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Sonrisas
de mujer
MUJERES
AL ROJO VIVO
Autora: EDURNE RODRÍGUEZ
Intérpretes: KRIS ELIZMENDI, TANIA DE LA CRUZ, JULIA
HERNÁNDEZ
Escenografía: NONA UMBERT
Vestuario: MABEL GUTIÉRREZ
Iluminación: ÁNGEL COLLADO
Dirección: MAITE AGIRRE
Producción: AGERRE TEATROA |
Dentro
de las actividades paralelas a la producción de la compañía
Agerre Teatroa, como talleres y trabajos de colaboración
que no tienen como objetivo la puesta en marcha de un montaje, coincidieron
hace varios meses una serie de personas atraídas por un texto,
Mujeres al rojo vivo de Edurne Rodríguez, y decididas a montarlo.
La directora de esta nueva propuesta, Maite Agirre, reconoce que
al leerlo pensó que se trataba de un texto en cuya onda le
gustaría escribir un espectáculo, aunque pronto
me percaté de que Mujeres al rojo vivo tiene algo especial.
Está escrito por una persona joven que presentía que
iba a morir a causa de la enfermedad que padecía. Ella era
Edurne, una chica a la que prácticamente todos los teatreros
de Euskadi hemos conocido.
Realidades domésticas
Edurne Rodríguez escribió Mujeres al rojo vivo con
la idea de montarlo. Bajo la dirección de la propia autora,
Legaleón T la estrenó en diciembre de 1995, rápidamente
porque a ella le quedaba muy poco tiempo. Además de
conmoverme continúa Agirre el texto me da miedo,
porque pienso que puede ser muy lírico, un lirismo que puede
convertirse en trampa. Sin embargo, está impregnado de un
halo de magia ya que sorprende en cuanto a que dispara en infinitud
de direcciones. No tiene un único sentido, pero por otra
parte tampoco es ambiguo. Acomete muchos temas, pero arrastra hacia
realidades, diría, casi domésticas. Habla con urgencia
sobre cosas que siente que han de ser ahora o nunca. Opino que cuando
se vive con ese sentimiento de urgencia, se habla de cosas, no voy
a decir fundamentales, pero sí seleccionadas. La directora
considera que temas como el amor y el desamor, la vida y la muerte,
la mujer y sus deseos, la soledad y la compañía palpitan
en sus palabras rezumando mucha sensualidad, pasión, deseo
y sudor vital. Todo ello, apasionado por el revoloteo de la muerte,
una idea que no es estética ni literaria en Edurne, sino
que es una realidad. El resultado me maravilla, porque en
el escenario no queda ni lírico, ni abstracto, suena a domestico,
al ayer, hoy y mañana de cada uno de nosotros.
Tres facetas
Las Mujeres al rojo vivo son tres personajes diferentes que al tiempo,
en palabras de la actriz Kris Elizmendi, forman tres aspectos de
lo que sería un sólo personaje, la mujer. Nuestro
trabajo ha consistido en buscarles cotidianeidad, para que sean
reales. En concreto, el que interpreto, lo veo como una mujer frágil
yo la llamo la huérfana, con mucha zozobra interior
y en busca de seguridad. Su compañera Julia Hernández
presenta al suyo como una mujer preocupada por vivir, que no asume
los problemas como tales, alguien que evita el dolor con el
uso del humor, y lo sitúa a caballo entre los dos estadios
en los que se encuentran el personaje de Elizalde y el tercero,
al que da vida Tania de la Cruz, actriz que dice del suyo que se
trata de una mujer que se encuentra en un punto de inflexión,
cree ser el ombligo del mundo, pero comienza a tener dudas sobre
ello. La evolución del espectáculo es según
la directora un paseo por las cuatro estaciones. Tiene un
poco de adolescencia, juventud, madurez y crepúsculo, esa
magia nostálgica que tiene la puesta del sol.
En opinión de la directora, el hecho de estar escrito a tres
voces hace que la propuesta de Mujeres al rojo vivo sea muy sinfónica,
muy musical. Es como un aria, llena de ritmo y juego que no
es externo, sino que hay algo latiendo dentro que te lleva por diferentes
caminos hacia el final, hacia una playa, no la de agosto, sí
quizá la de febrero y te sitúa cara al horizonte.
