texto original y han estudiado cada caso, cada duda, de manera exhaustiva, pensando por qué Edurne decía una palabra y no otra y haciendo un texto inteligible”.

    Descifrar preguntas

    Edurne Rodríguez creció en Irun, donde formó parte de la compañía Legaleón T. En su opinión, el espectáculo transmite inquietud, una constante en la compañía irunesa y un sentimiento que la llevó en un viaje de formación y creación a la Escuela Serge Martin de Ginebra, mientras jugaba de forma íntima y nocturna, a descifrar sus inexpertas preguntas en folios desordenados.

    IRAILAK 28 - 29 SEPTIEMBRE (20.00
    ERRENTERIA HIRIA KULTURGUNEA

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