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Letras
para la escena
Al
mismo tiempo en que el pasado día 18 de octubre la prensa
se hacía eco de que casi la mitad de la población
española asegura no haber comprado ningún libro en
el último año según los datos obtenidos en
el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros
de la Federación de Gremios de Editores de España,
abría sus puertas en Madrid el encuentro, cara al público,
del mundo editorial especializado en teatro.
A lo largo de cuatro jornadas, hasta que cerró sus puertas
el día 21, el tercer Salón del Libro Teatral Español
e Iberoamericano, organizado por la Asociación de Autores
de Teatro, ofreció en la Casa de América lecturas
teatrales, encuentros, talleres, premios, exposiciones y, por supuesto,
las protagonistas del evento, las publicaciones.
Futuro asegurado
A
falta de cifras oficiales, el sentir en esta ocasión no fue
general. Mientras que en la valoración conjunta entre expositores
y organización unos opinaban que la afluencia de público
había sido menor que en anteriores ediciones, otros percibían
que éste se había diseminado más en el tiempo
al no darse las antiguas avalanchas hacia la sala en la que se celebran
las lecturas, y que la sensación era positiva.
En todo caso, el presidente de la asociación organizadora,
Jesús Campos, aseguró que tras esta tercera edición
el Salón tiene asegurado el futuro y que se podrá
mantener sin esfuerzo, aunque corre el riesgo de anquilosarse, de
caer en la rutina. De hecho, varios de los expositores subrayaron
que había que evitar que se convirtiera en un salón
endogámico, hecho que pudimos contrastar desde nuestro expositor
con la gran demanda de libros teóricos y técnicos
frente a un escaso interés por la literatura dramática.
Por ello, se plantearon posibles soluciones, como la de abrir las
puertas a Europa a través de los Institutos que los diferentes
países tienen en Madrid, o la de integrar un espacio dentro
de la Feria del Libro de Madrid y salir a la calle, e incluso rotar
el evento por diferentes puntos del Estado.
Autores protagonistas
En cuanto a las actividades paralelas, destacaron dos nombres propios.
El primero el de Adolfo Marsillach, protagonista de la exposición
de esta edición y a quien se dedicó el primer acto
del salón con la lectura de su obra Yo me bajo en la próxima
¿y usted? a cargo de María Fernanda DOcon y
bajo la dirección de Mercedes Lezcano. El segundo, José
Martín Recuerda, que fue nombrado socio de honor en un emotivo
homenaje en el acto de clausura.
Por otra parte, el primer día se celebró el concurso
de escritura rápida Teatro Exprés, al que se presentaron
70 originales que tenían que atenerse a una condición
hecha pública en el comienzo del concurso y que este año
era la presencia del shakespeariano Yago. Los ganadores de los dos
premios se dieron a conocer el último día y recayeron
en el joven David Kraus en el caso del Premio Injuve, por un texto
que presentó sin título, mientras que el Premio Caja
Madrid fue para Susana Sánchez por El huevo. La autora recibió
la noticia en el hospital tras sufrir un leve accidente en una mano
que le impidió acudir a la entrega del galardón, por
lo que envió a recogerlo a un amigo quien declaró
que la coincidencia en el tiempo de infortunio y dicha ratificarían
a la autora que la vida es una tragicomedia.
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