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Mirobriga,
marco ideal para una Feria
La
quinta edición de la Feria de Teatro de Castilla y León
de Ciudad Rodrigo es uno de esos eventos culturales que merecen
reconocimiento, no sólo por su objetivo primigenio, que no
es otro que el de servir de escaparate para las producciones teatrales
de la comunidad e invitadas de otras procedencias, si no también
por otras connotaciones que van desde los interesantes espacios
en los que se realizan las representaciones, a la historia y características
arquitectónicas de Ciudad Rodrigo, Mirobriga en su nomenclatura
romana, sin olvidar la complicidad e interés del público
de la ciudad, que convierte la Feria en Fiesta y la disfruta de
forma masiva, hasta el punto de agotar las entradas para la práctica
totalidad de espectáculos programados, y ello sin que vaya
en detrimento de la comodidad de los programadores,
destinatarios, en principio, de la oferta. Y al decir programadores,
entiéndase, agentes de compañías, representantes
de instituciones, medios de comunicación, (la Feria disfruta
de una gran cobertura en prensa, radio y televisión regional)
y un etcétera tan largo como complejo es el sector.
A esta quinta edición han acudido cerca de ciento cincuenta
invitados, que han podido asistir, del veintiuno al veinticuatro
de agosto, a veintidós espectáculos, ofrecidos para
público adulto e infantil, en los que la variedad de estilos
y de formatos ha sido uno de los aspectos a resaltar. Teatro de
interior, danza, teatro de calle y una serie de actividades paralelas
francamente enriquecedoras por las que también se ha interesado
el público.
Siete compañías de Castilla y León de las que
Teatro Corsario, con Don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina
y Azar Teatro, con Ñaque, o de piojos y actores de José
Sanchis Sinisterra, dejaron constancia de estilo y calidad y las
restantes dispusieron de inmejorable escaparate para mostrar sus
últimos montajes, ante un público amplio que pudo
valorar su oferta. Al igual que las quince compañías
invitadas, cuyos montajes pudieron verse muy adecuadamente, tanto
por los espacios en los que se representaron como por las horas
a las que se programaron y, sin que sea la intención de esta
reseña abordar ningún tipo de crítica, es de
resaltar la buena impresión que causó al público
la actuación de La Pavana con su montaje El milagro de Anna
Sullivan de William Gibson, el espectáculo Lokitiodiano de
Luciano Federico y el entusiasmo con que se siguió la actuación
de Markeliñe que clausuró la Feria con D.S.O., su
último espectáculo de calle.
A lo largo de los cuatro días en los que se desarrolló
la Feria, diversos Talleres Infantiles acercan al teatro a más
de cuatro mil niños, en una de las mayores concentraciones
de gente menuda de las que tengamos constancia y, lo que resultaba
curioso, con numeroso público adulto siguiendo sus juegos
ensimismado.
En el ciclo de conferencias Al otro lado de la escena participaron
Juan Carlos Pérez de la Fuente, Director del Centro Dramático
Nacional, dictó la conferencia El director de escena, creador
de la puesta en escena y Roberto Vidal Bolaño, autor y director
teatral que tituló la suya Tentativas. Numeroso público
asistió a ambas conferencias y participó en los posteriores
coloquios.
Interesante, muy interesante, la exposición Títeres
con cabeza, de la colección de Ismael Peña, que además
se instaló en el espléndido espacio que ofrece la
sala Exposiciones del Palacio del Águila, y por la que pasaron
miles de visitantes que pudieron disfrutar de un gran número
de piezas de las más diferentes épocas y facturas,
perfectamente presentadas y glosadas.
Bajo la tutela de las Junta de Castilla y León y el patrocinio
de Caja Duero, Civitas, Animación Teatral asume la gestión
y coordinación de la Feria y es precisamente este capítulo
el que merece especial reconocimiento. Orden y eficacia nos permitieron
asistir a las representaciones y demás actividades, sin sobresaltos,
ni demoras, y disponer de cuanta información fue precisa.
Y para colmo la oficina de la Feria se ha situado, por primera vez,
en el Palacio de las Águilas, en las instalaciones de la
Fundación Duques de Soria, espectacular edificio de los siglos
XVI y XVII, muy bien conservado y adaptado para este tipo de actividades,
que invitaba a pasear por sus patios y estancias, lo que hicieron
no pocos invitados a la Feria.
Concluyendo: tras cinco ediciones, la Feria de Teatro de Castilla
y León de Ciudad Rodrigo consolida su personalidad, ofrece
una buena organización a espectadores y compañías,
dispone de buenos espacios escénicos tanto de interior como
de exterior y lo que es mejor, se integra en una ciudad que la disfruta.Juan
Ortega
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