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Encuentro
de payasos en Cornellá
Joan
Maria Minguet
Desde
el ya lejano 1984 Cornellá de Llobregat, una población
del cinturón industrial de Barcelona, organiza cada dos años
un Festival Internacional de Payasos convocado en memoria de Charlie
Rivel. A partir de aquella primera edición, dirigida por
Jaume Mateu (el excéntrico Tortell Poltrona), el certamen
ha visto pasar por sus escenarios a algunos de los referentes mundiales
de la clownerie: Jango Edwards, Dimitri, Slava Polunin, Leo Bassi,
Pieric, Avner, Pipo Sosman y tantos y tantos otros. Y, aunque no
siempre dejó rastros evidentes en los medios de comunicación,
se ha ido convirtiendo con los años en un punto de encuentro
ineludible para los payasos catalanes y para los estudiosos del
circo.
El Festival de Payasos, celebrado entre el 22 de noviembre y el
1 de diciembre, llegó el año pasado a su décima
edición con un reto acuciante: conseguir superar el proceso
de decaimiento en el que había entrado en sus dos últimas
convocatorias, muy especialmente en la realizada en el año
2000, sobre la que recayeron objeciones muy generalizadas. Conscientes
de este reto, los organizadores del festival encargaron su dirección
a Genís Matabosch, que ya había trabajado parcialmente
en las ediciones de 1998 y 2000, planteando una clara y profunda
regeneración del evento: ampliar los días de celebración,
extender la influencia del festival a Barcelona y otras localidades
catalanas, pulir la selección de los artistas y su ubicación
en los distintos espacios destinados a las actuaciones
También
cabe celebrar que esta última edición haya reinstaurado
las actividades de debate, que en nuestro entorno parecen necesarias
al abordar el mundo del circo o el personaje del payaso. No hay
más que comparar el ritmo de edición de libros sobre
circo que se produce en Francia frente a la escasez absoluta que
se da en nuestros sistemas culturales. En este sentido, hay que
destacar la celebración de un seminario sobre la figura del
payaso que se realizó en el Institut del Teatre de Barcelona
y que contó con la presencia de cuatro importantes especialistas,
los franceses Dominique Mauclair y Dominique Denis, y los italianos
Alessandro Serena y Raffaele de Ritis. Lástima que el curso
no se organizara conjuntamente con alguna universidad catalana,
lo que con toda seguridad hubiese aumentado su muy limitado número
de asistentes. Por otra parte, se ofrecieron unas cuantas exposiciones,
tanto en Cornellá como en Barcelona, entre las que cabe subrayar
una dedicada a Rogelio Rivel, otra a los dibujos rivelianos del
artista Soler-Jové y, sobre todo, una espléndida muestra
sobre la familia de payasos franceses Fratellini, una producción
de la Escuela Nacional de Circo Annie Fratellini que es una absoluta
delicia.
La programación
Las actuaciones se presentaban divididas en varios bloques: la gala
Euroclowns (anunciada como la reunión de los más prestigiosos
payasos de pista) y Clowntemporani (un espectáculo que combinaba
danza y payasos) como producciones propias; dos compañías
rusas inéditas en España; un ciclo de payasos y excéntricos;
payasos de cabaret; y las actuaciones para escolares. En conjunto,
el festival parecía plantear en su programación una
cierta delimitación entre el payaso de pista y el excéntrico
que ha abandonado el circo como único escenario de sus actuaciones.
Sin embargo, tal división resulta poco procedente en lo teórico
y se manifestó errónea a tenor de lo visto durante
su desarrollo.
No parece que el payaso pueda definirse como clásico o contemporáneo
en función del lugar en el que actúa. Así,
el gran triunfador de la gala Euroclowns fue el norteamericano Peter
Schub, el más innovador de los payasos que participaron en
ella a pesar de que su repertorio se sustente en la tradición
mímica y gestual. Por el contrario, cabe lamentar las actuaciones
en esa misma gala de los portugueses Nerys o de las francesas
Soeurs Pillères, con una concepción rancia de lo que
debe ser la comicidad clásica. La programación de
esa gala, que contó con música en directo a cargo
de la orquesta de Carmino dAngelo, se completó, entre
otros, con el dúo Alfredo & Adrénaline y la entrada
del concierto de música clásica, un desaprovechado
Lluís Raluy como único carablanca del evento y los
legendarios payasos italianos Rastelli, una nostálgica mirada
hacia el esplendor del circo.
