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Revista de las Artes Escénicas
Artez 71. Marzo 2003
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    A L’OMBRA DE ROBRENYO

    Felip Pedrell y L’Avara Povertà...

    RICARD SALVAT

     

    FIGURINES REALIZADOS POR APEL.LES MESTRES PARA EL ESTRENO DE ‘LOS PIRINEUS’ EN 1902.

    El 17 de febrero, se estrenó en el Gran Teatre del Liceu, la ambiciosa y bellísima ópera de Felip Pedrell Los Pirineus. Se estrenó en italiano, en el mismo teatro, el 4 de enero de 1902. Por tanto, se ha tenido que esperar 101 años para que esta obra fundamental de nuestra lírica haya vuelto al gran escenario de Las Ramblas. Pero ha vuelto en unas condiciones muy inquietantes. No se ha representado, sino que se interpretó en versión de concierto. Hay que recordar que el Gran Teatre del Liceu no eligió una ópera catalana para su reinauguración después de haber sido destruido por el fuego. Este coliseo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, ha estado de espaldas a la producción operística de nuestro país. Pero lo curioso de la situación que el Liceu ha ido creando, es que, ahora, cuando por fin, después de muchas protestas, decidió programar una de las obras más importantes de nuestro repertorio, lo ha hecho en unas condiciones que resultan absolutamente inaceptables. Esta revisión ha puesto en evidencia la falta de política cultural de nuestro gobierno.
    El Gran Teatre del Liceu, el Teatre Nacional de Catalunya y el Teatre Lliure son teatros gestionados por grupos de amigos que siempre son los mismos (como decíamos en nuestro artículo anterior), y que desprecian nuestra tradición musical y dramatúrgica. Sólo les interesa la producción que los miembros de esos grupos generan. Marcel·lí Antúnez, en El Periódico de Catalunya (20 de febrero), denunciaba, con gran valentía, los amiguismos que están empequeñeciendo el panorama teatral y cultural de Catalunya. A pesar del miedo ambiental, aumentan las voces que se levantan en contra de los privilegiados que programan los teatros subvencionados de nuestro país.
    Pero volvamos a Los Pirineus. Por lo visto, una generosa fundación americana regaló una instalación de aparatos de subtítulos que han colocado en cada butaca. En el estreno alguien decidió que no debía usarse este gran adelanto. La verdad es que el texto es muy complejo y el catalán de Víctor Balaguer (el libretista) tiene unos regustos modernistas que lo hacen poco accesible. Por otro lado, la verdad es que nunca es fácil entender los libretos de las óperas. El hecho es que el público fue desertando. En el tercer acto, quedaba poca gente (no tan poca como han dicho los críticos) y asistimos a un espectáculo entristecedor. El público barcelonés, que es capaz de aguantar una obra tan poco atractiva como el Enrique VIII de Charles-Camille Saint-Saëns, a la hora de enfrentarse a uno de los grandes valores de su tradición musical, de entrada, ya se pone de espaldas. La partitura de Felip Pedrell fue una revelación por su categoría. Grandes especialistas extranjeros, que vinieron al estreno, quedaron maravillados con ella. No hay que olvidar que Pedrell fue el gran maestro de Falla, Granados y Albéniz, e indirectamente de Robert Gerhard. El gran maestro catalán de origen franco-suizo, nos enseñó a respetar y valorar a Pedrell, por haber creado la ópera moderna catalana y la historiografía musical de nuestro país. Hizo una labor titánica; sin él Higini Anglès no hubiera alcanzado los niveles de rigor con la rapidez que los logró. A pesar de todos los valedores citados, los musicólogos y programadores de teatros catalanes han querido olvidar a Pedrell. Se ha cometido una injusticia absolutamente inaceptable. Y esa injusticia, y esa actitud de desprecio hacia los creadores del país se puso de manifiesto en el acto de la reposición de Los Pirineus. Viendo lo que sucedió en el estreno, recordamos aquellas palabras del gran clásico italiano. Pero lo que son las cosas, o las coincidencias, el día 20 de febrero, en el único diario que tenemos en catalán (pensado y publicado en catalán), Avui, el único que hemos logrado en 27 años de llamada democracia, el gran escritor Joan Perucho, que acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras de manera muy merecida y con demasiado retraso, recordaba también, a propósito de nuestros comportamientos colectivos, con gran amargura y lucidez, las palabras del gran poeta italiano, aquellas que hablan de nuestra avara povertà. Se quejaba, entre otras cosas (y lo ha hecho además en otros foros), de que el presidente de su país no le hubiera felicitado por ese premio tan merecido. Sabemos que se grabaron los dos conciertos; sabemos que los componentes de los mismos se obligaron por contrato a, en un día posterior, retocar aquellos momentos que el director musical no diera aún por buenos. Habrá que esperar pues la edición en CD de esta ópera fundamental. Pero, ¿se hará realmente, o quedará sólo para el archivo del teatro? ¿Se tendrá, al menos, esta generosidad?

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