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A
LOMBRA DE ROBRENYO
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Felip
Pedrell y LAvara Povertà...
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| FIGURINES
REALIZADOS POR APEL.LES MESTRES PARA EL ESTRENO DE LOS
PIRINEUS EN 1902. |
El
17 de febrero, se estrenó en el Gran Teatre del Liceu, la
ambiciosa y bellísima ópera de Felip Pedrell Los Pirineus.
Se estrenó en italiano, en el mismo teatro, el 4 de enero
de 1902. Por tanto, se ha tenido que esperar 101 años para
que esta obra fundamental de nuestra lírica haya vuelto al
gran escenario de Las Ramblas. Pero ha vuelto en unas condiciones
muy inquietantes. No se ha representado, sino que se interpretó
en versión de concierto. Hay que recordar que el Gran Teatre
del Liceu no eligió una ópera catalana para su reinauguración
después de haber sido destruido por el fuego. Este coliseo,
a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, ha estado de espaldas
a la producción operística de nuestro país.
Pero lo curioso de la situación que el Liceu ha ido creando,
es que, ahora, cuando por fin, después de muchas protestas,
decidió programar una de las obras más importantes
de nuestro repertorio, lo ha hecho en unas condiciones que resultan
absolutamente inaceptables. Esta revisión ha puesto en evidencia
la falta de política cultural de nuestro gobierno.
El Gran Teatre del Liceu, el Teatre Nacional de Catalunya y el Teatre
Lliure son teatros gestionados por grupos de amigos que siempre
son los mismos (como decíamos en nuestro artículo
anterior), y que desprecian nuestra tradición musical y dramatúrgica.
Sólo les interesa la producción que los miembros de
esos grupos generan. Marcel·lí Antúnez, en
El Periódico de Catalunya (20 de febrero), denunciaba, con
gran valentía, los amiguismos que están empequeñeciendo
el panorama teatral y cultural de Catalunya. A pesar del miedo ambiental,
aumentan las voces que se levantan en contra de los privilegiados
que programan los teatros subvencionados de nuestro país.
Pero volvamos a Los Pirineus. Por lo visto, una generosa fundación
americana regaló una instalación de aparatos de subtítulos
que han colocado en cada butaca. En el estreno alguien decidió
que no debía usarse este gran adelanto. La verdad es que
el texto es muy complejo y el catalán de Víctor Balaguer
(el libretista) tiene unos regustos modernistas que lo hacen poco
accesible. Por otro lado, la verdad es que nunca es fácil
entender los libretos de las óperas. El hecho es que el público
fue desertando. En el tercer acto, quedaba poca gente (no tan poca
como han dicho los críticos) y asistimos a un espectáculo
entristecedor. El público barcelonés, que es capaz
de aguantar una obra tan poco atractiva como el Enrique VIII de
Charles-Camille Saint-Saëns, a la hora de enfrentarse a uno
de los grandes valores de su tradición musical, de entrada,
ya se pone de espaldas. La partitura de Felip Pedrell fue una revelación
por su categoría. Grandes especialistas extranjeros, que
vinieron al estreno, quedaron maravillados con ella. No hay que
olvidar que Pedrell fue el gran maestro de Falla, Granados y Albéniz,
e indirectamente de Robert Gerhard. El gran maestro catalán
de origen franco-suizo, nos enseñó a respetar y valorar
a Pedrell, por haber creado la ópera moderna catalana y la
historiografía musical de nuestro país. Hizo una labor
titánica; sin él Higini Anglès no hubiera alcanzado
los niveles de rigor con la rapidez que los logró. A pesar
de todos los valedores citados, los musicólogos y programadores
de teatros catalanes han querido olvidar a Pedrell. Se ha cometido
una injusticia absolutamente inaceptable. Y esa injusticia, y esa
actitud de desprecio hacia los creadores del país se puso
de manifiesto en el acto de la reposición de Los Pirineus.
Viendo lo que sucedió en el estreno, recordamos aquellas
palabras del gran clásico italiano. Pero lo que son las cosas,
o las coincidencias, el día 20 de febrero, en el único
diario que tenemos en catalán (pensado y publicado en catalán),
Avui, el único que hemos logrado en 27 años de llamada
democracia, el gran escritor Joan Perucho, que acaba de ganar el
Premio Nacional de las Letras de manera muy merecida y con demasiado
retraso, recordaba también, a propósito de nuestros
comportamientos colectivos, con gran amargura y lucidez, las palabras
del gran poeta italiano, aquellas que hablan de nuestra avara povertà.
Se quejaba, entre otras cosas (y lo ha hecho además en otros
foros), de que el presidente de su país no le hubiera felicitado
por ese premio tan merecido. Sabemos que se grabaron los dos conciertos;
sabemos que los componentes de los mismos se obligaron por contrato
a, en un día posterior, retocar aquellos momentos que el
director musical no diera aún por buenos. Habrá que
esperar pues la edición en CD de esta ópera fundamental.
Pero, ¿se hará realmente, o quedará sólo
para el archivo del teatro? ¿Se tendrá, al menos,
esta generosidad?
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