Aires nuevos
La
otra producción del festival, Clowntemporani, fue un despropósito:
tiempos muertos que se hacían eternos, ningún hilo
argumental o simplemente retórico que uniese
las actuaciones de la compañía de danza francesa Festibal
con la presencia segmentada de los payasos Evgueni Pimonenko (excelente
su caracterización de Pierrot haciendo malabares en equilibrio
sobre los peldaños de una escalera), la Compagnie A&O
y una precipitada entrada de la compañía catalana
Leandre y Claire. Sin duda, las propuestas de una comicidad contemporánea
no deberían sustentarse en la simple acumulación de
números deslavazados.
La gran aportación del certamen fueron las actuaciones de
los grupos rusos Licedeï (con su espectáculo Pokatukha)
y Mikos. Sus propuestas escénicas se fundamentan en la gestualidad,
en el juego con los objetos, en el cuidado poético de los
personajes, en su vestuario y escenografía colorísticos,
en la utilización de la música como motivo dramatúrgico...
Con ellos pudimos comprobar que las fronteras para el payaso pueden
ser inexistentes si se cuenta con dosis de imaginación tan
altas y con un trabajo técnico tan mesurado.
En cuanto al resto de compañías, podríamos
destacar el espectáculo Ha ha ha, del dúo belga Okidok2.
Con unos personajes muy bien construidos cerraron el festival con
la sensación de que, al igual que las compañías
rusas, uno de los horizontes más creíbles del payaso
contemporáneo es el lenguaje de la insinuación y de
la sutileza cómica. También demostró una sensibilidad
encomiable el payaso catalán Alex Navarro que, junto a Caroline
Dream, presentó el espectáculo Niu adventurs, demostrando
un dominio del escenario muy sugerente y la construcción
de una versión mordaz y punzante del payaso para adultos.
O el espectáculo Troumpi-troumpi, del grupo Le sèbre
a pois, dónde un italiano y un argentino dan rienda suelta
a una cascada de carcajadas no exentas de aliento poético.
O, finalmente, también cabe destacar el control técnico
de los gags del grupo francés Dram*Bakus, que presentó
dos espectáculos bajo la influencia de su maestro Jacques
Lecoq.
El festival contenía una programación específica
para los escolares de Cornellá, una parcela no poco comprometida
en la que intervinieron varias compañías. Los más
pequeños disfrutaron con las actuaciones de Germans Totó;
el grupo vasco Gari, Montxo ta Joselontxo, un trío clásico
de payasos de circo con un repertorio de entradas tradicionales;
y Monti & Cia, en una precipitada adecuación para niños
del buen espectáculo que acababan de estrenar en el Teatre
Lliure de Barcelona. Para los estudiantes de ESO actúo el
grupo Yllana con su espectáculo Rock & Clown, ofreciendo
la menos edificante y antipedagógica actuación de
todo el ciclo. Y para los estudiantes de bachillerato actuó
el magnífico grupo Los excéntricos, que recién
concluían su presencia en la cartelera barcelonesa.
Recuperado de los embates de las últimas convocatorias, el
Festival de Payasos de Cornellá debe afrontar, tras esta
décima edición, nuevos retos. Por ejemplo, intensificar
y extender su apuesta por el debate teórico. O cuidar con
más esmero la producción de espectáculos centrados
en el payaso contemporáneo, tal vez confiando su creación
a personas ajenas a la dirección general del festival. O
subsanar la nula presencia de la mujer en el papel de payaso en
la programación de esta edición. En un espléndido
libro editado recientemente en Francia, Avant-garde, cirque!, se
dice que el futuro de la mujer está en la comicidad clownesca,
y las próximas citas en Cornellá podrían corroborarlo
El próximo encuentro será dentro de dos años.
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