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Rascar
la herrumbre
NI
SOMBRA DE LO QUE FUIMOS
Autor: EUSEBIO CALONGE
Intérpretes: GASPAR CAMPUZANO, FRANCISCO SÁNCHEZ,
ENRIQUE BUSTOS, FERNANDO HERNÁNDEZ, CARMEN SAMPALO
Iluminación: EUSEBIO CALONGE
Escenografía: PACO DE LA ZARANDA
Dirección: PACO DE LA ZARANDA
Producción: TEATRO LA ZARANDA |
La
compañía jerezana La Zaranda - Teatro Inestable de
Andalucía la Baja celebra durante el mes de noviembre su
25 aniversario y, sabedores que las hemerotecas amarillean, los
premios enmohecen, que del otro lado de la memoria está el
olvido y que el camino se hace al andar, lo hacen con una nueva
producción Ni sombra de lo que fuimos que estrenan
a principios de mes en Granada. Conversamos de todo ello con el
miembro de la compañía Eusebio Calonge en el madrileño
Café Gijón, con una grabadora que no por estar en
medio adquiría protagonismo alguno, y es que como nos advirtió
el autor e iluminador nada más echase la cinta a andar en
las entrevistas uno deja de ser alguien y pasa a ser algo que se
dedica a defender argumentos.
Con motivo de los 25 años de su nacimiento, La Zaranda vuelve
a alumbrar una obra más, su decimotercera, y para ello han
regresado a esa fuente eterna que consideran Teatro para, con su
oficio rudimentario, traer de ella un Carrusel que todavía
da vueltas, aunque como música sólo tenga el crujir
del moho, el rechinar de la herrumbre, como una voz agotada que
hable de soledad y abandono. Ni sombra de lo que fuimos muestra
ese viejo carrusel, entre el sepia del daguerrotipo y lo renegrido
de las intemperies. Y girando en él, en el triste remolino
de la memoria, los destinos: errabundos y levantiscos, anónimos
quijotes de un mundo que se desvanece.
Agua de otra época
Con
las constantes teatrales del compromiso existencial y la fidelidad
a sus raíces tradicionales, con el uso simbólico de
objetos el expresionismo visual, la depuración de textos
y personajes límites como recursos dramáticos y el
proceso de creación colectiva que definen a la compañía,
Calonge asegura que en esta obra han empezado a rescatar mucha de
su propia iconografía, a dar mucho de nosotros mismos.
Dirán que nos repetimos, y aunque hemos acudido a la misma
fuente, el agua que traemos es de otro momento.
Chatarrería de novedades
Sin querer un aniversario que haga las veces de dique en el tiempo
y que marque lo hecho, ya que consideran que las creaciones pasadas
no son más que pequeñas facciones que les siguieron
en el tiempo y que ya les han abandonado, La Zaranda afronta tan
señalada fecha hablando sobre la herrumbre, la que cubre
el Carrusel, pero recordando que tal vez su eje todavía continúe
siendo útil.
Parafraseando a Mairena, heterónimo de Machado, Calonge señala
que hay cosas que por fuera no sirven pero que por dentro
pueden estar buenas. Creo que eso es lo que nos ha pasado con los
términos falsos de la cultura occidental, que han hecho que
el siglo XX sea una chatarrería de novedades. No obstante,
hay cosas rescatables. Esta obra habla del paso del tiempo, de lo
rescatable, de los intentos que no sirven para nada, del eterno
retorno.
El autor resume los veinticinco años de La Zaranda como una
búsqueda del presente, de una verdad teatral, un interés
por el teatro cuando éste desaparece en favor de señalar
un sendero entre el espectador y su alma ya que entiende el arte
no como invención humana, sino como herramienta que el alma
pone a disposición del hombre. Los veinticinco años
me han servido para saber que lo único que me preocupa es
de dónde viene las obras que creamos. ¿A dónde
van? Posiblemente a ningún sitio, nada más que a hacer
algo vivo. Es presencia viva, es encarnación de un arte.
En ese sentido, hemos ganado en libertad.
Coherencia esencial
Calonge reconoce que económicamente han pasado por momentos
duros, ya que su única preocupación ha sido ser fieles
en su búsqueda, lo que les ha permitido no perder lo encontrado.
Preocupados por preservar lo esencial y ser capaces de mirarse cada
mañana en el espejo, un cuarto de siglo no les ha hecho desistir
de su concepción grupal y en esta obra, como en las anteriores,
el ritual ya se ha cumplido en el interno de la nave, para ahora,
salir a predicar por el mundo. Este es un tema que inquietaba
a Kantor y a Grotowski. En nuestra opinión se puede hacer
teatro sin público, como se puede dar misa sin fieles, mientras
se haga algo vivo.
Aunque define al grupo como muchas heterodoxias que apuntan
en una sola dirección, la persecución real de una
verdad teatral, razona el calificativo de inestable que la
compañía lleva por apellido como un paradójico
recordatorio de su compromiso, a sabiendas de que la luz puede dejar
de brillar y que lo que se quiere comunicar a través de ella
se haya sentido traicionado. De otra parte, recuerda el momento
convulso del surgir de la compañía.
Como autor e iluminador, trabajos que considera el mismo en cuanto
a que su objetivo es traer luz de la fuente eterna, Calonge considera
que para que su labor sea teatro ha de estar dispuesto al colectivo,
y es que internamente, La Zaranda, no delimita los quehaceres de
sus miembros. Lo importante es desbaratar todos esos límites.
Creo que en el teatro hay demasiado oficio pero falta vocación,
y sin ella, sólo queda hacerlo bien o hacerlo mal. Nosotros
queremos hacerlo verdad, presente, eterno. La lucha, la tentativa,
sigue siendo hacer visible lo invisible.
Ni sombra de lo que fuimos se estrena en la granadina sala Alhambra
entre los días 31 de octubre y 3 de noviembre, tras lo cual
podrá verse en la Feria de Teatro de Castilla-La Mancha en
Puertollano el día 8 de noviembre.
Reserva de 25 años
Vinagre de Jérez catapultó a La Zaranda a los circuitos
internacionales. Previamente habían empezado a marcar el
camino, y después el camino de ha ido consolidando hasta
lograr una escritura escénica propia e identitaria, una forma,
una cosmogonía singular. De todos, de Juan, de Paco, de Gaspar,
de Eusebio, 25 años de reserva teatral excelente.
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