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Joik
o el arte del canto invocador
El
pueblo sami, habitualmente mal llamado lapón, tiene en el
joik (pronunciado yoik) su expresión cultural por antonomasia.
El joik es el canto tradicional sami, pero también es algo
más; el joik es un modo de recordar e invocar a personas,
animales y cosas. Habiendo estado prohibido desde la llegada del
cristianismo hasta prácticamente hoy mismo, el joik está
saliendo del olvido y se ha convertido en una importante seña
de identidad cultural con la que el pueblo sami se está reencontrando
a sí mismo tras siglos de colonización noruega, sueca,
finlandesa y rusa.
Edu
Lz. de Luzuriaga, Karasjok
Cantar
joik es el arte de recordar personas. A algunas se les recuerda
con amor, a otras con odio y a otras con pena. También se
puede joikear paisajes y animales, escribió en 1910
Johan Turi en su obra Un libro sobre la vida de los sami.
Ritmo y melodía son los componentes fundamentales del joik,
aunque también suele contar con un sencillo texto descriptivo.
El ritmo, marcado antiguamente con el tambor del chamán,
es como el latido del corazón, es la vida y la
melodía representa tradicionalmente la naturaleza de la persona
o del objeto cantado.
No se trata de cantarle a alguien, tampoco de cantar sobre algo
o alguien. Joikear es cantar ese algo o alguien directamente, se
invoca a un ser o a un objeto para hacerlo presente.
El joik es como un amigo: Cuando uno se siente solo y añora
la compañía de alguien cercano, basta con cantar su
joik para contactar con esa persona y sentirse mejor, así
describe el cantante Anders Bær jr. el poder invocador del
joik. Otros indican que se puede incluso alcanzar el estado de trance
mediante la repetición de este canto.
Un joik dice también mucho de quien lo interpreta. Pese a
ser canciones con una estructura fija y sin lugar para la improvisación,
el cantante se refleja a sí mismo en el tono dado a la melodía.
Un joik describe los sentimientos de quien lo canta de la
misma manera que un pintor expresa sus sentimientos íntimos
en un cuadro, señala el músico, cantante y antropólogo
sami Piera Somby.
El mayor tesoro
Todos los sami tienen o aspiran a tener su propio joik, algo que
cada persona debe ganarse por medio de sus relaciones sociales.
Uno no puede crear su propio joik, sino que éste debe ser
hecho por otra persona.
Tener su propio joik supone haber logrado el reconocimiento social
como individuo, ya que desde el momento en que se cuenta con un
joik, uno puede ser cantado/invocado y pasa a formar parte de la
memoria colectiva.
Como dijo Johan Turi, algunos son recordados con amor, otros con
odio, otros con pena y dolor. Lo importante, en cualquier caso,
es ser recordado. Un joik es el mayor tesoro que puede tener
una persona afirma Anders Bær jr.
Además de ser la música popular sami, el joik tuvo
una importante faceta religiosa antes de que el cristianismo se
impusiera definitivamente en el norte de Escandinavia en el siglo
XVII y el hecho de cantar joik se convirtiera en pecado.
Junto con la cristianización llegó también
la colonización salvaje del territorio sami por parte de
Noruega, incluida en el Reino de Dinamarca en aquel momento, y Suecia,
que también abarcaba Finlandia.
Noruega y Suecia emprendieron el proceso de asimilación de
los sami prohibiendo sus señas de identidad cultural, el
idioma y el joik entre otras. Estas prohibiciones han estado vigentes
en diferentes formas hasta 1980, en que la juventud sami emprendió
la lucha contra la opresión cultural a la que estaba sometido
el pueblo sami. El joik ha sido uno de los elementos claves en la
recuperación cultural, como si se tratara de invocar la identidad
sami para volver a hacerla presente.
La nueva generación de músicos sami, con la cantante
Mari Boine como figura más conocida, ha adaptado el joik
a los nuevos tiempos y éste se ha convertido en la base de
la creación musical contemporánea. Así, actualmente,
junto al joik tradicional se pueden escuchar otras variantes como
el pop-joik, rock-joik o heavy-joik.
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