En palabras de Maite Agirre, en la vida de cualquier persona hay
momentos límite en los que se disparan ciertas válvulas
que nos permiten expresar cosas que desconocemos de dónde
salen. Creo que cuando Edurne escribió esta obra estaba
en uno de esos momentos que dan un estado de conciencia diferente,
además en aquel período estaba fascinada por la danza
y su texto está muy contagiado por el movimiento, por la
danza-teatro.
A pesar de las dudas que tenía al respecto, Agirre decidió
ver el vídeo del montaje original, tras lo cual entendió
ciertos aspectos de la obra, como que Edurne escribía
con un gran sentido del humor, y a mí no se me había
ocurrido verlas desde esa óptica. Me pareció un aviso
de la autora, una recomendación para alejarnos del tremendismo.
Una vez en los ensayos nos reafirmamos en esa idea. La obra pide
todo menos seriedad, necesita hablar de lo que somos, mujeres normales.
Por ello, la directora les ha indicado a las intérpretes
que no han de parecer actrices, sino que sobre el escenario han
de ser mujeres que recuerden a personas concretas, reales, a la
dueña del estanco o la panadera.
Experiencia de grupo
Comparando
su propuesta con la original, la directora reconoce usar los mismos
elementos a lo largo de la obra, pero lo que me gusta es que
a nosotras nos han llevado a otro sitio. El planteamiento va en
otra dirección respecto a la de Edurne. Siento que en nuestro
montaje palpitan cosas que nacieron en la escenificación
de la autora aunque el corazón de la nuestra ha comenzado
a latir con otro ritmo, con una dramaturgia diferente. De
hecho, opina que la dramaturgia de un texto como Mujeres al rojo
vivo será siempre una experiencia de grupo, y ésta
es la nuestra. Las lecturas de la obra son tantas que cuando
la escenógrafa Nona Umbert se incorporó a los ensayos
cayó en la cuenta de que sus previsiones se encaminaban en
otra dirección de las de las actrices y directora, ya que,
explica Agirre, Nona tenía en mente un espacio de interior,
con sus atmósferas, luces y colores y se encontró
con que el espacio escénico que estabamos trabajando es de
exteriores. Ahí se le rompieron todos los esquemas, por lo
que tras respirar nuestros ensayos y nuestro paisaje comenzó
a trabajar, buscando lugares por nuestras costas, empapándose
del clima, viendo, pintando y proponiendo.
Sin artificio
La directora señala que el agua en su propuesta ha adquirido
gran importancia, que se ha hecho muy presente, sobre todo en el
aspecto sonoro. Son elementos que van apareciendo y empujando
a otros. Al tener el texto su propia sonoridad, no habrá
música propiamente dicha, pero sí sonidos que le dan
vuelo, como el del mar, aunque también percusiones.
En cuanto a la iluminación, la directora asegura que especialmente
en este trabajo, le gustaría que no se notara el artificio
por ningún lado, por lo que será muy sencilla. Este
espectáculo pide limpieza, pureza, que nada estorbe.
Mujeres al rojo vivo se estrenará simultáneamente
en español y euskera, versión traducida por Beatriz
Zabalondo y Txiliku, que llevará por título Emakumeak
gori-gori, y que en opinión de las responsables del montaje
han respetado en todo momento el texto original y han estudiado
cada caso, cada duda, de manera exhaustiva, pensando por qué
Edurne decía una palabra y no otra y haciendo un texto inteligible.
Descifrar preguntas
Edurne Rodríguez creció en Irun, donde formó
parte de la compañía Legaleón T. En su opinión,
el espectáculo transmite inquietud, una constante en la compañía
irunesa y un sentimiento que la llevó en un viaje de formación
y creación a la Escuela Serge Martin de Ginebra, mientras
jugaba de forma íntima y nocturna, a descifrar sus inexpertas
preguntas en folios desordenados.
IRAILAK
28 - 29 SEPTIEMBRE (20.00
ERRENTERIA HIRIA KULTURGUNEA
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