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opinión
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LUZ
NEGRA
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La
sutil brutalidad de Pinter
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POLVO
ERES, LUZ DE LUNA, TIEMPO DE
FIESTA, EL LENGUAJE DE LA MONTAÑA.
HAROLD PINTER. HIRU, 2003. |
Harold
Pinter no se muerde la lengua en sus frecuentes intervenciones públicas;
es más, le gusta ser un provocador. En 1999 definió
la política exterior de los EEUU como: Bésame
el culo o te parto la cara; ha calificado también a
su país, Inglaterra, como una dictadura electiva,
ya que los gobernantes nos quieren hacer creer que vivimos
en una democracia sólo porque se celebran elecciones.
El recorte progresivo de las libertades; el cínico apoyo
occidental a gobiernos dictatoriales amigos; las manipulaciones
de los medios y su control por las grandes corporaciones, que son
las que definen conceptos como Democracia y Liber-tad;
el silencioso advenimiento del fascismo
Pinter se ha mostrado
tan vehemente y contundente en sus opiniones públicas como
sutil en su teatro político, dicho sea, por supuesto, en
su honor, porque él sabe muy bien que la potencia política
de sus obras radica antes que nada en su brillantez poética.
Sin duda es un autor honesto quien a pesar de la radicalidad de
sus opiniones políticas afirma: Conocer el final de
la obra antes de escribir el principio es una gran trampa en la
escritura de obras políticas propiamente dichas. El
dramaturgo inglés y nos recuerda la postura que defiende
aquí Sastre estima que hay que dejar que los personajes
vivan, y que su única responsabilidad como autor es con el
propio texto. Son bien conocidas las opiniones de Pinter acerca
de que es el autor el que ha de seguir a sus personajes, y no a
la inversa; nada más lejano del sermón
que las obras de Pinter, ni las anteriores a su etapa política,
ni las que escribe a partir de los 80. Sus obras siguen siendo sutiles,
misteriosas, evasivas, como todo lo que no se deja apresar en categorias
establecidas, lo que obliga a una implicación más
activa del lector.
Acabo de referirme a una hipotética etapa política
en la obra de Pinter a partir de los 80, pero me parece obvio que
no hay sino una evolución natural de los presupuestos de
su primer teatro. En sus textos anteriores a los 80 El
montacargas, La habitación, Retorno
al hogar, Viejos tiempos, El amante,
Traición
nos presenta Pinter en primer
término la lucha de los individuos por el poder, nos muestra
las sutiles, pero no menos brutales, relaciones de poder que se
establecen en pequeños universos cerrados en los que el lector
experimenta una violencia latente tan etérea como insoportable.
Lo único que hace Pinter a partir de los 80 es dar el paso
de esos ámbitos privados a ámbitos públicos,
y por tanto políticos. Por otra parte, como buen discípulo
de Beckett, Pinter siempre ha abordado el lenguaje como un problema;
la mayor parte de las veces los individuos utilizamos el lenguaje
para ocultarnos, protegernos, mentir, ocultar nuestra realidad,
conseguir poder; entre lo que se dice y lo que se piensa media un
abismo. Y si esto sucede entre las personas, ¿qué
no pasará entre éstas y el poder? Este es el paso
decisivo dado por Pinter: ocuparse del uso que el poder hace del
lenguaje con la intención de disfrazar y ocultar acciones
y mecanismos inconfesables, incluso los más espantosos
crímenes. Pinter es un maestro de las pausas, de los
silencios y de las medias palabras, casi siempre más expresivas
que las propias palabras. Otra de las constantes de su teatro que
Pinter desplaza de lo privado a lo público es la relación
de los personajes con el pasado y la memoria, siempre tan subjetiva
en sus dramas; plantea ahora la necesidad de adquirir la memoria
colectiva de un pasado histórico que sigue actuando en el
presente.
Las cuatro piezas que Hiru nos ofrece se mueven en estas coordenadas
de poesía, sutileza y denuncia de la brutalidad: tortura,
crímenes de estado, represión
Ashes to
ashes (1996) aquí traducido como Polvo
eres es un estremecedor diálogo entre dos personajes,
prodigio de silencios y palabras no dichas; Pinter ha aclarado que
si bien se puede interpretar el texto bajo la clave del nazismo,
él habla de nosotros, de cómo el pasado nos afecta
en el presente. Luz de luna (1993) muestra por dentro
el asfixiante ambiente de una poderosa familia vinculada a la represión;
está cargada además de un demoledor humor. En Tiempo
de fiesta (1991) asistimos a un baile de la alta sociedad
bienpensante mientras poco a poco atisbamos en sus medias palabras
que algo terrible está pasando ahí afuera. En estos
textos siempre hay algo que se nos oculta, siempre se enfoca
a otro sitio, no hay casi nada explícito; nunca nos facilita
Pinter un asidero seguro desde el que interpretar lo que sucede.
Como en la vida misma. El lenguaje de la montaña
(1988) es sin duda la pieza más directa; en ella aborda la
represión y la prohibición de la lengua en el conflicto
entre los kurdos y el estado turco. También aborda este conflicto
con toda su crudeza en La penúltima copa (1984),
pieza que junto a Una Alasca particular(1982), Estación
Victoria (1982) y Celebraciónreunión
de constructores, especuladores y políticos está
actualmente representando la compañía valenciana Moma
Teatre. Así mismo se ha reestrenado el mes pasado en Barcelona
su clásico Traición. Pinter está
pues presente en los escenarios, pero buena prueba de lo miserable
de la edición dramática en el estado español
es que hasta la publicación de este libro y nunca agradeceremos
bastante a Hiru su labor no había nada disponible en
las librerías de uno de los dramaturgos vivos más
grandes. Y no sólo de Pinter, tampoco de los principales
autores británicos: Tom Sttoppard, David Hare
Sólo
un par de peros a la edición de Hiru: la ausencia de dato
alguno sobre el dramaturgo y los americanismos de la traducción
que a veces dificultan la comprensión.
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